DIOS: 5. ¿QUÉ SON LOS DONES DEL ESPÍRITU?

Los dones del Espíritu son habilidades, otorgadas por el Espíritu Santo, que nos capacitan para servir a Cristo y edificar su cuerpo. Se diferencian del “fruto del Espíritu” (GAL. 5:22, 23), que es una cualidad del carácter de siervo en el cristiano. Romanos 12:3-8 y 1 Corintios 12:8-10, 28 enumeran algunos de los dones que el Espíritu concede. En 1 Corintios 1214 aprendemos lo siguiente:
El propósito de todos los dones es edificar el cuerpo de Cristo. Los dones no se conceden para conseguir fama, reconocimiento o logros personales. “No son propiedad nuestra para utilizarlos como nos plazca, sino que son habilidades espirituales que nos han sido confiadas por Dios para que las utilicemos en favor de otros para su gloria y según él indique” (1 Ped. 4:10, 11).

Los dones no son condecoraciones o recompensas.
Personas famosas o muy dotadas no son necesariamente más santas o valiosas que aquellas que tienen dones más humildes y menos evidentes. Personas que sientan que han pecado seriamente no tienen que sentirse menos merecedoras de los dones. Todos los dones son inmerecidos, otorgados por gracia.

Todos los dones son esenciales para los propósitos de Dios. Nunca debes sentirte menos o más importante que cualquier otra persona. No pretendas conseguir una buena posición espiritual ni permitas que nadie que busque tal cosa te ponga a un lado.

Cada cristiano posee por lo menos un don. Decir que no tienes ningún don es lo mismo que decir que no tienes ninguna función en el cuerpo.

El Espíritu de Dios otorga los dones soberanamente.
Es él y no tú quien, decide cuál será tu función en el cuerpo y qué dones necesitas. Puedes confiar en que su decisión es perfectamente sabia y buena para el cuerpo como un todo, aun si te gustara un don más destacado para tu propia satisfacción y orgullo.

Los dones deben ser desarrollados y ejercitados. Obtienes un don por gracia, pero aprender a usarlo, exige mucho tiempo y esfuerzo, estudio y práctica. Dios nos hace responsables del modo como desarrollamos lo que él nos ha concedido.

El uso efectivo de cada don depende de la fe en Cristo. No es suficiente reconocer que el don nos ha sido otorgado soberanamente y trabajar duramente. Tenemos que depender constante y conscientemente del poder capacitador de Cristo. No podemos dar por sentado la asistencia de Dios ya sea no trabajando arduamente o simplemente no dependiendo de su poder.

El uso efectivo de los dones exige la participación en un cuerpo local. El objetivo de los dones es la edificación concreta, no abstracta, del cuerpo. La única manera de edificar realmente la iglesia universal, es integrándote y colaborando en un cuerpo específico de creyentes.

Los dones son inútiles y hasta dañinos si falta el amor. A menos que el amor permee todas nuestras relaciones, destruiremos la unidad que se supone debe conseguirse con los dones.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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