LA TENTACIÓN: 2. ¿CÓMO PUEDO RESISTIR LA TENTACIÓN DE PECAR?

Enfrenta el hecho de que estás siendo tentado a pecar. Identifica la clase de tentación. Puede ser:

? persecución (empujarte a renunciar a Cristo);

? deseo ilícito (seducirte a ser indulgente con la lujuria sexual, la avaricia, la codicia, la glotonería, el deseo de poder, la ambición, etc.);

? circunstancias frustrantes (inducirte a la desespera­ción, a rendirte, al cinismo, o a la ira).

Aprende la diferencia entre necesidades y deseos.

Necesitas amor sin condiciones y la dignidad de trabajar en una tarea realmente importante; necesitas saber que tu supervivencia está asegurada. Dios es el único que puede satisfacer esas necesidades; lo ha prometido y él mantiene sus promesas. Confiadamente puedes soportar la persecución física, sabiendo que, aun cuando tu vida física esté amenazada, tu vida espiritual estará segura. Puedes re­sistir las presiones emocionales porque, aunque todos te rechacen, Dios proveerá todo el amor y respeto que nece­sites. Aun si las circunstancias están frustrando tus objeti­vos, no tienes que desesperarte ya que son solo tus deseos los afectados y no tus necesidades. Dios se ocupa de que sus metas sean conseguidas. Puedes negarte a la seducción del poder cuando estás convencido de que pertenecer a Dios es lo realmente importante; puedes resistir los deseos peligrosos (sexo, comida, posición, etc.) si sabes que no necesitas utilizarlos cuando estás anhelando amor o res­peto. Puedes desear cosas (algunas legítimas como seguri­dad física y respeto de los demás, u otras excesivas como ansiar un placer desmesurado o ser admirado por todo el mundo), pero cuando sientas la fuerza de su presión, sabrás entonces que no los necesitas para vivir.



Pon tus ojos en Jesús.
Medita sobre cómo Jesús trató con éxito sus tentaciones a ser indulgente con los deseos ilícitos y a derrumbarse ante el sufrimiento (Mat. 4:4-11; Luc. 22:39-23:49; Heb. 12:2-4).

Pídele a Dios el poder para resistir. Admite tu inca­pacidad, pero confía en Dios quien te fortalecerá si humildemente dependes de él (1 Cor. 10:13).

Decídete a resistir. Sabiendo que Dios no te abando­nará, entrega tu voluntad.

Huye o permanece firme. Huye de las pasiones (2 Tim. 2:22). Manténte alejado de las situaciones que sabes te tentarán en tus puntos débiles. Si accidentalmente te encuentras con una, corre (Gén. 39:7-12). No es valentía el quedarse, solo una demostración de estupidez arro­gante.

Por otra parte, resiste ante la persecución, pues huir de la persecución es capitular ante el mal, comprometien­do el evangelio.

En cuanto a las circunstancias frustrantes, evítalas si puedes hacerlo sin comprometerte moralmente o resiste si no puedes conseguirlo. Por ejemplo: un matrimonio o la posición en un equipo es un compromiso que no podrás abandonar sin traicionar la confianza depositada en ti o rompiendo una promesa. No dejes que, con tal de prote­gerte, la frustración te tiente a traicionar a otros.

Únete con otros que luchan la misma batalla. Uno de los objetivos de la comunión cristiana es ayudarse mutua­mente para resistir al pecado. Reúnete regularmente con un grupo de creyentes en los que confías y hablen, y oren juntos acerca de las tentaciones que están confrontando. Ayúdense mutuamente y confiesen cuando fracasen.

Medita en el premio que espera a los vencedores.

Estudia y memoriza pasajes de las Escrituras acerca de la esperanza de la vida eterna y la gloria de reinar con Cristo. (Ver Rom. 8:18-39; 1 Cor. 15:50-58; Apoc. 5:9, 10.)

Regocíjate pues la prueba es temporal y la victoria está garantizada. No te atormentes por la culpa si fallas; simplemente levántate y continúa luchando. Dios lo tiene todo bajo control, te ama y te perdona aunque llegaras a fracasar.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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