Cómo triunfar sobre las dificultades financieras

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Cómo triunfar sobre las dificultades financieras

Tomado del libro ?Como triunfar en la vida? de Don Gossett

La pobreza no forma parte del plan de Dios para su pueblo.
Es cierto que la Biblia nos dice que no debemos confiar en las riquezas: “Cuan difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas”, les dijo Jesús a sus seguidores (Marcos 10:24). El dinero, sin embargo, no era el problema que Jesús estaba discutiendo: El estaba predicando acerca de las prioridades. “¿Dónde ponen ustedes su confianza?”, les preguntó Jesús. “Confían en el dinero, o confían en Dios?”
Pablo le dijo a Timoteo que la “raíz de todos los mal es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10, énfasis del autor) De nuevo, la Biblia está hablando acerca de la actitud. No tiene usted que ser rico para amar el dinero: un hombre pobre puede amar el dinero tanto como uno rico.

La actitud del creyente adquiere aun más importancia cuando este es probado por las dificultades financieras, ¿Qué hace usted cuando las facturas por pagar devoran la mayor parte de sus ingresos? Durante épocas de crisis económicas muchos creyentes se preguntan si estarían justificados si reducen sus ofrendas al Señor.

Al pensar acerca de las finanzas necesitamos recordar que el plan de Dios para su pueblo es como sigue: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2). La insuficiencia y la escasez no forman parte de la vida cristiana, tal cual ha sido planificada por Dios.

Jesús vino para dar abundancia en vez de austeridad. El dijo: “El ladrón [el diablo] no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). La vida abundante en Cristo incluye cada esfera de la vida: la espiritual, la emocional, la mental, la social y la financiera. En Jesús tenemos provisión total y abundante para todas nuestras necesidades.

Jesús anunció, en Lucas 4:18, que el Espíritu Santo del Señor lo había ungido para predicar el evangelio ?las buenas noticias? a los pobres. ¿Qué eran esas buenas noticias? Eran las buenas nuevas de la liberación total, Eran las buenas noticias de que “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Eran las buenas noticias de que”… los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien”  (salmo 34:10).

La Biblia está repleta de promesas de que Dios “abrirá las ventanas del cielo”, “proveerá”, “suplirá”, “satisfará” y nos “prosperará”. Dios no es un Dios que esté agobiado de pobreza, ni tampoco produce hijos agobiados por la pobreza.

En tanto que Jesús vino a darnos abundancia, Satanás quisiera darnos destrucción. El diablo viene, dice la Biblia, “para hurtar y matar y destruir”. En Malaquías 3:11 se lo llama el “devorador”.

Permítame contarle acerca de mi refugio a prueba de incendios contra las dificultades financieras.

Mi esposa y yo atravesamos una vez una etapa muy dura. Nuestra hija, Jeanne, nació con los pies deformes. Poco después mi esposa contrajo una fiebre reumática que la puso al borde de la muerte. Me vi obligado a suspender mis actividades en el campo del evangelismo para poder cuidar a mi esposa y a mi hija enfermas. Debido a que no teníamos ninguna fuente de ingresos, la vida se nos hizo muy difícil.

Busqué desesperadamente en la Biblia una respuesta a nuestra crisis. Allí descubrí 2 Corintios 9:6, 7: “… el que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”

No podía yo entender por qué Dios estaría llamando mi atención con respecto al dinero… ¡algo que yo no tenía! No obstante, la Biblia es su Palabra viviente. Había salvado mi alma, y yo me había hecho el propósito en mi corazón de vivir según sus enseñanzas. Tan pronto como me atreví a aceptar el desafío de Dios de sembrar abundantemente, mediante mis ofrendas, salí de la pobreza. Según yo daba a otros, la gente me daba a mí, tal como Jesús había prometido en Lucas 6:38: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.”

Si recortamos nuestros diezmos y ofrendas cuando confrontamos crisis financieras, podemos en realidad excluirnos a nosotros mismos de la verdadera fuente que pudiera ayudarnos a salir de tales dificultades.

Una porción bíblica bien conocida y muy importante sobre el tema de las finanzas se encuentra en Malaquías 3:8-11:

¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé de vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.

Si no ha estado usted diezmando, no es extraño que no huya estado prosperando: sus finanzas están malditas. Por otra arte, cuando usted da sus diezmos y ofrendas, Dios promete “[abrirle] las ventanas de los cielos, y [derramar] SOBRE [usted] bendición hasta que sobreabunde”.

Dios promete que cuando nosotros lo honramos a El con nuestra sustancia dándole las primicias de todo nuestro ingreso, nuestra recompensa será la prosperidad. “Honra a Jeová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Proverbios 3:9, 10). Además a ser usted fiel con sus diezmos y ofrendas, hay otro principio de la provisión de Dios… uno que no aprendí yo hasta después de muchos años.

Durante los primeros años de nuestro matrimonio, al comienzo de nuestro ministerio, Joyce y yo luchamos con la cuestión de cómo resolver nuestros problemas financieros. Nos veníamos  continuamente frustrados por una crisis financiera tras otra. Aunque Dios nos suplía lo imprescindible y nuestras necesidades eran satisfechas, escudriñábamos diligentemente la Biblia y le pedíamos a Dios más luz sobre el tema del dinero. “¡Seguramente ?pensábamos? tenía que haber una manera más fácil!”

Entonces, hace ya varios años, tuvo lugar un incidente que alteró extraordinariamente mi percepción en cuanto a cómo acercarnos a Dios con respecto al dinero. El Señor me hizo partícipe de un hermoso principio relacionado con el suplir nuestras necesidades que pienso le infundirá aliento a usted también.

El día que sucedió me encontraba muy ocupado tratando de poner al día mi correspondencia atrasada. Me había echado hacia atrás en el sillón negro y grande de mi escritorio, y hacía un recuento mental de nuestro reciente viaje a Suramérica. ¡Ese viaje misionero había sido uno de los mejores éxitos de nuestro ministerio! ¡Cuántas bendiciones habíamos recibido en la cruzada mientras distribuíamos gran cantidad de literatura durante el día y compartíamos el evangelio noche por noche a través de la radio! Miles de almas preciosas habían aceptado al Salvador. El poder sanador de Jesús había tocado a los enfermos y, como resultado de ello, habían ocurrido milagros maravillosos.

Los dulces recuerdos del ministerio en el extranjero aún llenaban mi alma cuando volví a prestarle atención a mi espacioso escritorio cubierto de revistas, memorandos oficiales y cartas escritas por nuestros amigos mientras Joyce y yo estábamos fuera.

Estaba dictando en el magnetófono los últimos renglones de una carta a una madre afligida cuyo único hijo se hallaba en la cárcel cuando oí que tocaban suavemente a la puerta de mi oficina. Era mi secretaria. Tenía los brazos cargados de libros de contabilidad, carpetas de archivos y sobres.

“Hermano Gossett, aquí están los estados de cuenta y las facturas corrientes que deseaba usted ver ? me dijo ?. Hágame saber cuando haya usted terminado y pasaré a recogerlos.”

Al salir ella de mi oficina comencé a revisar los documentos que había colocado frente a mí. Todo el mundo deseaba dinero. Las estaciones de radio que trasmitían nuestros programas diarios. Las imprentas que publicaban nuestros folletos, tarjetas y demás literatura. Las compañías de suministro de equipos de oficina. Una pareja de misioneros de la isla de Martinica que necesitaban fondos para traducir e imprimir nuestra literatura en francés. La compañía de electricidad. La compañía de teléfono. La gente que necesitaba fondos era, aparentemente, interminable.

Comparé los totales de los fondos que necesitábamos con el balance que arrojaba nuestra cuenta bancada. Nos encontrábamos muy lejos de poder cubrir nuestros gastos, pues los egresos superaban a los ingresos. Me pregunté a mi mismo de dónde sacaríamos el dinero. No habíamos estado despilfarrando los recursos monetarios sagrados que Dios había confiado en nuestras manos por medio de los donativos de los que respaldaban nuestro ministerio.

Con todo, no podía yo vislumbrar cómo podríamos pagar nuestras deudas.
Fui presa de un ataque de pánico. Cerrando los puños en mi frustración, clamé al Señor:
“¡Oh, Dios! favor suple estas necesidades financieras Señor como nunca antes necesitamos tu ayuda.”

Levanté  mis puños cerrados al Señor en ardiente súplica la intensidad de mis oraciones aumentó. Alce la voz y le dije: “Oh Dios, suple, te suplico, el dinero para cumplir con estas obligaciones!” Debo de haber orado de esa forma desesperada durante algunos minutos.

Pasado cierto tiempo el Señor me habló: “Cálmate, Don. Para recibir mis bendiciones tienes que descansar en mí. Mientras tus manos estén cerradas, no podré poner nada en ellas.”
Abrí mis ojos para examinar mis puños apretados. Los abrí lentamente. AI hacerlo sentí disiparse mi tensión y marcharse lejos mi desesperación. Recuperé la calma y sentí vívidamente la presencia del Señor.

El Señor me habló de nuevo. “¿No te acabo de decir que supliré todas tus necesidades? Entonces comienza ahora mismo a agradecerme la satisfacción de esas necesidades de acuerdo con mis riquezas en gloria… y no de tus propias riquezas.”

Dios me mostró que mis manos fuertemente cerradas eran barreras para recibir sus riquezas. La actitud de la “palma abierta” mostraba mi confianza en la capacidad de Dios de suplir todas mis necesidades.

El montón de facturas permaneció invariable, pero mi actitud no. Entonces me acerqué a mi Padre celestial una vez más y le dije:
“¡Gracias, Padre, por tus riquezas ahora!”
Con plena confianza en Filipenses 4:19, el cual dice que “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”, repetí esas palabras vez tras vez: “Gracias, Padre, por tus riquezas ahora.”

¡A juzgar por la velocidad con la que suplió el Señor los fondos suficientes con que pagar el montón de facturas, tal actitud de palma abierta tiene que haberle agradado mucho a Dios! Desde entonces no he dejado de hacer que cada día sea un “Domingo de Palmas” en el cual alabo al Seño por la forma en que provee por medio de sus riquezas. Al hacerlo, descubro que crece mi fe para recibir finanzas en abundancia. No puede uno afirmar “Gracias, Padre, por tus riquezas ahora” y continuar pensando en términos de escasez ni de fracaso financiero. ¡Qué secreto de fe tan precioso!

Como cristianos, podemos estar gozosos porque hemos de recibir de Dios lo que necesitamos… y también podemos estar gozosos porque conocemos la bendición de dar. Los cristianos más alegres que he conocido siempre han sido los que conocen el gozo que proporciona dar.

Cuando respaldamos la Palabra de Dios, podemos vivir gozosamente por medio del amor porque Dios dio con amor: Dio a su Hijo unigénito a fin de que podamos ser reconciliados con El.

Dios es el mayor dador de todos:
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

“¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:15).

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).
Santiago 1:5 dice que Dios “da [sabiduría] a todos abundantemente y sin reproche”.

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del padre de las luces…” (Santiago 1:17).

Todas las dádivas de Dios nos llegan a través de su Hijo, “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas” (Romanos 8:32).

Jesucristo es un gran dador, por cuanto se dio a sí mismo por nosotros. “Porque ya conocéis la gracia de nuestro señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Corintios 8:9). Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gálatas 1:3,4). El es “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Dios nos ha honrado dándonos el fruto producido por su mano creadora. “Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios…” (Salmo 68:19). El bondadoso dador nos ha otorgado innumerables bendiciones por amor. Por tanto, debemos cumplir el mandamiento de Cristo: “De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).

No permita que los problemas de dinero apaguen su gozo. Usted puede vencer ofrendando más a la obra de Dios. No deje que Satanás lo engañe con el pensamiento de que en momentos de crisis financieras no podrá usted darse el lujo de ofrendar a Dios. Lo que no podrá es darse el lujo de dejar de hacerlo.

No olvide que Dios es su creador y que todo lo que usted posee, El se lo ha proporcionado. “Porque del Señor es la tierra y su plenitud” (1 Corintios 10:26). “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:8). De hecho. Dios es el legítimo propietario de todo lo creado. “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud” (Salmo 50:10-12).

Jesús dijo: “No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo” (Juan 3:27). Si posee la capacidad do ganar dinero mediante su trabajo, ¿ha considerado usted quién es la Fuente de esa capacidad? “Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir” (Isaías 48:17). Es Dios mismo quien le da a usted la capacidad de obtener las cosas materiales. “Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da

Receta para la acción

¡Dé sus diezmos y continúe ofrendando! Haga que su lema sea: “Vivo para dar.”
Haga de cada día un “Domingo de Palmas”: acérquese a Dios con alabanzas por su provisión. Mantenga su fe concentrada en la Solución más bien que en la situación.

Dios ha prometido en Deuteronomio 8:18 darle a usted el poder para obtener las riquezas, y El ha prometido en Santiago 1:5 que le dará sabiduría. Pídale a Dios que le dé un plan para lograr la prosperidad económica. Puede que El le muestre a usted dónde buscar un empleo, o dónde invertir su dinero, o cómo mejorar su eficiencia en el trabajo.

¡Puede hasta que le dé un invento! Puede que simplemente sus empleadores tengan un mejor concepto de usted, o hacer que otros le den a usted una ofrenda de amor. ¡No limite a Dios! cuando El le muestre algo, ponga la visión en acción.

Las bienaventuranzas del diezmador
Bienaventurados los diezmadores, porque están obedeciendo una de las leyes fundamentales de Dios.
Bienaventurados los diezmadores, por cuanto son socios de Dios.
Bienaventurados los diezmadores, porque están ayudando a extender el reino de Dios.
Bienaventurados los diezmadores, por cuanto no son culpables de robarle a Dios.
Bienaventurados los diezmadores, porque las ventanas del cielo se abrirán para derramar sobre ellos tanto las bendiciones espirituales como las materiales.
Bienaventurados los diezmadores, porque son los que se han vuelto dadores alegres, y son amados por Dios.

El credo del diezmador
1. Que Dios es el dueño de todo y que el hombre tiene la responsabilidad de administrar las posesiones de Dios.
2. Que tiene la obligación de buscar cada día el reino de Dios y su justicia.
3. Que tiene derecho de confiar en el amor de Dios en cualquier circunstancia.
4. Que todos sus bienes son hasta cierto punto sagrados puesto que son propiedad de Dios.
5. Que Dios honra el diezmo cuando se le ofrece con espíritu de humildad.
6. Que al diezmar se establece un contrato entre Dios y él. Se trata de un acuerdo entre Dios y el hombre que es mutuamente fructífero y gratificante. Se hicieron socios en la mayor de todas las transacciones de la vida.

Cuando usted diezme, se sorprenderá
1. De la cantidad de dinero que tendrá para la obra del Señor.
2. De la facilidad con que podrá usted cumplir con sus propias obligaciones con las nueve décimas restantes.
3. De la profundización de su propia vida espiritual, según usted ?con obediencia? dé sus diezmos.
4. De la prudencia con que usted dispondrá, como administrador fiel y sabio, de las nueve décimas restantes.
5. De la facilidad con que podrá aumentar de ofrendar una décima parte de sus ingresos a dar más de una décima parte
6. usted mismo… Se preguntará por qué no se hizo diezmador antes.

Las promesas de Dios incluyen la prosperidad
Mucho creyentes nos conformamos con una vida de pobreza porque pensamos que ser pobres es en cierto modo ser más ?espirituales? No obstante, en realidad, Proverbios 10:15 señala que ?el desmayo de los pobres es su pobreza”, la pobreza no es la voluntad de Dios para usted: su voluntad se revela en el salmo 107:19,20: “Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones. Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina.”

Una vez que usted comience a buscarlas, encontrará un considerable número de citas bíblicas sobre el tema de la prosperidad. Las siguientes son sólo algunas de ellas para animarlo a que comience a buscarlas. Base su fe en estos textos bíblicos, sea fiel en sus diezmos y ofrendas, sea obediente a la Palabra de Dios, y ¡note cómo se multiplican sus finanzas.’

“Guardaréis, pues, las palabras de este pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo lo que hiciereis” (Deuteronomio 29:9).

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

“Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, an¬dando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas” (1 Reyes 2:3).

“Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra” (2 Crónicas 15:7).

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como el árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:1-3).

“Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien” (Salmo 34:10).

“Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea exaltado Jehová, que ama la paz de su siervo” (Salmo 35:27).

“Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Salmo 37:25).

“Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad” (Salmo 84:11).

“Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman” (Salmo 122:6, 7).

“Por vereda de justicia guiaré, por en medio de tandas de juicio, para hacer que los que me aman tengan su heredad, y que yo llene sus tesoros” (Proverbios 8:20, 21).

“El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijo; pero la riqueza del pecador está guardada para el justo” <l justo” (Proverbios 13:22).

“El que encubre sus pecados no prosperará;
mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

“Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás” (Eclesiastés 11:1).

“si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (Isaías1:19).

“Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos” (Isaías 3:10).

“Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir” (Isaías 48:17).

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).

“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

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