¿Puede usted darme argumentos científicos que prueben la existencia del infierno?

El campo de la ciencia tiene límites bien definidos que a menudo se pasan por alto. Las posibilidades de conocer y explicar procesos sólo se limitan a fenómenos mensurables del mundo material. Cuando los fenómenos no pueden ser medidos ni expresados en cifras, las ciencias no pueden explicar nada acerca de ellos. Las ciencias naturales, por consiguiente, no deben traspasar sus propios límites, de lo contrario dejan de serlo y se rebajan al rango de las especulaciones. Ésta es la razón por la cual las ciencias no son ninguna fuente de información para conocer algo acerca del origen o el fin del mundo.

Del mismo modo, ninguna ciencia puede dar respuestas acerca de lo que acontece al otro lado de la muerte.


Pero aunque la ciencia no nos puede decir nada acerca de la existencia del infierno, no obstante, existe un lugar único capaz de darnos certidumbre sobre esta cuestión: en la cruz del Gólgota podemos ver la realidad del cielo y del infierno. La cruz es la que mejor interpreta las Escrituras. Si todos los humanos entraran automáticamente al cielo, la cruz hubiera sido superflua.

Si hubiera habido otra religión u otro medio para dar la salvación, Dios no habría consentido que Su amado Hijo se desangrara en la cruz. Por eso podemos leerlo claramente en la cruz: el infierno existe verdaderamente. El Señor Jesucristo hizo todo para que fuéramos librados del infierno. Sin la obra del Gólgota, estaríamos todos destinados a la condenación (Ro 5:18). Podríamos resumir la obra de la cruz en la siguiente frase:

«¡Aquí salva el Hijo de Dios del infierno!» Nunca se ha hecho cosa mayor en favor de los hombres que en la obra del Gólgota. El Señor Jesús predicó encarecidamente sobre el amor y la misericordia, la gracia y la justicia, invitando a sus oyentes al cielo, pero habló también con particular seriedad sobre el infierno. Lo describe como un abismo sin fondo, un lugar donde «el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga» (Mr 9:44), un lugar de «castigo eterno» (Mt 25:46).

Conociendo esta realidad, Él nos avisa con una intensidad vehemente insuperable, para que no terminemos en ese lugar: «Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno»

(Mt 5:29).

«Mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno» (Mt 18:8).

Todamo de: Werner Gitt – Preguntas Que siempre suelen hacerse

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