La Gracia de Dios: Prosperidad del Alma V

Prosperidad del Alma

La Gracia de Dios: Prosperidad del Alma

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(72) La Gracia de Dios: Prosperidad del Alma (cc)

La clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad… La tierra es del Señor y todo lo que hay en ella; el mundo y todos sus habitantes le pertenecen. (Gálatas 5:22; Salmo 24:1 NTV)

Meditación
Dios nos instruye que el dar o compartir es beneficioso; tanto, en esta vida terrenal como en la eterna. Al dar en cualquiera de su variada expresión (no sólo dinero), se desarrolla la generosidad, parte de la bondad, fruto del Espíritu; cual garantiza réditos; es decir, en recibir más aquí y en la vida eterna, porque es tesoro que se almacena en el cielo, parte de los fondos de retiro. Recuerde la enseñanza de Jesús: Donde está tu tesoro allí estará tu corazón. Si tu tesoro está en el cielo, allí está tu corazón. Todo es de Dios (aun nuestras vidas), sólo somos administradores por Su gracia.

(73) La Gracia de Dios: Prosperidad del Alma (dd)

Por tanto, considerar los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. Cuanto existe debajo de todo el cielo es mío. Mía es la plata y mío es el oro declara el Señor de los Ejércitos. (Colosenses 3:5; Job 41:11; Hageo 2:8 LBLA)

Meditación
Otra razón porque el Señor incentiva el dar o compartir, es: (1) Somos una familia; y es normal que los miembros de las familias se aman, son unidos y comparten lo que tienen entre todos. (2) Desea que nuestro corazón no se apegue a lo material, por cuanto el apegarse a algo es indicio de amor; y lo que se ama, ocupa el primer lugar en tu corazón. Cuando amas algo, desea más de ello, y eso se llama avaricia, que la Palabra define como: idolatría. (3) Nada nos pertenece, en esa virtud, es fácil compartir y dar, si el dueño, instruye a tales acciones. (4) Nos dará más para administrar.

(74) La Gracia de Dios: Prosperidad del Alma (ee)

Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para su edificación. Pues ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te injuriaban cayeron sobre Mí. (Romanos 15:2-3 LBLA)

Meditación
Estamos tocando algunos detalles que forman parte del crecimiento del creyente en la gracia y que contribuye a la prosperidad de su alma. En este aspecto, la Biblia tiene mucho que decir; particularmente, en el dar o compartir. No sólo se refiere al dar o compartir de lo material que uno posee; sino, se fundamenta más en darse a sí mismo o de sí mismo, en virtud de que aquello (darse a sí), es en alguna manera, negarse a sí mismo, tomar su cruz, agradar a Dios, como lo hizo Cristo; y ayudarte a morir a aquellas cosas fútiles, que ocupan prioridad en tu vida.

(75) La Gracia de Dios: Prosperidad del Alma (ff)

Los que siembran injusticias cosecharán desgracia, y su régimen de terror se acabará. Benditos son los generosos, porque alimentan a los pobres. (Proverbios 22.8-9 NTV)

Meditación
En darse a sí mismo, la Palabra lo compara con el sembrar; y lo que uno siembra, eso cosechará. Dios dio a su Hijo Unigénito (sembró a su único Hijo); y cosechó al primogénito de los muertos con muchos hermanos; ahora Dios tiene una familia (multitud de hijos) y su Unigénito se convirtió en Primogénito con muchos hermanos (Juan 3:16; Colosenses 1:18; Romanos 8:29). El Señor Jesús dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35); porque cuanto más das o compartas, más recibirás. La siembra y cosecha (dar y recibir), es un principio del Reino de Dios.

(76) La Gracia de Dios: Prosperidad del Alma (ee)

Les digo la verdad, dijo Jesús, esta viuda pobre ha dado más que todos los demás. Pues ellos dieron una mínima parte de lo que les sobraba, pero ella, con lo pobre que es, dio todo lo que tenía. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. (Lucas 21:3-4 NTV; 2 Corintios 2:7 RVR)

Meditación
Antes de ahondar en el principio del dar y recibir; es decir, siembra y cosecha, aclaro: Dios no mide la cantidad que das (dinero, tiempo, dedicación, etc.) a Él o al prójimo, puesto que eso no es importante. Lo relevante para nuestro Señor, es la calidad (de lo que das); entiéndase, la actitud de tu corazón. De nada sirve que des grandes cantidades si lo haces de mala gana, por necesidad, contra tu voluntad, para que te vean (publicidad) o para recibir gloria personal. La palabra nos exhorta en forma clara sobre este proceder. ¡La gloria en toda ocasión es de Dios!

(77) La Gracia de Dios: Prosperidad del Alma (hh)

No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra. (Gálatas 6:7 NTV)

Meditación
Seguimos con: Siembra y cosecha. Todo lo que el hombre siembra eso cosechará. Un agricultor que siembre mangos no debe esperar cosechar uvas; de la misma manera, es la vida del hombre que, según Pablo, anda en la carne o el Espíritu, así: “Los que viven sólo para satisfacer los deseos de su propia naturaleza pecaminosa cosecharán, de esa naturaleza, destrucción y muerte; pero los que viven para agradar al Espíritu, cosecharán vida eterna (Gálatas 6:8). Un refrán del mundo dice: “El que siembra vientos cosechará tempestades. Es tiempo oportuno de revisar nuestras siembras.

(78) La Gracia de Dios: Prosperidad del Alma (ii)

Den, y recibirán. Lo que den a otros les será devuelto por completo; apretado, sacudido para que haya lugar para más, desbordante y derramado sobre el regazo. La cantidad que den determinará la cantidad que recibirán a cambio. (Lucas 6:38 NTV)

Meditación
En esta vida lo que se da, se recibirá. Si amas, recibirás amor; al juzgar, recibirás juicio. Cuando ayudas alguien en necesidad, serás [email protected] cuando tengas necesidad. Si oras por las personas, otros orarán por ti. La regla de oro que estableció el Señor Jesucristo, nos instruye a sembrar bien, para cosechar con excelencia; se puede apreciar en este ejemplo: ¡Amen a sus enemigos! Hagan bien a quienes los odian (aborrecen). Bendigan a quienes los maldicen. Oren por aquellos que los lastimen o calumnien (Lucas 6:27-28). Si tratamos al enemigo como amigo, cosechará un amigo.

Sobre nosotros enabundancia

Aquí publicamos Estudios Bíblicos, Reflexiones Cristianas con el propósito de ayudar a toda la comunidad Cristiana para que juntos llevemos el mensaje de Dios a las naciones con más amplitud y efectividad el Evangelio del Reino.

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