FAMILIA AL SERVICIO DEL EVANGELIO

FAMILIA AL SERVICIO DEL EVANGELIO

LA SANTIDAD DE LA FAMILIA AL SERVICIO DEL EVANGELIO

“Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Marcos 16, 14-18).

Reflexión 

Mediante el matrimonio, en el cual está enraizada y de la que se alimenta, la familia es vivificada continuamente por el Señor y es llamada e invitada al diálogo con Dios mediante una vida santa, el ofrecimiento de la propia vida y oración.
Fuente y medio original de santificación propia para los cónyuges y para la familia cristiana es el matrimonio, que presupone y especifica la gracia santificadora del bautismo. En virtud del misterio de la muerte y resurrección de Cristo, en el que el matrimonio cristiano se sitúa de nuevo, el amor conyugal es purificado y santificado: el Señor se ha dignado sanar este amor, y perfeccionándolo y elevarlo con el don especial de la gracia y la caridad.

Jesús permanece con ellos

El don de Jesucristo no se agota en la celebración del matrimonio, sino que acompaña a los cónyuges a lo largo de toda su existencia. Jesucristo permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella… Por ello los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y consagrados con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y, por tanto conjuntamente a la glorificación de Dios.

La vocación universal a la santidad está dirigida a los cónyuges y padres cristianos. De ahí nacen la gracia y la exigencia de una auténtica y profunda espiritualidad conyugal y familiar, que ha de inspirarse en los motivos de la creación, de la alianza, de la cruz, de la resurrección.

Testigos del “Evangelio de la familia”

En nuestra época, como en el pasado, no faltan testigos del “evangelio de la familia”, aunque no sean conocidos o no hayan sido proclamados santos. Es sobre todo a los testigos a quienes, en la Iglesia, se confía el tesoro de la familia: a los padres y madres, hijos e hijas, que a través de la familia han encontrado el camino de su vocación humana y cristiana, la dimensión del “hombre interior” (Efe. 3, 16), de la que habla el Apóstol, y han alcanzado así la santidad. La Sagrada Familia es el comienzo de muchas otras familias santas.

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Aquí publicamos Estudios Bíblicos, Reflexiones Cristianas con el propósito de ayudar a toda la comunidad Cristiana para que juntos llevemos el mensaje de Dios a las naciones con más amplitud y efectividad el Evangelio del Reino.

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