En tus manos me abandono

Yo me abandono ¡oh Dios! en tus manos.
Toma este barro y modélalo
como la arcilla entre las manos del alfarero;
dale una forma y después, rómpela, si quieres
como es despedazada la vida
de tantos hermanos.

Pide, ordena.
¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que no haga?
Ensalzado o humillado, perseguido,
incomprendido,
calumniado, alegre o triste,
o inútil para todo,
sólo diré,
a ejemplo de tu Madre:?Hágase en mí según tu
palabra?.
Dame el amor por excelencia,
el amor de la Cruz.
Pero no de las cruces heroicas
que podrían nutrir mi vanidad,
sino de las cruces vulgares que,
sin embargo, llevo con repugnancia.
De esas que se encuentran cada día
en la contradicción,
en el olvido, en los juicios falsos,
en la frialdad del alma,
en los desaires y desprecios de los demás;
en el malestar y defectos del cuerpo,
en la oscuridad de la mente
y en el silencio y aridez del corazón.

Entonces sólo Tú sabrás que te amo,
aunque ni yo mismo lo sepa, pero eso basta.
Amén.

Por: Robert Kennedy (hallada en su bolsillo el día de su asesinato).

Tomado de: Al encuentro con Dios Oraciones para la vida cristiana. Equipo Teyocoyani

 

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