LA EVANGELIZACIÓN: 1. ¿QUÉ ES LA EVANGELIZACIÓN?

La palabra griega euangel­ion significa “buenas noticias” o “evangelio”. Por tanto, evangelizar es difundir las buenas noticias acerca de Jesucristo. Relacionado con esto, los cristianos utilizan también el término “testigo”. Un testigo es alguien que expresa lo que conoce acerca de una persona o un inci­dente. Los cristianos son testigos de quién es Jesucristo y de lo que hace en la vida de las personas. La evangelización incluye hacer discípulos de Jesús a quienes le obedecen y proceden al arrepentimiento (Mat. 28:18-20; Juan 20:21 23; Hech. 2:38-42).

La evangelización es sobrenatural.

El Espíritu del Señor está sobre mí,
por cuanto me ha ungido
para anunciar buenas nuevas a los pobres.
Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos
y dar vista a los ciegos;
a poner en libertad a los oprimidos;
a pregonar el año del favor del Señor
(Luc. 4:18, 19).


la Biblia describe a los no cristianos como ciegos y prisione­ros de Satanás en “el dominio de la tinieblas” (Col. 1:13: compare con 2 Cor. 4:4). El incrédulo es incapaz de escapar de esta prisión por sus propios medios ni tampoco puede un cristiano rescatarlo con sus propias capacidades. Tu capacidad (o falta de ella) para explicar o argumentar a favor del evangelio no es lo que se necesita para librar a alguien del engaño de Satanás. El evangelismo es humanamente imposible, pero Dios rescata al perdido usando tres medios sobrenaturales:

  • el Espíritu de Dios;
  • la Palabra de Dios;
  • los cristianos obrando en el poder de Dios.

Pablo describe el evangelismo así: “…no les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes, sino con de­mostración del poder del Espíritu, para que la fe de uste­des no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios” (1 Cor. 2:4, 5).

Tienes la autoridad de Cristo y la unción del Espíritu para ser un recurso sobrenatural para la extensión del evangelio.

La evangelización es un proceso de mostrar y de decir.

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lám­para para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en los cielos (Mat. 5:14-16).

Tanto dar testimonio como evangelizar sugieren una declara­ción verbal. Pero difundir el evangelio es mucho más que decir a las personas qué es lo que creemos. También es mostrarles con nuestra vida que Jesús es quien la Biblia dice que es.

El proceso del testimonio puede compararse al de cul­tivar la tierra. Jesús compara a los creyentes con la tierra (Mar. 4:1-20). Si deseamos que el evangelio produzca fru­tos en la vida de alguien, debemos antes cultivar la tierra hablando a su corazón y cuidando de él o de ella. Podemos entonces plantar la semilla de la Palabra de Dios hablándole a su razón y, finalmente, cosecharemos una nueva vida pi­diéndole a la persona una respuesta voluntaria. Una conver­sión saludable exige que la persona sea atraída emocional­mente, convencida intelectualmente y (sobre todo) que vo­luntariamente se someta al control de Cristo.

DEMOSTRACIÓN

PROCLAMACIÓN

CULTIVAR

PLANTAR

COSECHAR

EL CORAZÓN

LA MENTE

LA VOLUNTAD

El proceso implica tomar pequeñas decisiones. Piensa en una línea que comienza al pie de la cruz y que se ex­tiende en la distancia. Cada uno de los no cristianos que co­noces se encuentran en algún punto de esa línea, a distan­cias diferentes de la cruz y de la dedicación de su vida a Cristo. Algunos comprenden el evangelio y solo necesitan rendir su voluntad; otros se sienten atraídos por tu carác­ter y se preguntan por qué eres diferente; mientras que otros son totalmente indiferentes hacia ti y tus creencias.

Al atraer a los no cristianos, no debemos tratar de ha­cerles entender y decidir respecto al evangelio tan pronto como sea posible. En vez de ello, nuestra meta debe ser animarlos a ir haciendo pequeñas decisiones que los con­duzcan gradualmente hacia la cruz. Para ayudarlos a dar el siguiente paso hacia Cristo, es de la mayor importancia saber en qué punto de la línea se encuentran. A continua­ción se enumeran algunas de esas pequeñas decisiones a las que nos gustaría conducir a algún amigo:

  • “Es una buena persona” (Una decisión acerca de nosotros).
  • “Me gustaría conocerlo mejor”.
  • “Voy a averiguar por qué es tan diferente”.
  • “Parece que saca de la Biblia su visión de las cosas”.
  • “Es cristiano, pero es buena persona”.
  • “Ser cristiano seguramente tiene sus ventajas”.
  • “Me gustan sus amistades. Le envidio su confianza”.
  • “Puede resultar de interés leer la Biblia en alguna ocasión”.
  • “Después de todo, la Biblia no es imposible de entender.
  • “La Biblia dice cosas muy importantes”.
  • “Lo que la Biblia dice sobre la vida se ajusta a mi experiencia”.
  • “Jesús parece ser la clave. Me pregunto: ¿Quién será en realidad?
  • “Jesús es Dios”.
  • “Necesito hacer lo que él dice”.

Demostración.

Las tres primeras decisiones se refieren principalmente a tu persona. Cuando vives el evangelio expresando amor y gra­cia hacia un no cristiano, su corazón es atraído hacia ti y se hace receptivo a tu visión de la vida. El primer aspecto de la demostración es expresar amor. Tal como hizo Jesús con las personas inmorales de su día, haz amistad con ellas y trátalas con afecto a pesar de los pecados que practiquen.

Hay dos recursos sobrenaturales de Dios que puedes usar. Cuando tú le pides a Dios que intervenga en la vida de tu amigo, él lo hace. Al permitir que Dios ame a tu amigo por medio tuyo, te haces representante de Dios.

El segundo aspecto de la demostración del evangelio es hacer brillar la fe y la esperanza en las tinieblas de tu amigo. Esto lo haces sencillamente con conversaciones ca­suales sobre asuntos que revelen tus valores y los suyos (asuntos tales como el éxito, el trabajo, el ocio, el matrimo­nio, los niños o el dinero). En tales conversaciones debes:

  • Preguntar y escuchar atentamente a lo que tu amigo piensa acerca de un tema dado.
  • Dar tu propia opinión bíblica sin juzgar.

Cuando hayan mantenido la amistad por algún tiempo, puedes mencionar que tu visión sobre los asuntos procede de la Biblia.

Las conversaciones sobre asuntos de importancia sur­girán naturalmente, a medida que hagas cosas junto con tu amigo: comer, pasear, trabajar en algún proyecto. En tus conversaciones iniciales, busca un terreno común sobre el cual construir la amistad; al mismo tiempo, puedes pre­sentar a tu amigo a otros hermanos cristianos en ambien­tes sociales corrientes. Muéstrale que no eres el único cris­tiano amante e interesante en el mundo.

Para poder conversar sobre temas importantes de la vida, necesitas tener una visión bíblica sobre éstos. La última sección de este libro puede ayudarte a desarrollar un estu­dio sobre algún asunto importante para los no cristianos.

Proclamación.

Una vez identificado como persona que ama y piensa, y que obtiene sus ideas de la Biblia, puedes sugerir que se reúnan en alguna ocasión para echar una mirada a la Biblia. Tu amigo pensará al inicio que es una amenaza, así que sugiérelo distraídamente, sin intentar establecer una fecha para ello. Cuando lo hayas hecho dos o tres veces a lo largo de un mes o algo así, tu amigo comenzará a acos­tumbrarse a la idea. Cuando muestre un genuino interés, establece una fecha.

Ahora entra en juego el tercer recurso sobrenatural de Dios: La Biblia. Todavía no es el momento de presentar el evangelio a tu amigo y pedirle que tome una decisión so­bre el ofrecimiento de salvación de Cristo. En lugar de ello, reúnete con él en un ambiente informal, en tu casa u otro ambiente agradable, para mirar juntos un libro de la biblia.

El curso Vida Abundante (Casa Bautista, 1998) ofrece su. gerencias sobre cómo conducir a un inconverso a través del estudio bíblico sin asustarlo. Quizá tome semanas y hasta meses, pero al final, tu amigo comprenderá quién es Jesús y qué respuesta reclama de los suyos. Probablemen­te ni siquiera tendrás que estar presente cuando final­mente él se decida a aceptar o rechazar a Cristo.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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