LAS RELACIONES: ¿CÓMO QUIERE DIOS QUE TRATE A LAS PERSONAS EN GENERAL?

genteDios ha dado instrucciones específicas para que nos rela­cionemos con el cónyuge, los padres, los hijos, los sir­vientes, otros cristianos y los incrédulos. Pero muchos de sus mandamientos se aplican a todas las relaciones.

Con amor. El amor es procurar el mayor bien para otra persona aun si tiene un alto costo para nosotros_. Nuestro modelo es Cristo, quien derramó su vida por personas que no lo amaban. Se nos ha mandado amar a nuestros hermanos, a nuestros enemigos ya todos (Luc. 6:27-38; 10:25-27).

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se com­porta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácil­mente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1 Cor. 13:4-7).

El amor es un acto de la voluntad no un sentimiento, así que puedes decidir amar a alguien aun si no sientes ningún afecto por él. Pregúntate: “Si me preocupara pro­fundamente por esa persona, ¿qué haría yo?” Cuando hayas encontrado la respuesta, hazlo. Actuar por amor estimula en nosotros los sentimientos amorosos, mientras que no ha­cerlo los impide. Es p      le pagar el precio de anteponer a los propios los intereses de otra persona porque sabemos que Dios cuida de nuestras necesidades (Lucas 12:22-34) y que el ha pagado el precio final (ver amistad).

Perdonando.

Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas (Mat. 6:14, 15).

Mantener contra alguien la amargura en tu corazón te im­pide recibir el perdón de Dios. Somos juzgados por la misma norma que utilizamos para juzgar a los demás (Mat. 7:1, 2). Así que, si te resulta difícil perdonar a alguien, sigue los siguientes pasos:

Entrega tu pena a Dios y descríbele exactamente cómo te sientes. Los salmistas utilizaron figuras verbales (…me siento como una bolsa triturada, …como sofocado, …como apuñalado) para expresar su ira y su pena.

Considera los hechos y no las emociones. Recuerda que Dios te ama y te respeta profundamente, de modo que tu autoestima no depende de las reacciones de las personas. Memoriza y recítate pasajes relevantes de las Escrituras; eso te ayudará a concentrarte en la verdad antes que en las emociones.

Pídele a Dios la fuerza para perdonar, sana la herida y confía de nuevo. Pídele que te ayude a recordar que aunque tus deseos han sido frustrados y tu orgullo lasti­mado, tus verdaderas necesidades están intactas. Si puedes, da gracias a Dios por haber rebajado tu orgullo hasta tocar fondo.

Escoge perdonar como un acto de tu voluntad. Pue­des escoger perdonar en forma reiterada hasta que tu dolor se sane completamente. El proceso será más rápido si oras por bendiciones para aquella persona y la tratas con amor siempre que puedas.

Discute el asunto con tu amigo si es realmente importante. Perdonar no significa darle la razón al otro, tampoco significa protegerlo del castigo legal. Perdonar significa simplemente decidir abandonar la amargura y el deseo de venganza para buscar el mayor bien del otro.

Con humildad. Todos tenemos la tendencia a actuar como si fuéramos la única persona que tiene prioridad sobre todos los demás. La humildad es cesar de competir por las mejores posiciones. No es rebajarte sino dejar de preocuparte de ti mismo. Una persona humilde se toma un genuino interés en las necesidades, sentimientos y opiniones de los demás. Sabe que Dios lo ama y lo valora, así que  no tiene que demostrar su valor ni a sí mismo ni a otros (Juan 13:3-5).

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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