EL LIDER Y SU FIDELIDAD A DIOS ANTE LA CRISIS. 1 de 3

FIDELIDAD A DIOS ANTE LA CRISIS

EL LÍDER Y SU FIDELIDAD A DIOS ANTE LA CRISIS

Cuando se instala en su corazón deseos de venganza,
También se abre el camino del perdón
Autor desconocido.

La mayoría de las personas tiende a adquirir cierta sensibilidad cuando han sido golpeadas varias veces o cuando han sufrido fracasos y frustraciones, hay algunos que reaccionan con ira y venganza, otros con perdón y abundante paciencia, otros terminan aceptando el dolor o la ofensa como si la merecieran.
La mayoría de veces nos vemos desafiados tanto en el trabajo, escuela, universidad, comunidad o iglesia por personas carentes de comprensión cuyo fin supremo en esta vida según su criterio es: señalar los errores de los demás.
Ante este reto tan difícil de evadir ya sea porque Dios pone a estas personas para que en lo interior Nosotros crezcamos en carácter o porque son parte de nuestro ambiente y tendríamos que cambiar de ciudad, iglesia o mundo para no oír sus comentarios, solo queda una opción desde el punto de vista bíblico ?revestirnos de la gracia de Dios y a través de ella perdonar, perdonar y perdonar? para así restaurar mi relación con Dios y con su Espíritu Santo.

Observaremos algunos pasos importantes a tomar para que nuestra intimidad con Dios se restituya después de una crisis ministerial.

1. Debo reconocer las áreas débiles de mi persona. La mayoría de las personas no desean reconocer que están vestidos de imperfección y como tal son propensos a fallar, que no existe la infabilidad en el hombre ya que ésta solo le pertenece a Dios.
A medida que aprendo a reconocer mis debilidades conozco mejores formas de responder a situaciones en donde mi Fe y mi integridad se vean comprometidas, ya lo dijo Jesús ?sed pues vosotros perfectos como vuestro padre que está en los cielos es perfecto? dejando por sentado su perfección  y el deseo a que nosotros aspiremos a esa perfección, a través de la lucha y el sometimiento de nuestra voluntad a Dios.

2. Debo resistirme a mi primer impulso.-  existe una gran parte de hombres santos, íntegros, con sanas inclinaciones  que se dejaron seducir por la primer provocación producto de una ofensa o un señalamiento.
se imaginan ustedes a José, si este hubiera cedido al recuerdo que estaba agazapado en su interior, al ver presentarse a sus hermanos después de tantos años y tener el poder y la oportunidad de vengarse del agravio de su niñez?
La grandeza de su misión esta a tono con su capacidad de detener el hombre vengador que había en su pasado  y perdonar a sus hermanos.
Se imaginan a David siendo aun el músico del palacio de Saúl y este queriéndolo matar, lo persigue hasta la saciedad sin poder dar con sus huesos. La actitud de David de pasar por alto el agravio y esperar el tiempo de Dios a pesar de estar ya ungido para ser el sucesor de Saúl. ¿De cuanta riqueza se hubiese perdido el escritor sagrado si estos personajes insignes hubieran dado rienda suelta al primer impulso?
Alguien dijo que para seguir a Jesús o para hacer el bien debemos ser diligentes  en nuestra decisiones,  pero dar lugar para que en nuestro corazón hayan deseos del desquite, pensemos cien veces las repercusiones de nuestra decisión.

3. Debo entrar al proceso del perdón.
Sería lógico expresar una fórmula mágica para el perdón instantáneo, si la hay desearía saberlo. Pero el perdón no es algo que pudiese hacerse de una sola vez, es un proceso que va proporcional a la profundidad de la herida que hemos sufrido.
La calidad de la ofensa, la intensidad del dolor sufrido y la profundidad de la herida  determinara la duración del proceso.
No trate de resolver todo de una vez, debemos  de ir por partes transitando de lo más sencillo a lo más complejo hasta que veamos que la suma de los perdones por ofensas insignificantes han preparado nuestro corazón para los grandes momentos del corazón.

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