MOMENTOS DE QUIETUD: 2. ¿QUÉ DEBO HACER EN MI MOMENTO DE QUIETUD?

Comienza con las actitudes adecuadas.

Espera ser gloriosamente enriquecido por el tiempo pasado con el Rey del universo, tu Padre amante. Acércate a él reverentemente, sin prisas: tómate el tiempo necesario para aquietarte.

Está atento. Despiértate completamente. Duerme lo suficiente de manera que puedas concentrarte. Comprométete a obedecer lo que Dios te diga, no importa lo que sea.

Selecciona un lugar donde puedas estar solo. Si te cuesta concentrarte, necesitas estar en una habitación ce­rrada. Si estás en un salón muy lleno puedes mover tu asien­to hacia la pared. Haz lo que sea necesario para encontrar un sitio donde puedas concentrarte para escuchar a Dios.

Escoge un momento cuando puedas estar atento. El primer momento de la mañana es una buena ocasión por­que permite que el momento de quietud establezca el tono para tu día. Sin embargo, si estás medio dormido o frenético por la mañana pero atento y tranquilo al me­diodía, planea el momento quieto con Dios cuando puedas prestarle la mayor atención. Asegúrate de que ningún im­previsto lo estropee. Haz un compromiso con Dios para que durante las próximas seis semanas nada tenga priori­dad sobre tu momento quieto con él.

Comprométete a ir a la cama a la hora adecuada para asegurarte de descansar lo suficiente y así estar totalmente atento a Dios. Si has determinado que tu tiempo con Dios tiene la prioridad sobre el que pasas con amigos o mirando la televisión, seguramente podrás conseguirlo.

Establece la cantidad de tiempo semanal que puedas dedicarle. La constancia es crucial aun si al principio solo puedes dedicarle diez minutos.

Encuentra el equilibrio entre la estructura y la flexi­bilidad. No existe un modelo único para el momento de quietud. Un poco de estructuración ayudará a aprovechar el tiempo, mientras que la variedad evitará el aburrimiento.

Divide el tiempo en porciones iguales de lectura bíbli­ca y oración; sin embargo, habrá días en los que tengas tanta necesidad de orar que sin duda invertirás más tiem­po en ello. Y en otros, Dios te hablará tan claramente en las Escrituras que no querrás dejarlas. De todas maneras, debes establecer alguna clase de equilibrio.

Fundamenta tu oración en la Palabra y satura tu lec­tura bíblica con oración. Por ejemplo: antes de leer, pí­dele a Dios que te capacite para entender lo que está escri­to y escucha lo que él quiera decirte. Mientras lees, escu­cha lo que se va revelando acerca de Dios y cómo se apli­ca a tu vida. Al terminar, alaba a Dios por lo que has leído acerca de él y agradécele lo que ha hecho, pídele la gracia de poder cumplir lo que el pasaje indica e invítalo a que lo haga real en tu vida y en las de los demás. Usa el pasaje como base para tus peticiones, intercesión y alabanza.

Escribe. Marca tu Biblia o escribe notas al leer. Una ma­nera sencilla de hacerlo es seleccionar una verdad y concentrarte en ella durante el día. Escríbela o subráyala como base para tu tiempo de oración.

Muchos encuentran de utilidad hacer una lista con los asuntos o las personas por los que han de orar. A medida que las oraciones sean contestadas, puedes marcarlas en la lista para recordar el ardiente deseo de Dios por res­ponder las oraciones. Una lista puede ser muy valiosa, pero debes reorganizarla o dejarla de lado por un tiempo si se convierte en una carga.

Sé disciplinado. El diablo se aparecerá con docenas de, excusas para evitar que tengas tu tiempo de encuentro con Dios, para conseguir de su poder y obedecerle. Satanás te z convencerá de que estás muy cansado, o que existe alguna emergencia que debes atender, o tu mente se puede dis­traer en algún asunto importante; si lo dejas, te manten­drá despierto hasta muy tarde en la noche. Diariamente debes pedirle a Dios fuerzas para resistir las distracciones, descansar lo suficiente y acudir a tu cita con él.

Algunos planes sencillos. 1

Plan A

  • Permanece tranquilo un momento ante Dios (Sal. 46:10).
  • Pídele a Dios que limpie tu corazón y guíe tu tiempo (Sal. 119:18; 139:23, 24).
  • Lee lentamente, varias veces, una porción de la Biblia y por lo menos una vez en voz alta. (Esta sección debe ser la siguiente en tu plan sistemático para leer toda la Biblia.) Medita en el pasaje y escoge un versículo para memorizar.
  • Escribe lo que Dios te ha mostrado.
  • Alaba por un momento a Dios por quien él es.
  • Cuéntale sobre algún pecado con el que estés luchando
  • y pídele el poder para abandonarlo. Pregúntale qué de­bes hacer.
  • Ora por las necesidades que tienes en tu lista.
  • Entrégate y entrégale tu día al Señor.

Plan B

  • Ora brevemente por tu momento de quietud, pídele a
  • Dios que te ilumine y conduzca. Recuérdale que tu meta es encontrarte con él y conocerlo mejor.
  • Alaba a Dios. Usa 1 Crónicas 29:11, 12 como base.
  • Lee un capítulo o más y escoge un versículo favorito.
  • Utiliza las ideas en tu versículo favorito como punto de par­tida en la oración por cada uno de los elementos en tu lista.
  • Dedica tu día al Señor y ora por algunos de sus detalles.
  • Concluye con una acción de gracias.

Plan C

  • Lee el Salmo 143:8-10 como una oración.
  • Ora por una mayor ansia de Dios y por conocerlo mejor.
  • Repasa los versículos memorizados.
  • Agradece alguna bendición especial; haz una lista de las cosas por las que estás agradecido.
  • Lee la Palabra y medita en oración, escribiendo uno o dos pensamientos.
  • Utiliza el Padre Nuestro como base desde la cual ra­mificar tu oración por ti y por otros.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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