La Gracia de Dios: El amor de Dios III

Yo establezco Mi pacto con ustedes

(111) La Gracia de Dios: El amor de Dios (v)

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Yo establezco Mi pacto con ustedes, y con su descendencia después de ustedes, y con todo ser viviente que está con ustedes: aves, ganados y todos los animales de la tierra. Yo establezco Mi pacto con ustedes, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. (Génesis 9:9-11 NBLH)

Meditación
Hagamos un paréntesis ampliando la entrega anterior; en ella, se expuso qué, en su amor, Dios hizo Su primer pacto con Adán; y, a partir de ese primer pacto, vendría otros, hasta desembocar en el actual (pacto) de la gracia (el octavo, de acuerdo a algunos eruditos). No deseo seguir en el amor de Dios, sin aclarar que es un pacto. Un pacto es un pronunciamiento soberano de Dios por el cual Él establece una relación de responsabilidad: (1) Entre Él y un individuo (Adán); (2) entre Él y la humanidad (Noé); (3) entre Él y una nación (Israel); (4) Entre Él y una familia (David).

(112) La Gracia de Dios: El amor de Dios (w)

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Así también los maridos deben de amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. (Génesis 2:24; Efesios 5:28 RVR)

Meditación
Visto lo que es pacto, sigamos con el amor de Dios para con Adán. Mientras Adán estaba en su ocupación, poniendo nombres a los animales, la Biblia dice que, dijo Dios: “no es bueno que el hombre este sólo” (Génesis 2:18); Entonces Dios, hizo caer en un sueño al hombre e hizo a la mujer y la trajo a Adán, quien la recibió y declaró: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne. Este fue otro acto amoroso de Dios para el hombre y tiene el propósito de que el hombre ame y cuide a su esposa, como cuida a su cuerpo; porque son una sola carne (ver pasaje).

(113) La Gracia de Dios: El amor de Dios (x)

Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para Sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia. (Efesios 1:4-6 NBLH)

Meditación
La gracia y el amor de Dios han sido grandes desde antes de fundar el mundo. Dice Efesios: “Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables, y nos adoptó como miembros de su familia”. Este fue el proyecto con Adán y Eva; que, dicho sea de paso, no correspondieron a este amor sublime. Génesis 2, relata la historia. Dios en su amor, le dio libre albedrío al hombre y también le dio una orden para prevenirlo de una vida desastrosa y de sufrimiento; sin embargo, en su desprecio por ese amor tierno, escogió su propio camino.

(114) La Gracia de Dios: El amor de Dios (y)

Los que aceptan mis mandamientos y los obedecen son los que me aman. Y, porque me aman a Mí, mi Padre los amará a ellos. Jesús contestó: Todos los que me aman harán lo que Yo diga. (Juan 14:21,23 NTV)

Meditación
¿Adán y Eva amaron a Dios? Sí, lo amaron; pero no con la convicción de creer y obedecer. Si bien es cierto Adán no fue tentado, pecó al comer el fruto y violentar el mandato, en vez de amonestar a su mujer. El primer padre heredó el gen de la desobediencia a la raza humana, y este sigue vigente y visible en nuestros hijos naturales; y es notorio, en los hijos espirituales de Dios. Hoy, vemos a los llamados cristianos, atados a adicciones (no sólo vicios) que no quieren dejar, aunque dicen amar a Dios. Cristo fue claro al declarar: “El que me ama, mi palabra guardará”.

(115) La Gracia de Dios: El amor de Dios (z)

El hombre contestó: Te oí caminando por el huerto, así que me escondí. Tuve miedo porque estaba desnudo. ¿Quién te dijo que estabas desnudo? Le preguntó el Señor Dios ¿Acaso has comido del fruto del árbol que te ordené que no comieras? El hombre contestó: La mujer que tú me diste fue quien me dio del fruto, y yo lo comí. (Génesis 3:10-12 NTV)

Meditación
Parte del amor de Dios es la disciplina; y la aplicación de la disciplina tiene asidero en su Palabra. Al desobedecer, nuestros primeros padres fueron confrontados. Ser confrontado es parte de la responsabilidad. Adán tenía responsabilidades y entre ellas, debía amar y cuidar a Eva. No obstante, Eva se alejó del cuidado de Adán, tomó tiempo para conversar con la serpiente, y fue engañada, luego hizo pecar a su marido. Aunque Adán no fue tentado, Dios lo confrontó por haber desobedecido, porque era cabeza de la mujer y debía protegerla. Adán no aceptó su responsabilidad, como muchos hombres hoy; echó la culpa a Dios y a su mujer. ¿Suena familiar?

(116) La Gracia de Dios: El amor de Dios (aa)

Entonces el Señor Dios, le preguntó a la mujer: ¿Qué has hecho? La serpiente me engañó, contestó ella, por eso comí. Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor y no te des por vencido cuando te corrija. Pues el Señor disciplina a los que ama y castiga a todo el que recibe por hijo. (Génesis 3:13; Hebreos 12:5-6 NTV)

Meditación
La disciplina de Dios es correctiva, no contemplativa. En primer lugar, Adán fue confrontado sin aceptar responsabilidad por su acción; “porque otros tuvieron la culpa”. Luego, Dios abordó a la mujer; quien, además, no reconoció su pecado, echó la culpa a la serpiente. Esta falta de responsabilidad de Adán, ha sido una constante para todas las generaciones hasta hoy; aunque son autores de los hechos; otros, son los responsables. En la era de la Gracia, Dios disciplina al que recibe por hijo. Él desea hijos honestos; que acepten responsabilidad por sus hechos.

(117) La Gracia de Dios: El amor de Dios (bb)

Y el Señor Dios dijo a la serpiente: Por cuanto has hecho esto, maldita serás más que todos los animales, y más que todas las bestias del campo; sobre tu vientre andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar. (Génesis 3:14-15 LBLA)

Meditación
En el pasaje, se puede apreciar el amor de Dios manifestado mediante la disciplina correctiva (no punitiva), hacia la humanidad. Dios en la aplicación de su justicia y futura gracia, anunció a la humanidad un Salvador (simiente de la mujer). Sin embargo, no fue así para la serpiente, quien causó la tragedia espiritual (caída), de Adán y Eva. Para ella (la serpiente), el Señor anunció un juicio severo en cumplimiento de su justicia. Por de pronto, la maldición en lo natural sobre la serpiente, fue: “sobre tu pecho andarás y polvo comerás todos los días de su vida”.

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