LA ORACIÓN: 4. ¿POR QUÉ DEBEMOS ALABAR A DIOS? ¿ES ÉL ACASO UN EGÓLATRA?

Con la alabanza evitas colocarte en el centro.
Dios no enfatiza la alabanza, la acción de gracias y la adoración “porque sea un ególatra con deseos egoístas, sino porque él tiene presente nuestros mejores intereses. La alabanza y la acción de gracias nos sacan del centro donde ha de situarse Cristo. Ellas enfocan nuestra mente y corazón en el Señor y nos hacen más semejantes a él. Nos engañamos cuando las descuidamos, pues son un tónico que estimula el gozo y el vigor espirituales”.

Creces en la fe y experimentas el poder de Dios.
Alabar y adorar a Dios refuerza nuestra fe porque nos centramos en lo que sabemos que es verdadero acerca de él, en lugar de centrarnos en lo que sentimos acerca de nuestras circunstancias. Por lo tanto, la alabanza y la adoración desatan la actuación poderosa de Dios. Cuando el rey Josafat se enfrentó al desastre, alabó a Dios en seis largos versículos (2 Crón. 20:6-11):

Señor, Dios de nuestros antepasados, ¿no eres tú el Dios del cielo, y el que gobierna a todas las naciones? ¡Es tal tu fuerza y tu poder que no hay quien pueda resistirte! (v. 6).

Después, en el versículo 12. Josafat declara brevemente su aflicción. Cuando llegó la respuesta del señor, el rey y su pueblo respondieron:

Josafat y todos los habitantes de Judá y de Jerusalén se postraron rostro en tierra y adoraron al SEÑOR, y los levitas de los hijos de Coat y de Coré se pusieron de pie para alabar al SEÑOR a voz en cuello (2 Crón. 20:18, 19).
La victoria de la nación sobre sus atacantes fue asombrosa.

Experimentas la presencia de Dios.
En Reflections on the Psalms (Reflexiones en los Salmos), C.S. Lewis describe la época cuando se esforzaba por comprender la importancia de la alabanza: “no me percataba de que es en el proceso de ser adorado que Dios se comunica con los hombres. Ciertamente no es la única manera en que lo hace; pero para muchas personas a lo largo del tiempo, la belleza del Señor’ se revela sobre todo o únicamente cuando lo adoran juntos”.

Dios lo merece.
Todo se lo debemos a él y seríamos menos que humanos si no desbordáramos gratitud y amor.
Te exaltaré, Señor, porque me levantaste,
porque no dejaste que mis enemigos se burlaran de mí (Sal. 30:1).

Digno eres, Señor y Dios nuestro,
de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas;
por tu voluntad existen y fueron creadas (Apoc. 4:11).

Lo disfrutarás.
Finalmente, para nosotros la alabanza y la adoración son un placer. C. S. Lewis escribió:

Pienso que nos deleitamos al alabar lo que disfrutamos porque la alabanza no solo expresa sino que, además, completa el gozo; es su completa consumación. No es por cumplido que los amantes no cesan de decirse mutuamente lo hermosos que son; el deleite no es completo hasta que no es expresado… Mientras más valioso sea un objeto, más intenso debe ser el deleite. Si fuera posible para un alma creada … “apreciar” cabalmente, esto es amar y deleitarse en el objeto más valioso de todos y al mismo tiempo dar expresión perfectamente y en todo momento a su deleite en él, ésta sería la suprema bienaventuranza para el alma.

Idea para aplicar.
Lee en voz alta algunos de los salmos de alabanza (por ejemplo: 8; 19; 29; 30; 33; 47; 66; 100; 103-108; 111; 113; 136; 138; 145-150). 0 bien, lee en voz alta algunos de los cantos de alabanza en Apocalipsis (4:8, 11; 5:9-13; 7:12; 11:15-18; 15:3, 4; 19:1-8). Observa cómo los autores expresan sus sentimientos acerca de Dios y presta atención a sus motivos para alabarlo. Luego, dile a Dios qué es lo que aprecias de él. Permite que la alabanza te lleve al punto en el que espiritualmente (y aun físicamente) te inclines ante el Señor y lo adores.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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