LAS RELACIONES SEXUALES: 1. ¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LAS RELACIONES SEXUALES?

biblia genteEs algo bueno. Dios creó seres humanos sexuales (Gén. 1:27). Él nos diseñó para la atracción y el placer físicos. La relación “una carne” entre el esposo y la esposa siempre fue pensada para ser tanto física como espiritual. La relación sexual libera la tensión biológica y expresa la total aceptación de la voluntad de interdependencia con otra persona. La relación sexual marital debe ser gozosa.

¡Bendita sea tu fuente!
¡Goza con la esposa de tu juventud!
Es una gacela amorosa,
es una cervatilla encantadora.
¡Que sus pechos te satisfagan siempre!
¡Que su amor te cautive todo el tiempo!
(Prov. 5:18, 19).

La caída estropeó las relaciones sexuales. Algunos aspectos del pecado han corrompido severamente la sexua­lidad humana. El orgullo y el miedo recíproco han introdu­cido una cuña entre hombres y mujeres. Al no confiar en que Dios satisface nuestras necesidades, la gente utiliza las relaciones sexuales para manipularse mutuamente, dando amor y honor. El deseo físico se inflama al asociarse con los deseos del ego. Así, la relación sexual se convierte en una herramienta, un arma y una obsesión.

Las relaciones sexuales son solo para las parejas casadas. En 1 Corintios 6:9-20 y otros pasajes establecen claramente que la relación sexual antes del matrimonio están dañina como engañar al cónyuge. La relación sexual es una expresión de un compromiso para toda la vida.

La lujuria es tan mala como la simulación. Los pecados del corazón son tan dañinos para ti y contra Dios como los actos pecaminosos. Pero recuerda que hay una diferencia entre la lujuria y la atracción. Es normal notar el cuerpo y las personalidades y hasta tener una reacción física ante la presencia de otra persona; es normal sen­tirse tentado por la lujuria. La tentación se hace pecado cuando complaces tus fantasías y deseos.

Desear a tu cónyuge no es lujuria. La lujuria es un deseo ilícito. Como Dios determinó que desearas a tu cónyuge, ese deseo es tan bueno como querer dormir cada noche y comer cada día. De hecho Dios manda a las parejas casadas satisfacerse sexualmente el uno al otro (1 Cor. 7:3-5).

Sin embargo, es posible desear a tu cónyuge incorrec­tamente. Dios dice que la santidad y el honor deben gober­nar la relación sexual marital (1 Tes. 4:3-5). Deshonras a tu cónyuge si le exiges actos sexuales que considera degradantes o si se lo exiges cuando se siente incapaz. Tanto la exigencia como la negación resentida son pecados. Si tu cónyuge se niega persistentemente, es señal de que necesitan (posible­mente en la presencia de un consejero) discutir la raíz del problema.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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