TOMAR DECISIONES CON LA VOLUNTAD DE DIOS: 4. ¿CÓMO PUEDO CONSEGUIR SABIDURÍA Y DISCERNIMIENTO?

Practica una buena disciplina personal. El discerni­miento exige entrenamiento diario. Esto implica separar tiempo todos los días para el estudio de la Biblia para aprender a qué sabe la voluntad de Dios; en cuanto a la oración, escuchando cómo suena la voz de Dios y para abrir tu corazón a la Palabra de Dios meditando en ella. También significa constancia en la adoración comunitaria, diligencia en refrenar tu genio, fidelidad en el trabajo, etc. Todas estas disciplinas te entrenarán para actuar correc­tamente en lugar de dejarte llevar por las emociones.

No puedes aprender sobre el espíritu y los detalles de la Biblia leyéndola solo ocasionalmente; tienes que hacerlo a diario si has de alcanzar discernimiento. De otra manera, cualquiera podrá citar un par de versículos para apoyar una doctrina o un curso de acción y no tendrás forma de saber si esa persona los está tergiversando o si la Escritura con­tiene algún otro pasaje que los equilibre.

Practica la disciplina emocional. Las emociones y las intui­ciones son pistas valiosas acerca de lo que ocurre dentro de ti. A Veces apuntan a lo que Dios desea. Préstales atención, pero no actúes según lo que sientes, sino según lo que sabes. Deja que la meditación en las Escrituras y la disciplina de estar quie­to ante el Señor te entrenen para hacer lo que es correcto a pesar de tus sentimientos. Mientras más consistentemente ac­túes bajo presión, distinguirás mejor la voz de Dios de aquella que viene de tus propios sentimientos.



Práctica tomando decisiones sabias.
El discernimiento se consigue con la práctica diaria y el cultivo de la disciplina, el ejercicio del discernimiento y la búsqueda de corrección. “…el alimento sólido es para los que han alcanzado madu­rez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Heb. 5:14).

Busca activamente el discernimiento (Proverbios 2:1-5).

Desconfía saludablemente de tu discernimiento y espe­cialmente de tus sensaciones. A medida que tu discerni­miento crece, menos probable será que estés cien por ciento seguro de que algo es la voluntad de Dios o el mejor curso de acción (Prov. 11:2). Si pudieras confiar absolutamente en tu propio discernimiento no tendrías que confiar en Dios.

Coma en que Dios es mayor que tus errores (pero no abuses de su generosidad). Dios te sacará de un lío en que te hayas metido después de un esfuerzo honesto para obe­decerle. Pero para enseñarte, él podrá hacerte cosechar la pena del lodo en que te has metido por tu descuido. Si estás seguro de estar dentro de su voluntad moral y has hecho tu mejor esfuerzo para emplear la sabiduría, relájate.

Evita los consejeros y los aliados espirituales necios e indisciplinados. Si no puedes discernir sin ejercer disciplina. ¿cómo podrá hacerlo otra persona? No aceptes consejo de alguien indisciplinado en el estudio bíblico, la oración, el tra­bajo, el genio, o en cualquier área. Ser disciplinado no quiere decir que no vas a tropezar, sino que la dirección de tu vida es estable. Si haces negocios o te casas con un indisciplinado, prepárate para la desilusión y las decisiones erróneas.

Nunca confíes en el discernimiento de alguien cuyas palabras causan heridas o confusión en lugar de sa­nidad. Ésta es otra clase de realidad objetiva. Si el conse­jo o la información de alguno una y otra vez te hace peda­zos a ti y a otros, en lugar de edificar y convencer, no con­fíes en esos consejos ni creas tales informaciones (Prov. 11:12; 12:18; 26:24, 25; Mat. 7:15, 16; Stg. 3:13-18).

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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