EL LIDER Y SU FIDELIDAD A DIOS ANTE LA CRISIS parte (2 de 3)

En el proceso de restituir mi  intimidad con Dios debo reconocer también la necesidad de:

4. Hablar positivamente de la persona. El proceso de perdón siempre pasa por un momento de negación o resistencia a dar ese paso, existe la posibilidad de que mientras más nos esforzamos en sanar las heridas los recuerdos del mal recibido ahogue el proceso de sanación.

Cuando hablamos positivamente del agresor o al menos obviamos mencionar el daño recibido, internamente me veo impulsado a reconciliarme.

Entonces la cantidad y calidad de palabras positivas que mencionen mis labios determinara lo acelerado de mi sanidad y la restauración de mi intimidad con el padre celestial.

No se puede presumir de tener un corazón restaurado si las palabras que reflejan la riqueza del corazón no lo reflejan.

Dios desea que nada se interponga en nuestra intimidad con Él y esto pasa por el quebrantamiento del viejo hombre a través de la prueba, para así poder demostrar su poder en nuestra debilidad. Pues Él en ello se perfecciona.

5. Recurrir a Dios en oración: hay momentos en que deberé reunir mis pensamientos y sentimientos para presentarlos al señor en oración. La confesión y perdón divino me eleva a posiciones de gozo, pues en el ínterin del proceso también nosotros fallamos y necesitamos la reivindicación divina.

Sumergirnos en la presencia del Padre nos desconecta con el dolor sufrido y nos ubica en un ambiente de refrigerio para el alma. Jesús muchas veces se aparto de con sus discípulos para estar a solas con ellos y así transmitirles nuevas fuerzas, visión y destino.

Próxima Entrega: El líder y su equipo.

 

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