LA ORACIÓN: 6. ¿POR QUÉ DEBO CONFESARLE A DIOS MIS PECADOS?

¿ES QUE NO LOS CONOCE?

En los Salmos 32:3-5 y 51:1-17 y en 1 Juan 1:8, 9, se ilustran algunos objetivos de la confesión:

El pecado oculto amarga y corrompe, divide y des­truye. Dios conoce tu pecado, pero hasta que no lo reco­nozcas abiertamente, puedes convencerte a ti mismo de que no es realmente pecado, que no tienes que hacer nada al respecto y que no has hecho ningún daño. La confesión es el primer paso hacia el arrepentimiento, detener y volverse de la mala acción o actitud.

La confesión desata el perdón. Si reconoces que eres culpable, entonces Dios puede limpiarte. La culpa expues­ta es tu amiga porque permite que la cruz produzca su efecto en la situación.

La confesión te trae a la realidad. Dios quiere que tu relación con él esté basada en la verdad, en lo real. Con­fesión procede de un verbo latino que significa “decir lo mismo que”. Concordando con Dios acerca de lo que es verdadero, funda tu relación con él en lo real. La confe­sión te libera de la esclavitud de la mentira, el autoengaño y la desilusión en que Satanás quiere mantenerte.

La confesión restablece tu relación con Dios. Si vives en la falsedad y eres implacable, Dios no escucha ni res­ponde tus oraciones (Isa. 59:1, 2).

La confesión hace la vida más agradable. No confesar los pecados te roba tu gozo, tu paz, tu consuelo de Dios y hasta tu salud. ¡No vale la pena!

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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