LA AMISTAD: 1. ¿CÓMO PUEDO SER UN BUEN AMIGO?

amigasConcéntrate en el servicio y no en satisfacer tus nece­sidades. Todas las personas necesitan saber que son amadas profunda e incondicionalmente tal como son, y que están envueltas en una actividad realmente importante para la cual son competentes. Quiere decir que necesitamos amor por lo que somos y respeto porque somos impor­tantes. Porque generalmente asumimos que esas necesi­dades solo pueden ser satisfechas por otras personas y ten­demos a establecer nuestras relaciones con la intención de satisfacerlas. Cuando las personas fracasan en hacerlo, nos sentimos airados e incluso amargados.

Sin embargo, Dios es el único que puede satisfacer esas profundas necesidades. Al entregar a su Hijo para librarnos de la miseria y la muerte, Dios ha demostrado que nos ama incondicionalmente (Rom. 5:5-8; 8:31-39).

Al comisionarnos como sus agentes para establecer su reino entre los hombres, Dios nos asegura que somos real­mente importantes y por medio de su Espíritu Santo nos capacita para no fracasar en esa misión. Las personas nos pueden ayudar a sentir su amor y valoración, y está bien que deseemos que lo hagan; pero si reclamamos necesitar su amor y respeto, demostramos con ello nuestro orgullo egoísta y fallamos al confiar en Dios.

Así que, en vez de manipular a los demás para que sa­tisfagan nuestros deseos (airándonos, con lágrimas, regalos, romances, flirteos, alejamiento, charla, humor, etc.), esfor­cémonos en ser instrumentos de Dios para ayudarlos a sen­tir su amor. Podemos glorificar a Dios poniendo a los demás primero porque estamos seguros de que él satisface todas nuestras necesidades.

Sé abierto. Tener todas tus necesidades satisfechas en Cristo no significa que puedas vivir sin relaciones cercanas. Es fácil ser el fuerte que escucha a los demás en sus problemas y los aconseja, consuela y perdona; lo cual te hace sentir superior y necesitado por los demás, al mismo tiem­po que evitas ser herido.

Es difícil despojarte de la máscara de competencia y de­rribar los muros de autodefensa permitiendo a otras perso­nas ver tus dolores y faltas. Las personas pueden ser condes­cendientes, contar a otros tus secretos, no comprenderte realmente, perderte el respeto, condenarte o rechazarte.

Jesús no tenía que hacerse vulnerable a sus detractores ya los que lo rechazaban, pero lo hizo (Isa. 53:3). Uno de sus amigos más cercanos lo traicionó llevándolo a la muerte y el resto lo abandonó cuando necesitó su apoyo (Mar. 14:32-52, 66-72). Nunca llegaron a comprenderlo realmente.

Pero Jesús sabía que el riesgo de hacerse vulnerable, valía la pena. Para él, la meta era enseñar a sus amigos lo que significaban el verdadero amor y la confianza (llevar las cargas de otros). No puedes enseñar confianza a una persona temerosa si temes confiar en ella. Para nosotros, la meta incluye también escapar de la soledad que nos apri­siona. Aunque nadie pueda comprendernos completamente y amarnos perfectamente cuando lo necesitamos, un amigo puede ser de verdadera ayuda.

Jesús tuvo el coraje de arriesgarse a la traición porque su confianza suprema estaba puesta en Dios. Sabía que el rechazo de la gente no podía destruirlo porque era aceptado por aquel que importaba más. Su autoestima procedía de su Padre.

Sin embargo, aunque la autoestima de Jesús no nece­sitaba de las personas, se dio a sí mismo el privilegio de experimentar el amor del Padre expresado por medio de sus amigos. También aceptó ser herido por ellos. Nosotros, que somos mucho menos santos y fuertes que él, no debe­mos avergonzarnos al admitir ante alguien: “Tu amor y respeto significan mucho para mí”.

Sé disponible, leal, honesto y desinteresado (Prov.17:17; 18:24; 27:6,17).

No esperes perfección. Si esperas que tus amigos puedan fallar en su disponibilidad, lealtad y honestidad, entonces no te sentirás destrozado cuando lo hagan. La demanda de perfección a los demás es egoísta, y poco realista. Recuerda que tú tampoco eres un amigo perfecto. Tu labor consiste en mantener abierto tu corazón sabiendo que en ocasiones serás lastimado.

Comparte la verdad bíblica. Además de compartir tus sentimientos, comparte lo que Dios te está enseñando por medio de las circunstancias, la oración y la Biblia. Esta es una manera fantástica de entusiasmarse con el estudio de la Biblia y basa tu amistad en algo mucho más profundo que las sensaciones. Aprende a contarles a tus amigos lo que estás aprendiendo y a escucharlos. El objetivo de com­partir y escuchar es acercarte más a Dios y a tus amigos y no impresionarlos con tus conocimientos.

Confiésense mutuamente los pecados. (Stg. 5:16). Esto debe conducirlos a la oración y el apoyo mutuo para dejar el pecado en lugar de condenarse y así perdonarse mutua­mente.

Sean responsables unos de otros. Anímense mutuamente a aplicar lo que han aprendido de Dios y estén al tanto de cómo lo hace cada uno. Oren unos por otros acerca de sus luchas en la obediencia a Dios y permite que tus amigos te pregunten como va tu oración y tu meditación en las Escri­turas. Sean honestos unos con otros.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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