EL MATRIMONIO: 2. ¿CÓMO DEBO TRATAR A MI CÓNYUGE?

gente pareja conyugeComo Cristo a su cuerpo. Todas las directrices sobre la comunión, las relaciones y la amistad se aplican sobre todo a los esposos. Además, la esposa debe tratar a su esposo como trataría a Cristo y el esposo a la esposa como Cristo trata a la Iglesia:

Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, tam­bién las esposas deben someterse a sus esposos en todo.

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una igle­sia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuer­po. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al con­trario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo… Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo (Ef. 5:22-33).

El amor es un compromiso. La unidad y el amor son un: compromiso aun cuando te sientas airado o poco atraído. ‘Es importante que cada uno esté completamente comprometido, a pesar de los fracasos, el envejecimiento y el desa­cuerdo. Es lo que los capacita para sentirse seguros en medio de tiempos turbulentos. Si el compromiso es tan firme como tus emociones, entonces caminarás constante­mente sobre cáscaras de huevos y esconderás la suciedad bajo la alfombra para mantener el matrimonio.

Eres responsable de tratar a tu cónyuge según todos los mandamientos de Dios, aun si ella o él no los reconoce o no los obedece. Esto es duro si te has casado con un incrédulo o con alguien inmaduro o que tiene una fe nomi­nal, pero aún así, eres responsable de tus actos.

La comunicación es esencial. Para poder funcionar como una unidad, el hablar debe ser prioritario. Si estás muy ocupado, debe programar unas pocas horas a la sema­na para conversar entre sí. Hablen sobre:

  • Con quién han estado tratando durante la semana.
  • Si tienen buenas relaciones con esas personas.
  • Cuáles son sus principales responsabilidades de cada día.
  • Si pueden controlarlas.
  • Si necesitan sabiduría o ánimo para tratar con alguna relación o alguna responsabilidad.
  • Si hay alguna decisión, grande o pequeña, que deban hacer como pareja.

Evita o arrepiéntete de las siguientes barreras de comunicación:

  • la actitud de que alguna esfera de actividad (tu trabajo, tus aficiones) no le incumben en absoluto a tu cónyuge;
  • la excusa de que no eres un buen conversador (¡tendrás que aprender!);
  • la demanda callada o verbal para que tu cónyuge te diga todo o te escuche cada vez que hablas (una andanada de pregun­tas o de habladuría desanima a las personas tranquilas);
  • la tendencia de “agobiar” a tu cónyuge;
  • el miedo al rechazo y el desprecio;
  • hablar ásperamente (la acusación, hablar muy alto, la im­paciencia, la especulación sobre los motivos del otro).

Pon a Cristo en el centro. A menos que el matrimonio sea edificado sobre la roca que es Cristo, las tormentas de la vida (la enfermedad, la pérdida de trabajo, los calendarios muy cargados, la estrechez monetaria) pueden destruirlo muy fácilmente (Luc. 6:47-49). Asistir a la iglesia no es suficiente; deben orar juntos a diario sobre las situaciones que están enfrentando y buscar juntos en las Escrituras cuando hay alguna decisión que tomar. Aprender a decir a tu cónyuge cuáles son tus necesidades de oración y expresar tus ver­daderos sentimientos a Dios en presencia del otro, es un enorme estímulo para la comunicación entre ambos. Orar juntos asusta y es difícil de programar al principio, pero es de la mayor importancia.

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