¿No estaba predestinado Judas para traicionar a Jesús para que así fuese posible la salvación?

Tenemos que tener presente una cosa: fue Jesús, y no Judas, quien hizo posible la salvación. Fue necesaria la muerte del Señor Jesús, para proporcionar al hombre la salvación. Un hombre completamente sin pecado debía tomar sobre sí el juicio sobre el pecado en lugar del pecador. Conforme al designio de Dios, Jesús «fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación» (Ro 4:25). Desde la determinación hasta la realización de la crucifixión de Jesús hubo muchas personas implicadas en el acto, tanto judíos como romanos: el Concilio Judío en Israel (Mr 14:64), la multitud reunida (Jn 19:7; Hch 13:28), Pilato (Mr 15:15) y los soldados romanos (Mr 15:24).

Con su traición, Judas también fue un eslabón de esa cadena. Pero Dios no le «obligó» a entregar al Señor, lo hizo por su propia y libre decisión. El que el Señor Jesús supiera ya antes de ocurrir que Judas lo entregaría de manera voluntaria (Jn 13:21-30) y que en el Antiguo Testamento esté profetizado con notables detalles (Zac 11:12-13) es debido a la omnisciencia de Dios, pero no a una compulsión. Es difícil discernir claramente por los textos bíblicos los motivos que llevaron a Judas a traicionar a su Maestro. Heinrich Kemner, fundador del centro de formación evangélica de Krelingen (Alemania), incluso formuló la posibilidad de que Judas quería meter a Jesús en esa situación tan delicada para que demostrara ya de una vez su poder en Israel.

Judas después no podía imaginar que Jesús se dejaría matar sin defenderse. Aunque muchas personas estuvieron directamente involucradas en la muerte del Hijo de Dios, sin embargo, ellas no fueron en realidad los que la causaron, porque Jesús murió a causa de los pecados de toda la humanidad. Cada uno de nosotros ha contribuido a la muerte de Cristo, porque «Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Is 53:5).

La negación de Jesús por parte de Pedro, ante una sirvienta insignificante, se puede comparar a la traición de Jesús por parte de Judas. La diferencia fundamental entre esos dos hombres no reside en su pecado, sino en el arrepentimiento. Porque Pedro lamentó amargamente y se arrepintió de haber negado a Jesús (experimentó «tristeza según Dios» 2 Co 7:10) obtuvo perdón. También Judas hubiese obtenido perdón si le hubiese buscado en el lugar adecuado: en Jesús. Pero no volvió a su Señor; por ello permanece el «Ay» sobre su acto: «A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!» (Lc 22:22).

Todamo de: Werner Gitt – Preguntas Que siempre suelen hacerse

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