“Tú, señor”

Tú que estás por encima de nosotros,
Tú que eres uno de nosotros,
Tú que estás también en nosotros,
haz que el mundo te vea también en mí
y que yo te prepare el camino.
Que te agradezca todo lo que ocurre,
que no olvide la miseria de los demás.
Guárdame en tu amor,
como quieres que los demás permanezcan en el mío.
Que todo lo que forma parte de mi ser
sirva para tu alabanza
y que no desespere jamás.
Porque yo estoy en tu mano
y en ti está toda fuerza y toda bondad.
Dame un corazón puro para que te vea,
un espíritu humilde para que te escuche,
el espíritu de amor para que te sirva,
el espíritu de fe para que permanezca en ti.
Tú, a quien no conozco,
pero a quien pertenezco.

Dag Hammarskjold

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