Oración de confesión del ministro

Padre, en el nombre de Jesús, presento mi cuerpo a ti como un sacrificio vivo, santo y agradable como culto racional a ti.

Como líder en el reino de Dios, tomo seriamente mi cargo para representarte a ti, al reino y a tu pueblo en todo tiempo. Me comprometo a vivir un estilo de vida de fuego santo que me separe de todo lo impuro. Señor, gracias por darme un corazón limpio y renovar en mí un espíritu recto.

Abre camino en mi corazón y en mi espíritu para que pueda oírte con claridad. Que mi oído sea santo para que pueda guiar a tu pueblo según tu voluntad y tu corazón. Ayúdame a discernir tus sazones y tus tiempos para que pueda conocer el latido de tu corazón. Que venga tu reino y sea hecha tu voluntad para que tu iglesia avance y siga la guía del Espíritu Santo.

Padre, prepara mi corazón y mi mente para que no me incline a mi propio entendimiento sino que te reconozca en todos mis caminos. Dame una unción fresca cada día. Mientras me pongo toda la armadura de Dios, decreto que ninguna arma prosperará contra mi familia, mi ministerio, mi ciudad, mi país o contra mí. Hazme saber las profundas revelaciones del reino para que yo pueda ser un reparador de brechas por medio de la guerra espiritual, la intercesión y la oración. Equípame para destruir la actividad del segundo cielo y todas las obras de las tinieblas.

Las puertas del infierno no prevalecerán, pues soy un devoto guardián. Guardaré las vigilias del Señor y protegeré la santidad de la visión del Señor.

Me comprometo a instruir a tu pueblo para construir muros de oración. El enemigo no puede penetrar, derribar ni destruir el cerco de oración del Espíritu Santo. Renuncio al espíritu de “perro que no ladra”. Sonaré la alarma en Sion cuando se acerquen los problemas. Oro que todos los líderes puedan unirse y soltar un solo sonido en el Espíritu.

Declaro que no hay división, luchas, envidia, celos, contención o dureza de corazón entre tu consejo de ancianos espiritual. Estamos sanamente juntos y unidos, y proveyendo cada parte necesaria para el perfeccionamiento de los santos. Esta unidad de fe está desatando confusión en el campo del enemigo. Está destruyendo toda tarea diabólica, toda estrategia oculta maligna y todo plan malvado. Las trampas y cepos preparados para tus ovejas son desarraigados por la unción profética de Jeremías.

Padre, dame ojos espirituales para que yo pueda saber cómo navegar y maniobrar en las cosas del Espíritu. Permite que la cortina de humo del Espíritu Santo me esconda de mis enemigos para que pueda hacer la obra del Señor, sin atraer la atención. Dios, si puedes usar cualquier cosa, ¡úsame a mí! Gracias por permitirme ser un administrador de la unción.

Renuncio a todo espíritu que intentaba cegar mi mente para que pensara que las grandes cosas que hago son por mí mismo.

Menguo para que el Espíritu Santo pueda crecer en mi vida. Soy un siervo del Dios Altísimo, y rindo toda mi lealtad a Jesús. No hay lugar para transigir en mi vida. Entrego mi vida hasta la muerte.

De mis entrañas fluyen ríos de agua viva. Las declaraciones, los decretos y las proclamaciones que fluyen de mis labios serán establecidos en la vida de cada persona, lugar y cosa que toquen.

Me afirmo en la justicia de Cristo, porque mi justicia es como trapos de inmundicia.
Señor, adiestra mis manos para la batalla, pues tú eres Dios de guerra. En ti no hay derrota. Demando de antemano toda victoria. Jesús, tú eres mi ayudador, y te agradezco porque no seré engañado, desviado o apartado de la verdad de tu Palabra.

La sangre de Cristo me protege y me guarda en todos mis caminos para que mis pies no resbalen. Y si caigo, el justo caerá siete veces y siete veces se levantará.

Permite que el amor de Cristo brille desde mi alma para que los hombres se acerquen a Jesús. Ayúdame a amar a todas las personas y no mostrar parcialidad por causa de raza, género, estatus financiero, posición política o apariencia. Me comprometo a servir a tu pueblo y alimentar a tus ovejas. Aleja de mí la altivez, el orgullo y la arrogancia. Al humillarme bajo tu poderosa mano, oh Dios, tú prometiste exaltarme a su debido tiempo. Que toda perversión, idolatría, codicia, avaricia y otros pecados del sacerdocio se alejen de mí.

Las palabras ociosas no fluirán de mi boca por la murmuración para causar escándalo, vergüenza, calumnia, difamación o bochorno, sino que mi boca será llenada con palabras que levantan y edifican. Sabré cuándo y cómo inquietar a Israel por medio de la corrección y la reprensión a la orden del Señor, sin hacer acepción de personas o sin temor del hombre. Soy un sacerdote Sadoc, y enseñaré al pueblo la diferencia entre lo santo y lo mundano. Temo tener relación con la gente sin tener relación con Dios. Mi ministerio está bajo un cielo abierto. Que las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón sean agradables delante de ti. Señor, tú eres mi fortaleza y mi redentor.

Amén

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