EL CRISTIANO EN LA SOCIEDAD

CRISTIANO EN LA SOCIEDAD manos

EL CRISTIANO EN LA SOCIEDAD

¿CUÁLES SON MIS RESPONSABILIDADES EN LA SOCIEDAD SECULAR?

Ora.

Así que, recomiendo, ante todo, que se hagan ple­garias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna (1 Tim. 2:1, 2).

En las manos del SEÑOR el corazón del rey es como un río: sigue el curso que el SEÑOR le ha trazado (Prov. 21:1).

No importa cuán secular sea un gobierno, Dios lo tiene bajo control. Él permite en ocasiones que dirigentes necios tomen decisiones necias y atraigan juicio sobre sí. Sin em­bargo, Dios responde las oraciones de los ciudadanos pia­dosos. Pídele persistentemente que les conceda sabiduría y humildad a los gobernantes; que lo conozcan a él y amen la justicia. Ora también por asuntos políticos concretos.

Sométete a la autoridad legítima. A los cristianos que vivían bajo un régimen pagano autoritario, Pablo les escribió:

Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden recibirán castigo. Porque los gobernantes no están para infundir terror a los que hacen lo bueno sino a los que hacen lo malo. ¿Quieres librarte del miedo a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás su aprobación…

Por eso mismo pagan ustedes impuestos, pues las autoridades están al servicio de Dios, dedicadas pre­cisamente a gobernar. Paguen a cada uno lo que le co­rresponda: si deben impuestos, paguen los impuestos: si deben contribuciones, paguen las contribuciones; al que deban respeto, muéstrenle respeto; al que deban honor, ríndanle honor (Rom. 13:1-3, 6-7).

Pon a Dios en primer lugar. Para Pablo y otros cris­tianos primitivos, someterse a las autoridades representó en muchas ocasiones aceptar el castigo por proclamar el evangelio cuando se les prohibía hacerlo. Ellos rechazaron la rebelión armada, pero no podían obedecer una orden que los obligara a hacer lo que Dios les prohibía o dejar de hacer lo que él les mandaba (Hech. 4:1-20; 16:16-40). Prefirieron la prisión y la muerte antes que negar a Cristo. Pero sus actitudes respetuosas y su cumplimiento de las leyes, los hicieron testigos creíbles de Cristo cuando fueron arrestados a causa de sus actividades cristianas.

Procura la justicia.

El justo se ocupa de la causa del desvalido; el mal­vado ni sabe de qué se trata (Prov. 29:7).

La justicia es:

  • Todos consiguen lo que es su derecho (Job 34:10-12;Ro m.13:7).
  • Conforme a la verdad y a normas coherentes (Lev. 19:35,36; Isa. 28:17).

Los cristianos deben promover leyes y decisiones legales que den a las personas aquello que merecen y se confor­men a las normas bíblicas de justicia. Deben apoyar medi­das honestas tales como: salario justo por el trabajo honrado, precios justos, publicidad veraz, castigo o restitución ajustado al delito, juicios imparciales. administración res­ponsable del medio, preocupación por las generaciones futuras, y la protección de la propiedad.

Dios no solo mandó a los israelitas a que actuaran con justicia y obedecieran la ley, también les pidió que ayudaran a los indefensos a obtener justicia. Se mencionan especial­mente los extranjeros, los inocentes y los pobres.

Participa. Los cristianos que viven en países democráticos tienen derechos que los primeros cristianos no pudieron ni siquiera imaginar. Podemos votar, hacer solicitudes, protes­tar, organizarnos, hablar en el consejo de la ciudad y aspirar a cargos públicos. Tales derechos aumentan enormemente nuestra capacidad para promover la justicia. Todos los ciu­dadanos deben aprender sobre los asuntos políticos y los candidatos y votar siempre que sea posible. Particularmente, puedes marcar la diferencia en las elecciones y decisiones locales, en las que participan pocas personas.

La separación entre la iglesia y el Estado significa que la iglesia organizada no puede integrarse en el gobierno; sin embargo, tus creencias teológicas deben influir en los procesos políticos. Ser la sal y la luz del mundo (Mat. 5:13­16), significa influir en la sociedad con la verdad de Dios.

Respeta a los que opinan de otra manera. En general, los cristianos están de acuerdo en cuanto a las metas políti­cas (reducir la pobreza y el crimen, preservar la tierra de la destrucción, evitar la guerra y la opresión, estimular la prosperidad económica, etc.), pero difieren en los métodos para conseguirlas. Cuando no estés de acuerdo con alguien (cristiano o no) sobre política, asume que el otro tiene buenos motivos a menos que pruebes lo contrario. Presén­tales las normas bíblicas, escúchalos, ámalos y, si puedes, ora con ellos.

Sobre nosotros enabundancia

Aquí publicamos Estudios Bíblicos, Reflexiones Cristianas con el propósito de ayudar a toda la comunidad Cristiana para que juntos llevemos el mensaje de Dios a las naciones con más amplitud y efectividad el Evangelio del Reino.

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