Oración De Guerra Para Las Amas De Casa

Padre, gracias por enseñarles a mis manos a hacer la guerra.

Gracias porque toda mi familia es salva y está cubierta con la sangre de Jesús. Como sierva del Señor, te presento mi cuerpo como sacrificio vivo, santo y aceptable, que es mi culto racional a ti. Gracias porque la unción de Jael es fuerte sobre mi vida. La misma unción que estuvo sobre Rut como mujer virtuosa de Dios está sobre mi vida. Me baso en el legado espiritual de la mujer de Proverbios 31. Este legado dice que soy una mujer de guerra. Soy una mujer acaudalada, de fortuna y riquezas, y una fuerza para ser tenida en cuenta, porque mi fortaleza está en mi Dios.

No tendré miedo de los enemigos que cruzan el umbral de mi casa. Doy la bienvenida a cada desafío que se ha manifestado en mi familia para que pueda ser convenientemente tratado. Los espíritus ya no se quedarán alrededor de mi casa o sobre mi cabeza. ¡Mi familia es efectivamente libre! No tengo temor de enfrentar los secretos ocultos y enemigos que me asechan. Poseo una estaca y un martillo en el espíritu, y el enemigo será muerto en mi casa. No hay posibilidad de transigir entre mis enemigos y yo. Expulsé de mi casa al espíritu acomodaticio.

Cuando el enemigo entra en mi casa, lo cubro con el manto de la sangre de Jesús para prepararlo para la destrucción. Cada enemigo de mi familia será juzgado y destruido. El espíritu de Débora en mi vida ya lo ha declarado. Los ángeles están alineados sobre mi situación, y ya tengo la victoria. Cuando el enemigo me pida agua, le daré leche. Cuando el enemigo me pida que dé falso testimonio, hablaré la verdad. Estoy ungida para matar a mi enemigo sin hacer ruido. Como manda 2 Corintios 10, estoy lista para castigar cada espíritu insubordinado que quiera exaltarse por sobre el conocimiento de mi Dios. Estoy firme ante mi Dios con un clavo en una mano y un martillo en la otra. Estoy firme bajo la autoridad apostólica de mi liderazgo espiritual y mi esposo. (Damas solas, Jesús es su esposo.)

Ato el poder de cada Sísera que trate de esconderse en mi casa. Mi confesión es que cada intruso está sujeto a la autoridad que Jesús me ha dado sobre su cabeza. Renuncio a cada espíritu que está asignado territorialmente a mí como mujer. Del espíritu de Atalía al espíritu de Vasti, renuncio a su misma presencia.

Renuncio al residuo del cráneo, las manos y los pies de Jezabel, y digo que todas las puertas para la manipulación y el control están cerradas en mi vida. Tengo autoridad en mis manos (yawd) para aplastar al enemigo y su simiente (zera). Me baso en la unción de la enemistad que Dios ha puesto en mí.

Soy una mujer de Dios lista para el combate, y mi espíritu está en alerta contra las artimañas del diablo. Cada flecha de día y terror nocturno debe someterse a la autoridad de Jesucristo.

Soy llamada a hablar en nuevas lenguas, echar fuera demonios, colocar mis manos sobre los enfermos y tomar en mis manos serpientes y pisoteadas. Pisotear serpientes abre un sendero para que los dones del Espíritu fluyan libremente en la tierra para que el reino de Dios pueda venir. Padre, ¡declaro que ese reino ha venido y que tu voluntad será hecha! En cuanto a mí y mi casa, serviremos al Señor. Gracias por enseñarme que mis manos hacen guerra.

Amén.

 

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