LA VISIÓN DEL MUNDO: 4. ¿QUÉ HAY MÁS ALLÁ DEL MUNDO?

4. ¿QUÉ HAY MÁS ALLÁ DEL MUNDO?
Primero, y sobre todo, allí está Dios.
Él es una persona, no una “fuerza”. Él es un Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Segundo, hay toda clase de seres que no son parte del universo físico. La Biblia los llama “ángeles”, “tronos, poderes, principados o autoridades” (Col. 1:16), y “huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales” (Ef. 6:12). Algunos son siervos de Dios, mientras que otros se han rebelado contra él. La cabeza de los rebeldes es un ángel caído llamado “Satán” -el adversario, el acusador. Dios lo creó, así que en nada es igual a él.
Dios y sus ángeles, así como Satán y los que lo apoyan, tienen que ver con lo que ocurre en el mundo de los humanos. De hecho, estos dos grupos están involucrados en una guerra total para controlar el universo. Satán es también llamado “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31), porque él manda en los hombres caídos y los sistemas bajo los cuales viven. Pero el Padre envió a Cristo para rescatar a los hombres del “dominio de las tinieblas” y a traerlos a su propio Reino (Col. 1:13).

La lucha moral y espiritual, que tiene lugar en cada persona y entre las personas, es parte de la batalla cósmica entre el reino de Dios y el de Satán y ambos trabajan para influir en las personas y atraerlas a su lado. Dios permite a sus seguidores utilizar únicamente métodos que respeten la dignidad humana, en tanto que Satán y sus demonios utilizan tácticas inescrupulosas. Esta batalla tiene implicaciones de largo alcance para tu vida:

Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales (Ef. 6:12).

Aun cuando pueda parecer que ciertos individuos son tus enemigos, los verdaderos opositores son Satán y sus demonios, quienes mantienen bajo su yugo a los no cristianos. Las armas demoníacas de subyugación son el miedo, la falta de perdón, los hábitos compulsivos, las creencias erróneas, las estructuras sociales y políticas opresoras.

Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo (2 Cor. 10:4, 5).

Nuestras armas para la destrucción de “fortalezas” (las herramientas de subyugación) son la oración, la Palabra de Dios, el poder y el amor de Dios quien habita en nosotros. la armadura que nos protege de los ataques en esta batalla es la verdad de Dios, ¡ajusticia de Jesús, el evangelio de la paz, la fe en Cristo, la seguridad de la salvación, al igual que la oración y las Escrituras (Ef. 6:13-18).

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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