EL TRABAJO Y DESCANSO 5. PECADO EN MI LUGAR DE TRABAJO

LUGAR DE TRABAJO

¿CÓMO DEBO TRATAR CON EL PECADO QUE ENCUENTRO EN MI LUGAR DE TRABAJO?

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Tú no puedes erradicarlo ni escaparte de él. “No te maravilles” (Ecl. 5:8), al ver el mal funcionando. Cristo murió para salvar y transformar a los trabajadores, pero hasta que venga de nuevo, las personas y los sistemas seguirán corruptos y el trabajo seguirá siendo vanidad. No te escapes hacia una empresa cristiana, Dios quiere que seas su testigo en medio de un mundo pecador; y las organizaciones cristianas también están compuestas de pecadores. En vez de huir, pide la sabiduría y la com­pasión que necesitas para vivir en un mundo imperfecto.

Puedes dejar que Cristo te transforme a ti, un traba­jador. puedes permitir que Cristo restaure tu relación con Dios, transforme tu carácter en uno que refleje su in­tegridad y su amor y convierta tu forma de trabajar en una que revele que verdaderamente le sirves.

Esclavos, obedezcan en todo a sus amos terrenales, no solo cuando ellos los estén mirando, como si ustedes quisieran ganarse el favor humano, sino con integridad de corazón y por respeto al Señor. Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sir­ven a Cristo el Señor (Col. 3:22-24).
Pablo dirigió estas palabras a personas que realizaban a diario trabajos humildes, a menudo desagradables y que no tenían manera de librarse de los amos crueles. También dirigió palabras a los señores (y otros supervisores):

Amos, proporcionen a sus esclavos lo que es justo y equitativo, conscientes de que ustedes también tienen un Amo en el cielo (Col. 4:1).

Cristo es tu Jefe. Trabaja para complacerlo y siente su satisfacción cuando lo haces.

“Aborrezcan el mal; aférrense al bien… No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien” (Rom. 12:9, 21). Esto no significa que tenemos que con­vertirnos en policías morales, señalando las faltas de todos. Más bien, podemos vencer el mal haciendo el mejor trabajo posible, resistiendo la tentación a desespe­rarnos y de juzgar a los demás, y confiando en que Dios se ocupa de los malhechores.

Dios es soberano. Aunque alguna situación pueda quedar fuera de tu control, nunca estará fuera del control de Dios. Él es todopoderoso y amante; algún día él erradicará el mal del mundo. Hasta entonces, aunque nos sintamos desprote­gidos y confundidos por lo que Dios permite, podemos orar. Jesús nos exhorta a orar y a no descorazonarnos (Luc. 18:1­8), sabiendo que Dios tendrá en consideración nuestras ora­ciones confiadas y persistentes (ver petición e intercesión).

Si en tu empresa hay otros cristianos, pueden intentar reunirse cada semana, no para charlar, sino para orar.

Dios utiliza el mal.

Hermanos míos, considérense muy dichosos cuan­do tengan que enfrentarse con diversas pruebas, es ya saben que la prueba de su fe produce cons­tancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada (Stg. 1:2-4).

Los que sobreviven en la jungla del trabajo, lo consiguen porque permiten que Dios la use para transformarlos.

Si eres llamado para ello, debes actuar sobre lo mal hecho. Debes distinguir entre la participación directa en el mal y la indirecta. Un comerciante no puede evitar vender­le a quien haya conseguido su dinero por medio de críme­nes o a alguien que hará alguna fechoría con la fuerza con­seguida con los alimentos comprados. Pero sí eres respon­sable de actuar para corregir el mal cuando tu empleo te exija la participación directa en algo que consideras inco­rrecto. Mentirle a un cliente, defraudar al gobierno, robar­le a un proveedor o ignorar las leyes que controlan el nego­cio, son violaciones a las Escrituras, y debes negarte a hacer tales cosas.

Debes actuar si tu conciencia es violentada. Tómate el tiempo necesario para tomar tus decisiones morales siem­pre que tu conciencia te dé una señal de alarma. Busca una sólida base en las Escrituras para tu decisión y da los pasos necesarios para evitar el mal y promover el bien.

Debes actuar cuando puedas acabar con o evitar un mal. Puedes tener más influencia de la que piensas. Busca y ora por los aspectos en que puedes hacer la diferencia.

Debes actuar cuando personas inocentes puedan ser afectadas por el mal.

Si te es posible, acude a la fuente. Habla con la persona que parece ser causante del problema. No le cites la Biblia si no es creyente; en su lugar, apela a las categorías gene­rales de moralidad y justicia. Si la causa es una condición y no una persona, acude a quien tenga el poder para hacer algo para eliminar el mal. Sugiérele lo que pudiera hacerse y no adoptes una actitud de condenación; más bien pre­gunta, muestra los hechos importantes, desafía a las per­sonas a actuar correctamente y, al menos, saca a relucir la cuestión de la integridad.

Entra en la batalla en el sitio donde consideres que puedes ser más efectivo. Utiliza las habilidades, la per­sonalidad, los recursos y las relaciones que Dios te ha dado. Puede que tú mismo no tengas poder suficiente, pero puedes ser la clase de persona a quien las partes en conflicto toman en serio. Quizás seas la única persona con el valor para decir lo que nadie más se atrevería, o para solidarizarse con quien tiene que enfrentar una situación crítica o tomar una decisión difícil.

Busca ganancias justas, limitadas. Puede que no seas capaz de cambiar totalmente la política de una industria, pero sí pudieras serlo para encontrar una alternativa inte­ligente para tu empresa. Sé creativo en la búsqueda de op­ciones que sean más éticas y, al mismo tiempo, productivas.

Espera resultados positivos, pero también algunos negativos. Considera el costo, el riesgo pudiera no ser muy grande. Pero si el asunto es verdaderamente impor­tante, arriésgate.

Si fuera necesario, ríndete. Rendirse debe ser la última op­ción, pues Dios valora la perseverancia. Sin embargo, porque él también valora la integridad, puede ser que tengas que abandonar algún asunto si permanecer en él exige que par­ticipes directamente del mal. En ese caso, confía en el cuida­do de Dios hacia ti y tu familia, a causa de tu obediencia.

Sobre nosotros enabundancia

Aquí publicamos Estudios Bíblicos, Reflexiones Cristianas con el propósito de ayudar a toda la comunidad Cristiana para que juntos llevemos el mensaje de Dios a las naciones con más amplitud y efectividad el Evangelio del Reino.

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