LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS 3. ¿CÓMO ENSEÑARLES LA BIBLIA Y LA ORACIÓN SIN ABURRIRLOS?

ENSEÑARLES LA BIBLIA

¿CÓMO PUEDO PREPARAR A MIS HIJOS EN LA BIBLIA Y LA ORACIÓN SIN ABURRIRLOS?

Sé consecuente. Escoge un momento que puedas man­tener todos los días, tal como en la mañana, antes o des­pués de las comidas o al acostarlos. No permitas que el niño programe actividades que interfieran con el momen­to de oración y lectura de la Biblia juntos. Los adolescen­tes exigen más libertad para programar sus actividades, pero debes ser capaz de programar algún tiempo junto con ellos una o dos veces por semana.

Ten en cuenta su edad.

Los que comienzan a dar sus primeros pasos pueden concentrarse en una lección tan solo dos o tres minutos. Ne­cesitan una lección muy corta, una canción y una oración muy breve. Aprenden por la repetición la misma lección o la misma canción recitada o contada muchas veces en el día durante muchos días. Algunos prefieren observar pero la mayoría querrá participar. A ellos les gusta utilizar todos sus sentidos: el gusto, el tacto y el olfato lo mismo que la vista. Los muñecos, las figuras, los franelógrafos, los lápices de co­lores, las canciones, los juegos y la oportunidad para sentarse en las piernas de uno de sus padres para escuchar una histo­ria bíblica harán que los bebés ansíen sus “devocionales”.

Ellos aprenden cuando observan, y repiten una y otra vez lo que ven hacer. Si la repetición diaria es esencial para su aprendizaje, la escuela dominical no es suficiente por sí sola.

Los niños pequeños aceptarán cualquier cosa que les diga alguien en quien confían, así que esa es la edad ideal para comenzar su entrenamiento espiritual. Ellos pueden aprender:

  • un concepto de Dios: quién es, su carácter, sus atributos;
  • a amar, respetar la Biblia y a orar;
  • a ser amables con los demás;
  • la obediencia a Dios y a los padres;
  • los personajes principales de la Biblia.

Los niños en edad escolar elemental están aprendien­do a relacionarse, a pensar por sí mismos, a definir sus valores morales y a actuar según ellos y a tratar con las sensaciones. Les gusta participar, la acción y el aprendiza­je. Pueden captar cada vez más conceptos tales como:

  • la salvación;
  • la identificación pública con Cristo;
  • la honestidad opuesta al engaño y a la mentira; > la obediencia;
  • la lealtad;
  • la amistad.

A los preadolescentes, les gusta identificarse con un grupo, así que tu tiempo devocional puede ser una opor­tunidad que les permita disfrutar su pertenencia a la fa­milia. Les gusta la estructuración, la lógica, contar y re­presentar historias, las competencias y mucha actividad física. Las representaciones, los concursos de memori­zación bíblica, las ayudas visuales, los paseos por el bos­que, los juegos bíblicos y representar papeles dramáticos, son ideales para ellos. Anímalos a registrar en un cuader­no las peticiones de oración y las respuestas.

Quince o veinte minutos es el tiempo que un preado­lescente puede mantenerse atento a la oración y el estudio de la Biblia. Sin embargo, si relacionas el asunto con algo que le interese a él (amistades rotas, dudas sobre el amor de Dios, conflictos familiares, etc.), puedes conseguir una participación más prolongada y entusiasta.

Enfatiza la memorización y la meditación en las Es­crituras. Léela, recítala, representa los hechos por medio de figuras y juegos, interioriza las verdades por medio de la discusión, aplica las verdades haciendo que tus hijos participen en algún proyecto de servicio y practiquen de la vida piadosa en el hogar y en la escuela.

Dales una visión general de la Biblia enseñándoles lo fundamental en cada uno de los Testamentos.

Enfatiza la oración, anímalos a decirle a Dios cómo se sienten y lo que desean. Enséñales por qué algunas peti­ciones reciben respuestas “afirmativas otras “negativas” y a otras dice: “espera”. Utiliza canciones, salmos y tu propio ejemplo para enseñarles a alabar y a dar gracias; sea modelo de confesión y haga que los niños la practi­quen cuando hagan algo que no esté bien.

Los adolescentes necesitan aprender a pensar y a deci­dir independientemente de sus padres. Lo cuestionan todo, especialmente los valores y las verdades aprendidas de sus padres, y se rebelan cuando intentan obligarlos a obedecer. Luchan con la gran cuestión de su propia identidad: ¿quién soy, qué creo, qué quiero hacer? Ellos necesitan unos padres que estén a su lado para hablarles y aconsejarlos, pero no para darles órdenes. Deben sentirse libres para negociar el momento y el contenido de sus devocionales, para mante­nerse en silencio durante las conversaciones y la oración y hasta para ausentarse en alguna ocasión. Ellos ansían ser respetados. La discusión seria de los pasajes de la Biblia debe sustituir a los muñecos y a los juegos; concéntrate en los pasajes que tratan de la identidad y los valores (quién es Jesús, la resistencia a la tentación, las convicciones acerca del éxito y las relaciones, etc.) y manténte abierto para ver desafiados tus puntos de vista. Puedes expresar claramente tus desacuerdos mostrando al mismo tiempo que respetas a tu hijo y que lo amas no importa lo que diga. Enséñale que algunas verdades se aceptan por fe, pero que nunca debe dejar de lado el razonamiento inteligente.

Variedad. Es la clave para mantener el interés de los niños Un día ora con los salmos; otro oren por turno; otro día, utiliza muñecos para ilustrar una historia sobre Jesús; re­presenta, en alguna ocasión, una anécdota del Antiguo Testamento; en otro momento, pasa un día o dos aprendiendo versículos de la Biblia. Practica brevemente la me­morización de versículos y determina un día para hacer un concurso de memorización. No tienes que hacer algo tre­mendamente creativo cada día, solo lo necesario para man­tener una expectativa agradable. Cuando hayas conseguido alguna práctica, el planeamiento no debe tomarte más de veinte minutos cada semana.

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Aquí publicamos Estudios Bíblicos, Reflexiones Cristianas con el propósito de ayudar a toda la comunidad Cristiana para que juntos llevemos el mensaje de Dios a las naciones con más amplitud y efectividad el Evangelio del Reino.

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