LA COMUNIDAD CRISTIANA: 3. ¿POR QUÉ NECESITO UNA COMUNIDAD CRISTIANA?

En una cultura individualista, podemos ser tentados a pensar que podemos seguir a Cristo solos. Pero necesitas a otros cristianos…

Para ayudarte a crecer a la semejanza de Cristo. Mira en qué aspectos el Nuevo Testamento dice que debes crecer: amor, paciencia, perdón, compasión, bondad, benevolencia, autocontrol, paciencia y ánimo. Casi todos estos tienen que ver con relaciones. Los no cristianos pueden cargar tu pacien­cia y compasión, pero los creyentes a los cuales has abierto tu vida te impulsarán a niveles de perdón nunca soñados.

Para ayudarte a testificar de la verdad del evangelio. Jesús dijo: “De este modo todos sabrán que son mis dis­cípulos, si se aman los unos a los otros” (Juan 13:35). Para todos los creyentes él pidió: “Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí” (Juan 17:23).

El mundo sabe que el amor desinteresado y la unidad son humanamente imposibles. Cuando los cristianos mues­tran un verdadero amor mutuo y sacrifican sus preferencias en aras de la unidad, el mundo es atraído. Ninguna predica­ción es comparable al impacto del amor entre los cristianos.

Para ayudarte a hacer la obra del reino. Ningún cris­tiano posee todos los dones necesarios para extender el evangelio, hacer discípulos maduros, ayudar a los necesi­tados y combatir a Satanás. Dios nos ha dado diferentes dones para hacernos depender unos de otros y trabajar juntos como una unidad.

Para adorar juntos. La Biblia nos exhorta repetidamente a adorar juntos y no solamente con nuestra oración privada. Dios es tan grande que solo puede ser adorado adecuadamente por su pueblo reunido en comunidad. Al principio puede resultar difícil concentrarse en la alabanza por un tiempo.

Para expresar a Cristo. Es muy importante ser capaces de recibir poder y amor directamente de Dios, pues, en última instancia, él es la fuente y no las personas. Pero Dios nos ha hecho de modo que en ocasiones necesitemos el amor “envuelto en piel”. Necesitamos el ánimo, el afec­to, las oraciones y la ayuda práctica de los demás en el nombre de Cristo. Dios estableció su reino de modo que nadie pueda sobrevivir o llevar fruto sin la ayuda de otros cristianos.

Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente! (Ecl. 4:9-12).

Para mantenerte en la vía. Es muy fácil errar acerca de lo que la Biblia dice o de lo que debemos hacer si solo contamos con nuestras fuerzas. Comenzamos apoyándoos en el Espíritu Santo, pero muy pronto confiamos excesivamente en nuestro discernimiento y sabiduría. La infle? pendencia orgullosa invita a Satanás a descarriarnos.

El que ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que la aborrece es un necio (Prov. 12:1).

Compartir con otros las ideas que has extraído de la Biblia, los ayudará y te capacitará para ver matices que r habías notado antes (Prov. 27:17).

Para ayudarte a rendirte a Dios. Frecuentemente, nuestra poca disposición para involucrarnos con otros creyentes surge menos de la confianza en uno mismo que del temor a ser herido. Dios quiere tratar precisamente ese temor, Cuando (y no si) somos heridos, el dolor nos arroja a los brazos del Padre y descubrimos que él es capaz de sanar la herida cuando perdonamos. Entonces crecemos y estamos más dispuestos a confiarle el control de nuestra vida. Escoger no protegernos a nosotros mismos hace posible confiar en Dios y amar a las personas.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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