EL FARO

Esta noche estoy en mi cuarto, sintiéndome solo y triste.
Me parece que tanto se ha alejado
mi barco de la orilla que ya no
podré volver al faro, que ahora se ve
lejano e inalcanzable.

Siento como los vientos soplan fuerte,
y me tratan de alejar de mi refugio.
Las penas, el trabajo y la soledad
me alejan de mi Señor.


Pero hoy quiero pelear, y ya no me quiero ocultar,
lucharé y remaré, y mi meta prometida alcanzaré
pues no estoy solo ahora en este mar,
me acompaña el capitán. Aquel que dió vista
al ciego, voz al callado, alegría al triste.
Ese mismo ordena hoy a la tormenta “¡SILENCIO!”
y ésta le obedece.

Esta noche levanto mi voz a tí Señor,
y para hacer valer tu sacrificio te
entrego hoy todo este suplicio.

Sopla en mi Señor tu espíritu, y llévame hacia tí,
pues ya no quiero naufragar en este mar, y quiero por
siempre contigo estar.

De esta forma hoy, gracias a tu misericordia puedo ver tu luz
y emprendo mi camino hacia el faro que eres tú.

Arturo Quiros

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