LA SOLEDAD

Como consejero la gama de respuestas emocionales a la idea de la soledad es tan variada como las respuestas, en el continuo vivir todos caemos en episodios de soledad.

A usted tal vez le suene absurda la idea de estar solo. Principalmente si está rodeado de personas adonde quiera que va. Está casado, tiene hijos y quizás está involucrado positivamente en su iglesia o en su grupo pequeño. Usted nunca se ve como que está solo.
Algunos de nosotros conocemos bien el dolor de la soledad, pero jamás queramos  reconocerlo. Si usted le dice a alguien que se siente solo, eso le haría parecer como un perdedor o un debilucho. Y el camino que escoge para escapar del dolor puede ir desde dedicarse obsesivamente al trabajo o  hasta una variedad de escapes como las son las adicciones de cualquier índole que sea.

La mayoría de las veces, usted sufre en silencio sintiéndose humillado, con la vaga y débil esperanza de que en este tiempo en adelante quizás las cosas mejoren.

Hay  también  los que se sienten solos que lo saben  y que no les importa que los demás también lo sepan. Alguno de nosotros ya ha pasado por eso. Andamos buscando un remedio con desesperación para calmar el dolor o la angustia y seguirá con tenacidad cualquier camino que parezca prometedor que le ponga fin a su soledad: por ejemplo un cambio de trabajo, de iglesia o de amigos; asistir a cualquier taller, clase o retiro; unirse a cualquier grupo, a un servicio de encuentros, un plan romántico o a un club.

La soledad es un problema universal, ya sea que usted esté o no familiarizado con el mismo, es un problema de todos, las personas que necesitan de las personas no son ?las personas más afortunadas del mundo?; son las únicas personas del mundo.

En el comienzo

Usted recordará, por el relato de la Creación, que el primer ?no es bueno? que Dios dijo, fue: ?No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él? (Génesis 2:18). Hasta este punto todo lo que Dios había creado era ?bueno?, pero ahora al tener a Adán de pie solo y junto a él, el Creador señala que estaba faltando algo. La soledad estaba presente. Antes de que veamos cuál fue la respuesta que Él dio hay aquí una pregunta importante que muchas veces pasamos por alto: ¿Quién creó la soledad?

Dios la hizo

Piense en esto: Adán estaba en el huerto perfecto del Edén. El pecado todavía no había entrado a la raza humana; el primer ser humano tenía un compañerismo perfecto con Dios: podía caminar y hablar con su Creador en el paraíso. Pero se sentía solo, fue en este punto que Eva, la Mujer, fue creada para complementar a Adán, el Hombre.
Adán y Eva nos muestran la necesidad creada por nuestro Dios de tener a otros seres humanos con quienes podamos experimentar una relación profunda, auténtica, que toque nuestra alma, desde el Edén, el clamor del corazón humano ha sido siempre el mismo: conocer y ser conocido, y amar y ser amado. Queremos que la gente nos conozca de verdad y nos ame por quiénes somos. Anhelamos tener a alguien a quien podamos conocer profundamente (con todos sus defectos), alguien a quien podamos ofrecerle el regalo divino de elegir amar.
Si usted no está casado, pero quiere estarlo, cuando lee esto podrá precipitarse a concluir de inmediato que el matrimonio es la respuesta a su lucha con la soledad. Pero la verdad es que, si usted está casado y está esperando que su pareja llene todas sus necesidades emocionales, aún seguirá sintiéndose solo.

La búsqueda de la intimidad

¿Tiene usted relaciones genuinas con otras personas que realmente le conocen? ¿O se ha conformado usted con una seudoautenticidad, encontrando seguridad en relaciones donde se pasa mucho tiempo junto, pero donde sólo se conocen detalles superficiales de la vida de uno y otro?

Una triste realidad de nuestro actual medio cultural, es que muchas personas conocen más detalles de la vida de los personajes de sus programas de TV favoritos, que de sus vecinos o posiblemente aun de las personas con la que comparten el mismo techo. La ilusión es sutil, pero de peso: pensamos que si conocemos los detalles de la vida de alguien, esa persona debe conocer también los nuestros.
Que no se le escape esta palabra: falsa intimidad. Nuestro Creador diseñó nuestros corazones y nuestras almas para que anhelaran la verdadera intimidad, no sólo con Él sino también con otras personas. Pero la verdadera intimidad es una calle de doble sentido: conocer y ser conocidos; amar y ser amados.

Un plan completo

Antes de que usted pueda realmente crear una relación sólida e íntima con otra persona, tiene que estar completo en Dios. El apóstol Pablo escribe: ?Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él? (Colosenses 2:9, 10).

Dios no nos hizo con la necesidad de tener a otras personas para poder ser completos. Nuestra plenitud, nuestro propósito en la vida y nuestra salvación, así como nuestras más penetrantes preguntas de ¿Quién soy yo? y ¿Por qué estoy aquí?, encuentran su respuesta en Cristo y solamente en Cristo.

Entonces, por estar completos en Él podemos experimentar la intimidad con otros porque, desde una posición de fortaleza en Cristo, podemos dar amor y aceptación. Dios nos complementa, y por eso somos capaces de ofrecer a otros lo que el mundo desea con tanta desesperación: un amor verdadero, auténtico.

Al conocer y ser conocidos, y amar y ser amados, usted y yo podemos literalmente cambiar al mundo. Estamos rodeados de personas solas en este mundo que están agonizando por ser conocidas, aun cuando están conscientes de que Dios ya lo sabe todo acerca de ellas y de que Él les ama. Al dar el regalo de una relación auténtica, podemos, como mensajeros del Señor, ofrecer sanidad y vida a otros, como también a nosotros mismo.

Piense en lo siguiente: no es ningún accidente que los anhelos más fuertes de nuestro corazón son satisfechos cuando ponemos realmente en práctica lo que Jesús llamó el más grande de los mandamientos de Dios: ?Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas? (Mateo 22:37-40).
Si le interesa este tópico o quiera ayudar a alguien más, contáctenos, o si desea que comentemos algún otro de interés suyo háganoslo saber, recuerde nuestra misión es servir a nuestro prójimo.
Gracias y bendiciones en el nombre del Señor.

 

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