¿Cuál es el destino de los niños que han muerto de corta edad, antes de haber podido tomar una decisión?

¿Cuál es el destino de los niños que han muerto de corta edad, antes de haber podido tomar una decisión? ¿Qué sucede con los embriones abortados intencionadamente y con los enfermos mentales? ¿Están perdidos?

La pregunta fundamental aquí es: ¿A partir de qué momento hay que considerar al embrión como un ser humano? Si damos crédito a las corrientes del mundo secular, se tiene la impresión que ese momento se deja a la libre interpretación de cada uno, o a la legislatura del estado. Pero si buscamos una respuesta fiable acerca del comienzo de un ser humano, la hallamos en la Biblia.

La creación individual de una persona comienza en la concepción, en el momento en que el espermatozoide del padre fecunda el óvulo de la madre. El Creador interviene de manera directa en el desarrollo de cada embrión: «Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien» (Sal 139:13-14). Cuando Dios llama a Jeremías, le declara que le conocía como persona aún antes de su nacimiento, y que le había escogido para una misión especial: «Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, y te di por profeta a las naciones» (Jer 1:5).



Retengamos esto:
Desde el principio, el hombre es un individuo y según numerosos textos bíblicos es una criatura eterna cuya existencia nunca terminará (Lc 16:19-31; He 9:27).

Pero ¿dónde va el hombre después de haber cruzado el valle de la muerte? La cosa está clara para todos aquellos que han escuchado el evangelio y que estaban en condiciones de tomar una decisión. También la voluntad de Dios está clara: «Es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 P 3:9). La salvación o condenación dependen, por consiguiente, únicamente de nuestra voluntad. Tenemos la libertad de ir al cielo o al infierno.

Podemos escoger entre los dos caminos (Dt 30:19; Jer 21:8).

Pero las personas a las cuales alude la pregunta no tienen una voluntad para hacer una elección tan importante. En la Edad Media se fraguó la falsa doctrina según la cual las alma de los niños no bautizados y fallecidos a corta edad iban a la condenación.

Esta enseñanza no es bíblica, pues pretende que el bautismo puede salvar a los menores o los que no tienen raciocinio. Según las enseñanzas centrales de la Biblia, sin embargo, no es el bautismo el que tiene poder para salvar, sino la fe en el Señor Jesucristo (Hch 16:31). Para contestar la pregunta planteada, no nos ayuda el bautismo de los niños, que además no se puede administrar a los fetos abortados. La solución la encontramos en la norma de Dios: «Dios no hará injusticia y el Omnipotente no pervertirá el derecho» (Job 34:12), porque sus juicios son absolutamente justos (Ap 16:7) y se llevan a cabo de forma imparcial (1 P 1:17; Ro 2:11). Tenemos, por consiguiente, la certeza que las personas mencionadas en la pregunta no serán condenadas. Ellos no tienen ninguna culpa de su destino. Cuando las madres llevaron sus niñitos (y probablemente también a bebés) a Jesús, los discípulos lo consideraban como una molestia inútil para el Señor, que estaba fatigado después de una dura jornada. Pero en esa ocasión Jesús destaca a los niños de manera especial como herederos del Reino de los Cielos: «Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios» (Mr 10:14).

 Todamo de: Werner Gitt – Preguntas Que siempre suelen hacerse

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