TOMAR DECISIONES MORALES: 1. ¿QUÉ ES BUENO Y QUÉ ES MALO?

angle diablo discernimiento gente doble pensar¿CÓMO PUEDO DECIDIR SOBRE LO QUE ES BUENO Y LO QUE ES MALO? En Romanos 14:1-15:3 y 1 Corintios 8:1-11:1 encontramos algunas guías importantes.

Aprende a distinguir entre los temas de mandamiento y ¡os temas de libertad.1

La Biblia dice que algunas cosas son correctas en todos los casos: amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fideli­dad, gentileza, autocontrol, veracidad, compasión, perdón, santidad, gratitud, buena mayordomía de los recursos, etc.

La Biblia dice que algunas cosas son malas en todos los casos: sexo fuera del matrimonio, lujuria, libertinaje, ido­latría, brujería, odio, discordia, celos, ira, ambición egoísta. disensiones, facciones, envidia, borrachera, avaricia, obsce­nidad, palabras vanas, chistes groseros, codicia, difama­ción, malicia, engaño, etc.

Hay cosas que la Biblia no menciona explícitamente:

Son “cuestiones de opinión” (Rom. 14:1-7; 1 Cor. 10:23, 24) incluyen la asistencia al cine, mirar la televisión, tra­bajar los domingos, nadar juntos hombres y mujeres, el beso entre parejas no casadas, el uso de maquillaje, jugar por recreación, etc.

En cuestiones de opinión, fórmate tus convicciones.

¡Tú eres quien tendrá que dar cuenta a Dios de tus deci­siones! Así que pregúntate:

  • ¿Hay algo malo con esta actividad? (¿Me conducirá a cometer algún pecado mencionado en la Biblia?)
  • ¿Me es de alguna manera beneficioso?
  • ¿Edificará espiritualmente a alguien?
  • ¿Me complace a expensas de alguien?
  • ¿Puedo dar gracias a Dios por ello?
  • ¿Glorificará a Dios?
  • ¿Vale la pena imitarlo?
  • ¿Sigue el ejemplo de Cristo?

Necesitas conocer tus límites. Algún sitio o actividad puede ser una tentación para alguien, pero a otro puede no afectarlo en absoluto. Sé honesto contigo mismo.

Las actividades beneficiosas y edificantes incluyen la recreación para restaurar tus capacidades de servicio a Dios. También puedes asistir a alguna actividad para mos­trar amor por un no cristiano que te ha invitado (ver pp. 110, 159). En tanto que una actividad no te tiente a pecar (conoce tus límites) y pueda ser una oportunidad para hacer amistad con un incrédulo, puede ser correcto parti­cipar en ella. Por esta misma razón, Cristo asistió a fiestas con pecadores (Mat. 9:10-13; 11:19).

Obedece a tu conciencia. Si por algún momento crees en tu corazón o conciencia que algo es pecado, para ti lo es (Rom. 14:23). Ir contra tu conciencia (aun si no está bien informa­da) es escoger rebelarte contra Dios. Puede llegar a ser “el primer paso cuesta abajo de la libertad al libertinaje”2 y apren­derás a ignorar tu conciencia. Así que no permitas que nadie te presione a hacer algo que consideras malo.

Concede a los demás cristianos la misma libertad de elección. Aunque los cristianos difieren en sus opiniones y convicciones, debemos mantener la aceptación y la unidad en las relaciones. No menosprecies a otro creyente porque hace algo que tú consideras erróneo o que se abstiene de algo que consideras permitido. Los juicios “legalistas” y/o los “liberales” son incorrectos. Amonesta con amor al cristiano que practique alguno de los vicios mencionados en las Escrituras, disciplinándolo por la iglesia si fuera necesario, pero deja que Dios se ocupe de los asuntos de opinión.

Deja que el amor limite tu libertad. El apóstol Pablo des­cribe al “hermano débil”, quien observa que haces algo que considera malo y es entonces tentado a imitarte violando su propia conciencia. Es una persona débil en sus convicciones, conocimiento bíblico, conciencia y voluntad; no está asido firmemente de lo que bíblicamente es bueno o malo y fácil­mente se deja llevar por los demás. Cuando un hermano más débil pueda ser tentado a pecar contra su conciencia, debes restringir voluntariamente tu libertad, aun si piensas que él no estaría pecando realmente contra Dios al imitar tu acción. Si lo cree pecado, para él lo es (Rom. 14:23).

Los fariseos no tienen que limitar tu libertad. Amar no significa que tengas que limitar tu libertad siempre que alguno se queje. Jesús no lo hizo cuando los fariseos se quejaban. Un fariseo es alguien que tiene fuertes convic­ciones, no es tentado a pecar contra su conciencia y se ofende cuando no te conformas a su punto de vista.

Rechaza ceder a sus presiones. Jesús no corría el riesgo de tentarlos y su interés principal era amar y sanar a los que estaban esclavizados, y la conformidad con ellos hubiera entorpecido su ministerio. Pablo se opuso a las reglas no bíblicas porque confundían a los nuevos creyen­tes haciéndolos pensar que eran necesarias para ser cris­tiano, comprometiendo así al evangelio.

Explícate con gracia cuando cuestionen tus convicciones.

Persigue la paz y el bien del fariseo. Si rechaza tus esfuerzos, déjalo tranquilo.

Aconseja a otros en la iglesia a evitar el fariseísmo, pero no muerdas a ningún fariseo en particular. Si algún fariseo comienza a dañar a otros o a deshonrar al Señor, confróntalo privadamente en amor sin asumir una postu­ra de superioridad.

Aplica la disciplina de la Iglesia (Mat. 18:15-20) si la amonestación privada no consigue ayudar.3

Si no estás seguro de si alguien es un fariseo o si es un hermano más débil, trátalo como si fuera lo segundo y limita tu libertad.

Mira a Cristo quien te moldea y te capacita para el servicio. Limitar tu libertad por causa de otros y evitar enfadarte con los que te califican de legalista o liberal, es ir contra la corriente. Así que sumérgete en el ejemplo de Cristo y en su poder. Al seguir a Jesús, Pablo se propuso actuar en toda circunstancia de modo que Cristo fuera glorificado (1 Cor. 9:19-22). Si ello significaba abstener. se, se abstenía; si significaba participar, participaba. El pe­cado nunca hace atractivo a Cristo para los incrédulos; así que, por encima de todo, evitaba pecar.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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