Cómo triunfar sobre los enemigos

Tomado del libro ?Como triunfar en la vida? de Don Gossett

Cuando el profeta Esdras y sus compañeros salieron de Babilonia para regresar a Jerusalén fueron testigos de cómo Dios libra a su pueblo de sus enemigos. “Y partimos del río Ahava el doce del mes primero, para ir a Jerusalén; y la mano de nuestro Dios estaba con nosotros, y nos libró de mano del enemigo y del asechador en el camino” (Esdras 8:31).

El día 12 de enero de 1971 fue un día decisivo para Joyce y para mí. Era la primera vez en nuestra vida que se nos llevaba ante los tribunales. Un enemigo del evangelio había presentado ocho acusaciones contra nosotros.

Un abogado evangélico se hizo cargo de nuestro caso sin cobrarnos nada, y después de una fogosa sesión en el juzgado, que duró una hora veinte minutos, también podíamos testificar junto a Esdras que “la mano de nuestro Dios estaba con nosotros, y nos libró de mano del enemigo”. El juez desestimó todas las acusaciones y anuló el caso.

Los cristianos, especialmente, necesitamos saber cómo triunfar sobre los enemigos, porque Jesús dijo: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Lucas 6:26).

Como cristianos, podemos esperar ser aborrecidos por los que no son creyentes, porque Jesús dijo: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:19). No obstante, he oído a creyentes decir: “Yo no tengo ni un solo enemigo en el mundo.”

Por lo general, alguien que se jacta de que no tiene enemigos o es increíblemente ingenuo o lamentablemente insincero. Aun sin tomar en cuenta las fuerzas espirituales que operan en el mundo de hoy, es casi imposible que pasemos por la vida sin hacer siquiera un solo enemigo en alguna parte?

Jesús nos mandó que amáramos y orásemos por nuestros enemigos. Dijo El: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). Cristo vivió de esa forma El mismo. Demostró esa clase de amor en la cruz cuando dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Esteban también demostró esa actitud de perdonar a los enemigos cuando, al morir víctima de las piedras lanzadas por una turba enfurecida, oró: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (Hechos 7:60).
La Biblia nos dice que seamos bondadosos con nuestros enemigos siempre que tengamos oportunidad: “Así que, si  tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza” (Romanos 12:20,21).
David venció a su enemigo, el rey Saúl, no con la espada sino con la bondad. “Entonces dijo Saúl: He pecado; vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada preciosa hoya tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera” (1 Samuel 26:21). “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1).
¿Desea que sus enemigos hagan la paz con usted? La Biblia nos dice cómo puede hacerse eso posible: “Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7).

Cuando Joyce y yo nos vimos libres de nuestro caso en los tribunales, reclamamos el Salmo 41:1-3: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová. Jehová lo guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová los sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad.”

Dios promete que, según consideremos al pobre y le ministremos el evangelio, seremos bendecidos, librados en época de problemas, preservados de una muerte prematura, librados de la voluntad de los enemigos, fortalecidos cuando languidezcamos y sanados de las enfermedades. Si usted ha estado considerando al pobre, si ha estado ofrendando desinteresadamente para que el pobre de la tierra pueda oír el evangelio, entonces podrá reclamar la liberación de Dios hoy y siempre.

David pidió en oración ser librado de sus enemigos, y yo creo que es bíblico que nosotros también pidamos en oración ser libres de los nuestros. “Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío; ponme a salvo de los que se levantan contra mí” ~Sa.tmo?59:1). “Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; guarda mi vida del temor del enemigo” (Salmo 64:1).

Dios se especializa en librar a sus hijos de sus enemigos. “Entonces Jehová… os libró de mano de vuestros enemigos en derredor, y habitasteis seguros” (1 Samuel 12:11) “El que me libra de mis enemigos, y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí; me libraste de varón violento” (Salmo 18:48).

Es muy importante que mantengamos una actitud de corazón correcta hacia los que nos hacen mal. Cuando Dios lo libre a usted, alábelo por haberlo hecho, pero no se regocije de lo malo que pueda haberle ocurrido a su enemigo. “Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia… y nos rescató de nuestros enemigos, porque para siempre es su misericordia” (Salmo 136:1, 24). “Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, y cuando tropezare, no se alegre tu corazón; no sea que Jehová lo mire, y le desagrade, y aparte de sobre él su enojo” (Proverbios 24:17, 18).

Al lidiar con enemigos, es de gran importancia para nuestro propio bienestar espiritual que mantengamos una actitud perdonadora. Un espíritu perdonador es absolutamente necesario si es que anhelamos vivir una vida cristiana victoriosa. Jesús dijo: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14, 15).

De acuerdo con las palabras de Jesús, dejar de perdonar puede tener consecuencias desastrosas. Si usted mantiene falta de disposición de perdonar en su corazón, Dios no perdonará sus pecados, y todos tenemos pecados: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8). Por lo tanto, nuestra propia falta de disposición de perdonar entorpecerá nuestra comunión con Dios y hará que nuestras oraciones sean ineficaces; ya que solamente la oración ferviente y eficaz del justo [o sea, del perdonado] será la que “puede mucho” (Santiago 5:16).

Todos poseemos la capacidad de perdonar. Dios no requeriría lo imposible de nosotros. Tal capacidad de perdonar dentro de nosotros, implantada por Dios, es ilimitada. Jesús dijo que debemos estar dispuestos a perdonar hasta “setenta veces siete”. Esa no es una capacidad natural, sino una capacidad sobrenatural, con la cual Dios hace posible que perdonemos a los demás.

¿Cuál es el secreto de perdonar a los demás libremente? Ese secreto se encuentra en una palabra: el amor. Dios nos da la capacidad de amar con su amor, y de ver a los demás a través de sus ojos compasivos y llenos de ternura. “Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).

Efesios 4:32 dice: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” La bondad es un fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22). Cuando esta se acopla con la benignidad, hará posible que usted perdone a los demás.

Algunos dicen: “Yo los perdonaría si ellos me pidieran perdón.” Bien sea que le pidan perdón o no, usted puede y debe perdonarlos a fin de mantener su propio bienestar espiritual. Si no lo hace, quedará expuesto a que crezca en usted lo que Hebreos 12:15 llama una “raíz de amargura”. “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”
La falta de disposición a perdonar a otros nos lleva a la amargura, y la amargura contamina el alma. En vez de eso, hágase el propósito ahora mismo de perdonar a los demás. Rehúse hablar mal de los que le hayan hecho algún mal. Dios hará que usted pueda perdonarlos y olvidar.

Receta para la acción

Recuerde que la Palabra de Dios revela que los cristianos siempre tendremos enemigos.

Las Escrituras no dicen que “no tenemos lucha”; ellas dicen que “no tenemos lucha contra carne ni sangre” (Efesios 6:12). La persona que se levanta contra usted no es su enemigo real: su enemigo real es la fuerza demoniaca que impulsa a esta a hacer lo que hace. Así que resista usted al diablo, pero ame y perdone a la persona que es instrumento de Satanás.

Hágase el propósito de mantener una actitud perdonadora. No permita que una “raíz de amargura” crezca en usted.

Cómo triunfar sobre los enemigos
Dios ha prometido protegemos de nuestros enemigos, pero El insiste en que los amemos y perdonemos. He aquí algunos versículos que sirven para reclamar la protección y perdón del Señor:
“Porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros” (Deuteronomio 20:4).

“Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti” (Deuteronomio 28:7).

“El guarda los pies de sus santos, mas los impíos perecen en tinieblas; porque nadie será fuerte por su propia fuerza” (1 SamueI2:9).

“Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Salmo 103:6).

“No digas: Yo me vengaré; espera a Jehová, y él te salvará” (Proverbios 20:22).

“Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua; porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará” (Proverbios 25:21, 22).

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5:10-12).

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:44, 45).

“Y él tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos” (Juan 16:33).

“Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis” (Romanos 12:14).

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes bien sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31,32).

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:12-14).

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado” (1 Pedro 4:12-14)

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*