TOMAR DECISIONES CON LA VOLUNTAD DE DIOS: 3. ¿QUÉ DIRECCIÓN ME HA DADO DIOS PARA AYUDARME A DISCERNIR?

Dios ha provisto para ti ocho áreas de dirección:

? la Biblia,
? los deseos personales,
? las circunstancias,
? el consejo maduro,
? los resultados/la experiencia.
? impresiones internas,
? medios sobrenaturales (sueños, visiones y voces audibles).

Tu trabajo consiste en sopesar los datos que recibes de estas fuentes y extraer de ellos una sabia y piadosa deci­sión. Mientras más importante sea ésta, mayor esfuerzo tendrás que hacer para considerar todos los datos.

El verdadero discernimiento debe estar arraigado en la realidad objetiva de la Biblia. A menudo tenemos sensa­ciones (impresiones interiores) específicas sobre alguna per­sona o curso de acción. Estas pueden ser pistas hacia la verdad, pero nunca actuemos basándonos en ellos exclusiva, mente sin confrontarlos con la realidad objetiva. La primera y más destacada realidad objetiva es la Biblia, la Palabra eterna de Dios (Sal. 119:66; Prov. 2:1,9; 28:7; 2 Tim. 3:16, 17).

Dios jamás te dará una instrucción que contradiga los mandamientos y valores expresados por él en su Palabra eterna. No solo no contradirá ninguna declaración de la Biblia, sino que tampoco lo hará con el espíritu general de la Palabra. Si tus sentimientos están de alguna manera en contradicción con las Escrituras, no proceden de Dios.

El discernimiento debe estar también enraizado en el resto de la realidad objetiva. Además de la Biblia (pero nunca en vez de ella), comprueba las circunstancias:

? hechos y evidencias de la verdad;
? cuidadosa investigación.

Por ejemplo: Si tienes algún mal sentimiento acerca de alguna persona, observa lo que él o ella hace. Si no puedes ver ninguna conducta perversa, haz por el momento tus sentimientos a un lado y trata a la persona como inocente hasta que se pruebe lo contrario. Si sientes que debes mudarte a otro pueblo, busca las razones concretas y objetivas por las que Dios pudiera desear que lo hicieras. Al escoger un trabajo, una casa, o una universidad, inves­tiga mucho. Entonces escribe en un papel los pro y los contra de cada opción (Luc. 14:28-32).

Evalúa las circunstancias con sabiduría. Esto es, con sentido común y considerando la experiencia propia y de otros en áreas semejantes. “La sabiduría es el poder para ver y la inclinación para escoger la mejor y más alta meta junto con los medios más seguros para conseguirla”2. La sabiduría de Dios está dirigida hacia metas como la glorifi­cación de Dios, el establecimiento de su reino y hacer que tú y otros se hagan más semejantes a Cristo. Así, en ocasiones la sabiduría de Dios puede contradecir la de los hombres que promueven el bienestar, el éxito y conseguir la aceptación de los demás. La Biblia es tu guía hacia las metas celestiales y lo medios legales.

Ora con reverencia, humildad y fe para conseguir sa­biduría y dirección. Dios promete dar sabiduría a aque­llos que oran y tienen actitudes de reverencia, humildad y fe (Prov. 9:10; 11:2; Stg. 1:5-8). Con su soberana volun­tad, él puede anular todas tus selecciones (Stg. 4:13-16), y su necedad es más sabia que la sabiduría humana (1 Cor. 1:18-2:10). Así que no te vanaglories de tu intelecto, tus sensaciones internas o tus planes.

Busca y acepta la corrección.

¿Quién está consciente de sus propios errores? (Sal. 19:12).

Al necio le parece bien lo que emprende, pero el sabio atiende al consejo (Prov. 12:15).

Pregunta a personas con una visión espiritual madura si co­nocen algún principio bíblico que se refiera a tu decisión o a lo que piensas que Dios te está diciendo. Consulta con per­sonas que tengan una experiencia personal destacada si han aprendido algo que pueda ser de valor para tu decisión3.

Ten en cuenta los deseos personales. Si tus deseos apoyan las metas de amar a otros y glorificar a Dios y no están en conflicto con los deseos de Dios, entonces son una buena guía. Es sabio comer lo que te gusta, casarte con la persona que amas, hacer el trabajo que te agrada. Solo confróntalos con las normas bíblicas.

Ten cuidado con las impresiones internas. Algunos cris­tianos piensan que las impresiones internas pueden ser la voz de Dios, en tanto que otros no lo consideran así. Sin embargo, todos concuerdan en que las impresiones internas pueden también proceder de Satanás, la carne, la inmadurez, las emociones, el estrés, el insomnio, etc. Así que, las im­presiones internas deben siempre verificarse con la Biblia, el consejo sabio y la cuidadosa evaluación de la realidad objeti­va. Si Dios quiere darte una instrucción especial que parece objetivamente necia (tal como le pidió a Noé construir un barco inmenso a kilómetros del mar), él lo hará lo suficien­temente claro con sus medios sobrenaturales y probable­mente lo confirme de varias maneras. Él nunca te dará alguna instrucción especial que viole su Palabra eterna.

Ten cuidado con las revelaciones sobrenaturales.

Satanás y tu psiquis pueden fabricar sueños, visiones y voces audibles. Asegúrate siempre de que éstas estén to­talmente de acuerdo con la Biblia y busca consejo sabio.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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