El amparo de la liberación personal

“Contigo estoy para librarte, dice Jehová”, Jeremías 1:8

Dios le prometió a Jeremías que lo libraría personalmente: “Tu vida te será por botín…”, Jeremías 39:18. Eso es todo lo que Dios les promete a sus hijos. Él guardará nuestra vida dondequiera que nos envíe. Nuestras propiedades y posesiones personales no deben ser importantes y no debemos apegarnos a ellas. Si lo hacemos, habrá temor, dolor y aflicción. Esta es la esencia del amparo que nos ofrece la protección de nuestras vidas.

El Sermón del Monte enseña que cuando estamos ocupados en los asuntos de Jesucristo, no tenemos tiempo para defendernos a nosotros mismos. Él nos dice al respecto: “No te preocupes si eres tratado de ana manera justa o no”. En realidad, procurar que nos traten con justicia indica que nos hemos desviado de la devoción a Él. Nunca busques la justicia en este mundo, pero nunca dejes de darla. Si la buscamos, empezaremos a quejarnos y a ser dominados por el descontento que produce la autocompasión: “¿Por qué me tratan de esta manera?” Si estamos consagrados a Jesucristo, no haremos nada con respecto al trato que recibamos, sea justo o injusto. En esencia, Jesús dice: “Sigue firme haciendo lo que te mandé y Yo guardaré tu vida. Si tratas de cuidarla tú mismo, te apartas de mi liberación”. Los más devotos de entre nosotros nos volvemos ateos en este asunto. No le creemos a Dios, entronizamos al sentido común y luego le pegamos el nombre del Señor. Nos apoyamos en nuestro entendimiento en lugar de confiar en Él de todo corazón (ver Proverbios 3:5-6).

 

 

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