El ministerio interno

“Pero vosotros sois… real sacerdocio”,  1 Pedro 2:9

¿Qué derecho nos convierte en un “sacerdocio real”? El derecho de la expiación por la cruz de Cristo. ¿Estamos preparados para poner a un lado, de manera resuelta, nuestros intereses y entregarnos al trabajo sacerdotal de la oración? La continua búsqueda interior para ver si somos lo que deberíamos ser produce un tipo de cristianismo enfermizo y egoísta: no la vida vigorosa y sencilla de un hijo de Dios. Hasta que no lleguemos a una relación adecuada y satisfactoria con Él, nuestra situación será sólo la de “aguantar a duras penas”, aunque digamos:

“¡Qué maravillosa victoria he obtenido!” Sin embargo, en este caso no hay nada que indique el milagro de la redención. Lánzate con una fe a ojos cerrados y cree que la redención es completa. Luego no te preocupes más por ti mismo, sino empieza a actuar de acuerdo con lo que dijo Jesucristo: Ora por el amigo que acude a ti a la medianoche, ora por los creyentes y ora por todos los hombres. Ora comprendiendo que eres perfecto únicamente en Cristo Jesús y no sobre la base del siguiente argumento: “¡Oh, Señor, he hecho lo máximo que he podido! Escúchame ahora, por favor”.

¿Cuánto tiempo le tomará a Dios librarnos de esa malsana costumbre de pensar sólo en nosotros? Debemos hartarnos de nosotros mismos, hasta el punto de que no nos sorprenda lo que Dios nos pueda decir sobre quiénes somos. Sólo hay un punto de encuentro donde estamos bien con Dios: Cristo Jesús. Una vez nos encontremos ahí, debemos derramar nuestra vida con todo lo que tenga de valor para este ministerio de la vida interior.

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