El poder sin igual de la oración

“…Qué Hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede pon nosotros con gemidos indecibles”, Romanos 8:26.

Nosotros entendemos que el Espíritu Santo nos aviva para la oración. Y sabemos lo que es orar conforme al Espíritu.

Pero con frecuencia no comprendemos que en nosotros el Espíritu mismo hace oraciones que no podemos expresar. Cuando nacemos de nuevo de lo alto y el Espíritu de Dios mora en nosotros, Él comunica por (a traves de) nosotros lo indecible.

Él, el Espíritu Santo que habita en ti, conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos (Romanos 8:27). Dios escudriña tu corazón, no para saber cuáles son tus oraciones conscientes, sino para descubrir cual es la oración del Espíritu Santo. El Espíritu usa la naturaleza del creyente como un templo en el cual puede ofrecer sus oraciones intercesoras. “Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo…”, 1 Corintios 6:19. Cuando Jesucristo limpió el templo, no consentía que nadie atravesara el Templo llevando utensilio alguno (Marcos 11:16). El Espíritu de Dios no permitirá que uses tu cuerpo para tu propia conveniencia. Jesús echó implacablemente a todos los que compraban y vendían en el templo, y les dijo: “Mi casa será llamada casa de oración… Pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”, Marcos 11:17.

¿Reconocemos que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?

Si es así, debemos tener cuidado de conservarlo sin mancha para Él. Debemos recordar que nuestra vida consciente, aunque sólo es una pequeñísima parte de nuestro todo como personas, debe considerarse como el templo del Espíritu Santo. Él cuidará la parte inconsciente acerca de la cual no sabemos nada, pero a nosotros nos corresponde cuidar la parte consciente por la cual sí somos responsables.

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