DIOS: 1. ¿QUIEN ES DIOS Y A QUÉ SE PARECE?

QUIEN ES DIOS

Cómo Conocer Al Rey: ¿QUIÉN ES DIOS Y A QUÉ SE PARECE?

La Biblia sistemáticamente adapta el lenguaje humano para hablarnos de Dios. De esta manera provee una idea adecuada acerca de su naturaleza y carácter, aun cuando su esencia queda más allá de nuestra capacidad de comprensión.

Yavé. YHWH es el nombre personal que Dios utilizó cuando estableció su pacto con Israel (Exo. 3:14, 15). Significa “YO SOY EL QUE SOY” o “Yo seré el que seré”. Esto es, él es el único que existe esencial e independientemente y quien está activamente presente con su pueblo. Dios mismo explica su nombre de la manera siguiente:

El SEÑOR, el SEÑOR, Dios clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor y fidelidad, que mantiene su amor hasta mil generaciones después, y que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; pero que no deja sin castigo al culpable… (Éxo. 34:6, 7).

Como los judíos decidieron finalmente que el nombre de Dios era demasiado santo para ser pronunciado, comenzaron a llamarlo “el Señor” y la mayoría de las traducciones utilizan dicha expresión. Los siguientes son otros nombres de Dios utilizados en el Antiguo Testamento:

  • Elohim: “Dios”, el trascendente (Gén. 1:1);
  • El Shaddai: “Dios Todopoderoso” el monte (Gén. 35:11); > Adonai: “el Señor”, soberano sobre todas las cosas (Gén. 15:2);
  • Yavé Sabaoth: “el Señor de los ejércitos” o “el Dios Todopoderoso”, soberano de las huestes celestiales (Sal. 24:10);
  • Qadosh Yisrael: “el Santo de Israel” (Sal. 71:22).

La Trinidad.

El Nuevo Testamento establece claramente que en realidad Dios es tres personas en una (ver Juan 14-16, 1 Cor. 12:3-6; 2 Cor. 13:14). Cómo es posible esto es para nosotros un misterio, pues no sabemos de otros seres que sean al mismo tiempo una y tres personas. Pero los escritores bíblicos insisten en que el Padre es totalmente Dios, que Jesús es totalmente Dios y que el Espíritu Santo es totalmente Dios. No son las mismas personas pero son un solo Dios.

Los atributos de Dios.

Existe. Dios no puede dejar de existir. Es el único ser que tiene vida en sí mismo y del cual emana la vida (Juan 5:26).

Es personal. Dios tiene personalidad, conciencia, capacidad de elección y vida. Nos relacionamos con él como con una persona, no como con una fuerza (Hecho. 17:27).

Es sencillo, perfecto e inmutable. Dios nunca experimenta conflicto consigo mismo. Está enteramente comprometido con lo que es y lo que hace. Su naturaleza y maneras nunca cambian y no pueden ser mejores. Esta inmutabilidad no significa “una actitud eternamente estática, sino su moral consecuente que lo hace fiel a sus principios de acción y lo conduce a tratar de manera diferente a aquellos que cambian su conducta hacia él”2 (Núm. 23:19, Stg. 1:17).

Es infinito, incorpóreo, omnipresente, omnisciente y eterno. Dios no está limitado por el tiempo o el espacio. Es Espíritu y está presente en todas partes. Siempre está en conocimiento de la totalidad del pasado, del presente y del futuro (Juan 4:24).

Es resoluto, todopoderoso y soberano. Dios tiene un plan para el universo. Él trabaja con y por medio de sus criaturas para cumplir su propósito (1) sin violentar el libre albedrío del ser humano ni la naturaleza de lo que él ha hecho y (2) a pesar de la oposición humana y satánica (Luc. 1:37).

Es trascendente e inmanente. Dios es distinto a su creación, no la necesita y está más allá de la comprensión de cualquier intelecto creado. Sin embargo, “Él permea el mundo con su poder creador y sustentador, conformándolo y conduciéndolo para mantenerlo en la trayectoria planeada”3 (Isa. 55:8, 9; 57:15).
Es imperturbable (no “impasible ni insensible”). Ningún ser creado puede infligirle dolor a Dios contra su voluntad. Sorprendentemente, él escoge experimentar pesar, ira o compasión por nuestra causa. Escogió el horrible sufrimiento de la crucifixión. Por otra parte, su gozo y deleite son ilimitados y constantes (Isa. 63:9; Fil. 2:6-8).

El carácter de Dios.

Amor perfecto. Amor es dar a nuestro propio costo para beneficio del que recibe. El ejemplo supremo de amor es que Dios el Padre entregó a su Hijo para que sufriera, a fin de que los seres humanos pudieran ser liberados de la condenación. Dios nunca es egoísta o cruel, aun cuando con frecuencia no entendemos lo que él hace.

Dios no solo nos ama, él es amor en su misma esencia. Las personas de la Trinidad están regocijándose constantemente y expresándose mutuamente su amor (1 Jn. 4:7-9).

Sabiduría perfecta. Dios no solo posee el poder para regir el universo y el amor para desear lo mejor para sus criaturas; tiene también la sabiduría para saber cómo alcanzar su mayor gloria y el mayor bien para los suyos. Siempre sabe qué está haciendo, aunque nosotros no lo sepamos (Rom. 11:33).

Santidad. El amor de Dios no es una indulgencia ciega. Él detesta la maldad moral y muestra su justa ira contra ella. Su santidad demandó que se pagara un precio por la rebelión humana. Su amor determinó que él mismo pagaría el precio exigido. Su amor desea que se tenga una relación íntima con él; su santidad exige que seamos purificados de toda corrupción para conseguir esta relación íntima (Apoc. 15:4).

Perfección moral. Dios es totalmente veraz, fiel, misericordioso, generoso, paciente, justo y bueno. De esta manera trata con todos los hombres, aun con los rebeldes (Sal. 103:1-18; Heb. 6:18).


Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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