Mi Vida Nueva En Abundancia
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Juan 12:46

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Un destino de santidad

"Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo", 1 Pedro 1:16

Debemos recordarnos continuamente cuál es el propósito de la vida. No fuimos destinados a ser santos y felices sino santos. En la actualidad tenemos demasiados deseos e intereses que consumen y malgastan nuestras vidas. Muchos de ellos pueden ser correctos, buenos y nobles y algún día se cumplirán, pero mientras tanto Dios tiene que atrofiarlos. Lo único verdaderamente importante es que el ser humano acepte a Dios y que Él lo santifique. Cueste lo que costare, cada persona debe tener una relación correcta con Dios.

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Mi gozo... el gozo de ustedes

"Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea completo", Juan 15:11

¿Cuál fue el gozo que experimentó Jesús? El gozo no debe confundirse con la felicidad. De hecho, insultamos a Jesucristo cuando empleamos la palabra felicidad para referirnos a nuestra relación con Él. El gozo de Jesús fue su absoluta rendición y el sacrificio personal por su Padre, el gozo de obedecerlo. "El cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz", Hebreos 12:2; "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado", Salmo 40:8. Jesús oró para que nuestro gozo continúe cumpliéndose hasta que sea como el suyo. ¿He permitido que Jesucristo ponga su gozo en mí?

Vivir una vida plena y rebosante no depende de la salud física ni de las circunstancias. Ni siquiera depende de que veamos el éxito en la obra de Dios, sino que está determinada por nuestro perfecto entendimiento de Él y por nuestra comunión con Él, como la que Jesús tuvo con el Padre. Pero, lo primero que obstaculiza este gozo es la sutil irritación que surge al pensar demasiado en nuestras circunstancias. Jesús dijo: "Pero las preocupaciones del mundo... ahogan la palabra y se vuelve estéril", Marcos 4:19, LBLA. Antes de que nos demos cuenta, ya estamos envueltos en los afanes. Todo lo que Dios ha hecho por nosotros es apenas el comienzo. Él quiere que lleguemos al punto de ser sus testigos y que proclamemos quién es Jesús.

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PARA ALCANZAR LA FE

Señor Jesús:
No te quiero como te mereces,
ni siquiera tengo ganas
de quererte como te mereces.
Me aburro contigo y en tu Iglesia.
Tal vez yo no tenga fe
sino solamente costumbre de creer.
Tú que puedes abrir todas las puertas
y soplar con fuerza sobre los cobardes
para lanzarlos a la aventura de la fe,
haz que yo pueda creer,
haz que yo pueda amar.
Si tienes ganas de que crea en Ti,
regálame la fe.
Si tienes deseos de que te ame,
concédeme el amor.
Yo te doy lo único que tengo:
mi debilidad, mi pobreza radical.
Y esta ternura que me atormenta.
Y esta desesperación.
Y esta vergüenza de no poder seguirte.
Despójame de mi egoísmo
y muéstrate victorioso
como Señor de mi vida.

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Por las personas que cuidan a los enfermos

Señor: Me has escogido
para curar y cuidar a los enfermos.
Quiero ser, como Tú,
acogedor con todos,
en especial con los más desvalidos,
sensible ante sus sufrimientos,
paciente con sus limitaciones
y liberador de sus miedos.
Cura, Señor, mis dolencias,
acepta mis limitaciones,
alivia mis cansancios
y fortalece mi debilidad.
Ayúdame a ser un buen profesional,
competente en mi trabajo,
humano y servicial.
¡Bendice a los enfermos,
y bendice a todas las personas
que cuidan a los enfermos!

Amén.

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