DIOS: ¿CÓMO PUEDE UN DIOS AMOROSO ENVIAR PERSONAS AL INFIERNO?

Dios creó muchas cosas y seres a quienes ama y con quienes se regocija, pero ellos no tienen la capacidad para responder a ese amor. Así son los astros, las piedras, los árboles y los animales. Pero Dios también decidió hacer otras criaturas con la capacidad de amar, sentir, razonar y hacer decisiones morales. Él deseó mantener una relación personal con los seres que creó, la clase de relación que exigía todas esas capacidades.

Dios también quería demostrar la dimensión de su amor, hasta donde sería capaz de llegar por el bienestar de sus criaturas. Sobre todo, él quería mostrar su gloria a toda la creación viviente, la majestad y los atributos que lo hacen ser el único que merece ser adorado. Al haber creado seres capaces de decidir amarlo y adorarlo, quiso mostrar cabalmente por qué debían hacerlo.

Con estas metas en mente, Dios creó al hombre. Los primeros hombres decidieron oponerse a Dios y condenaron a sus descendientes a hacer lo mismo a menos que el propio Dios interviniera. Esto hizo él al enviar a su Hijo -Dios encarnado- a sufrir la tentación, la separación del Padre y la muerte. Dios estableció quiénes responderían a este impensable acto de amor. Sin embargo, misteriosamente, es real la libertad de cada persona para escoger qué hará.
La elección es de suma importancia. En The Great Divorce (El Gran Divorcio) C. S. Lewis describe a los habitantes del infierno que hacen una gira por el cielo. Lo encontraron aburrido e incómodo. Aunque en el infierno eran muy desgraciados, ese era el lugar donde realmente encajaban. Dios los había creado y ellos se hicieron a sí mismos incapaces de disfrutar en la eterna presencia de Dios. En Mere Christianity (Cristianismo y Nada Más), Lewis describe cómo una persona se hace ciudadano del infierno:

La gente piensa frecuentemente que la moralidad cristiana es una clase de trato en el que Dios dice: “Si cumples con una serie de reglas, te recompensaré, pero si no lo haces, no lo haré”. No creo que sea esta la mejor manera de ver el asunto. Me gustaría mucho más decir que cada vez que tomas una decisión, estás activando tu parte principal, la que te permite elegir, un poco diferente de lo que era antes. Así, mirando toda tu vida, con todas tus innumerables decisiones, durante toda ella has estado haciendo que esa tu parte principal te haga una criatura más celestial o más infernal, o una criatura que vive en armonía con Dios, con las demás criaturas y consigo misma, o de otra manera en una que está constantemente en un estado de guerra y odio hacia Dios, sus criaturas y consigo misma. Ser de la primera clase de criaturas es estar en el cielo; esto es: gozo, paz, conocimiento y poder. Ser de la otra clase significa locura, horror, idiotez, rabia, impotencia y eterna soledad. Todos nosotros, en cada uno de los instantes de nuestra vida, progresamos hacia alguno de estos dos estados.?

No es que Dios sea cruel y mande a una criatura infernal al infierno: es que en realidad no se sentiría bien en ningún otro sitio. No es una crueldad de Dios permitir que nazcan niños que van a crecer y que luego se transformarán en criaturas infernales, pues esto es necesario para el bien de todas sus criaturas y para mostrar su gloria. Pregunta a un no cristiano si desearía que Dios nunca lo hubiera creado. Si respondiera afirmativamente, se sentiría miserable en el cielo, pero puedes estar seguro de que Dios ha conseguido algún bien de su existencia de maneras que esa persona desconoce

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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