Cómo triunfar sobre un espíritu sectarista

Tomado del libro ?Como triunfar en la vida? de Don Gossett

Es muy probable que uno de los mayores ladrones del poder y de las bendiciones espirituales sea el espíritu sectarista: creernos que nuestro propio grupo en particular sea el único que tenga la razón, o que nuestra propia denominación en particular sea la dueña de una esquina en el mercado de las bendiciones de Dios.

Los discípulos de Jesús estaban equivocados al pensar de esa manera. En una ocasión se acercaron a Jesús y le dijeron: “Entonces respondiendo Juan dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros” (Lucas 9:49). No obstante, Jesús los reprendió diciéndoles: “No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (versículo 50).

El sectarismo divide el cuerpo de Cristo, pues hace que los creyentes formen bandos contrarios. La ley de Cristo no es el sectarismo sino la unidad. La vida de Cristo es amor, y no antagonismo y animosidad entre los creyentes. La marca del verdadero discipulado es que nos amemos unos a otros. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan13:35).

Pablo encontró un espíritu sectario en la iglesia de Corinto. Lo que él dijo acerca de ese problema lo podemos leer en 1 Corintios 3:1-9:

De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; yeso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó: pero el crecimiento lo da Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

La iglesia de los corintios era una iglesia que algunas personas pudieran considerar que estuviera muy avanzada en las cosas espirituales. Después de todo, Pablo les escribió que “nada [les faltaba] en ningún don” (1 Corintios 1:7). De acuerdo a 1 Corintios 1:5, ellos poseían todos los dones de expresión y en su iglesia todos los dones de revelación se manifestaban libremente. ¡Eran muy carismáticos! Pablo, sin embargo, no pensaba que los corintios hubieran alcanzado mucha madurez. “Os di a beber leche, y no vianda”, les dijo. Yo sé que ustedes son carnales por cuanto aún “[hay] entre [vosotros] celos, contiendas y disensiones… [Me siguen a mí, o siguen a Apolos, en vez de caer en cuenta de que ¡todos somos uno en Cristo!]”.

Si anhela usted crecer y sobrepasar la etapa de la “leche” en las cosas de Dios, tendrá que deshacerse de todo vestigio de sectarismo.

El sectarismo es justamente otra forma a la cual la Biblia llama “acepción de personas”, y lo que dice Santiago acerca de la acepción de personas es esto: “Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas… Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores” (Santiago 2: 1, 8, 9).

Más adelante en su epístola, Santiago escribe: “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3:13-16).

Donde hay celos y contención, dice Santiago, hay allí ¡toda obra perversa! No en balde le era imposible a Pablo ir más allá de lo elemental con los corintios. No estaban preparados para ello. Tenían envidia. Tenían contienda. Tenían divisiones. Y aprendemos en el capítulo seis que también tenían inmoralidad. Evidentemente era cierto que tenían “toda obra perversa”.
Las personas del mundo luchan y compiten y se odian unas a otras debido a que se esfuerzan por conseguir lo que entienden que debe ser “su tajada” de un suministro limitado de recursos. Como cristianos, no obstante, servimos a un Dios ilimitado que posee recursos ilimitados.

Cuando Elías fue enviado a la viuda de Sarepta, le pidió un bocado de pan “… Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir” (1 Reyes 17:12).

“No tengas temor -le dijo Elías -; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra” (1 Reyes 17:13, 14). ¡Dios es capaz de proveer lo suficiente para todos!

Si la iglesia que está calle abajo crece, no tenemos que preocuparnos de que va estorbar el crecimiento de nuestra iglesia… si nosotros oramos por un avivamiento. ¡Dios es más que suficiente para enviar bastantes creyentes-como para llenar ambas iglesias!

Cuando aparecieron en escena los primeros programas de TV evangélicos había muchas predicciones horribles acerca de los efectos negativos que “la iglesia electrónica” tendría en las iglesias locales. En realidad, de acuerdo con una reciente encuesta conducida por la organización Galopp, los espectadores de los programas de televisión evangélicos no tienen menos probabilidad de asistir o contribuir a una iglesia local que los no espectadores de estos.
Además del temor de “perder” de algún modo ciertas bendiciones de Dios, existe otro motivo para el sectarismo. Ello, también, es algo que Dios aborrece: el fariseísmo. La Biblia registra en Lucas 18:9-14 que “a [los] que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros”, Jesús les “dijo también [una] parábola”:

“Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy corno los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun corno este publicano; ayuno dos veces por semana, doy diezmos de todo lo que gano.

“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios sé propicio a mí, pecador.

“Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”

Tener un espíritu de sectarismo no es una señal de haber alcanzado madurez… es, por el contrario, un indicio de inmadurez. No es una señal de que uno sea “especial” en el reino de Dios. Es señal de que su condición espiritual tiene una tremenda necesidad de reparación.

Receta para la acción

Obedezca lo que dice Mateo 19:19, “… Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Amaos unos a otros

El evangelio completo se basa en el amor. En la Palabra de Dios el amor no es una opción, es un mandamiento. No obstante, cuán difícil nos resulta en ocasiones emplear el verdadero patrón de medir que tiene el evangelio: el amor.

He aquí algunas citas bíblicas que la iglesia completa necesita como norma de conducta:

“Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17, 18).

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20,21).

“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Juan 5:1).

“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, corno yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:12, 13).

“Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14).

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24).

“Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo corno a ti mismo, bien hacéis” (Santiago 2:8).

“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22).

“Y. ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados” (1 Pedro 4:8).

 

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