Cómo triunfar sobre el vicio del juego

triunfar sobre el vicio del juego

Cómo triunfar sobre el vicio del juego

Tomado del libro ?Como triunfar en la vida? de Don Gossett

Los juegos de azar constituían gran parte de la vida de pecado de mi padre cuando entraba yo en la adolescencia. También eran la causa de muchos de los problemas de nuestra familia, aun sin tomar en cuenta las pérdidas de dinero que mi padre experimentaba. El operaba una sala de juegos de azar en la que la gente a menudo perdía su fortuna en la mesa de juegos.
Puede decirse que crecí observando de primera mano los peligros del juego, y deseo compartir con ustedes mis sentimientos en cuanto a ese vicio.
Existen muchas clases de juegos. Algunos, como la ruleta rusa, son obviamente satánicos. Otros, en apariencia, son menos pecaminosos. Algunos me preguntan “¿Qué acerca de los juegos de bingo y de la lotería?” Estos aparentan ser bastante inocentes; tanto así que a veces los vemos llevarse a cabo en iglesias denominacionales. A menudo se emplean para ayudar a promover “una causa justa”. Pero yo tengo la firme convicción de que toda clase de juegos de azar es pecaminosa.

Permítanme darles algunas razones por las que considero que los juegos de azar son malos:
1. Los juegos de azar promueven un espíritu de desmedida ambición. Ellos ponen hincapié en “obtener” en vez de en “dar”. El factor más importante en estos es el interés egoísta en vez de una vida de altruismo. Como cristianos nuestra motivación es “Yo vivo para dar”. Los juegos de azar destruyen la fibra moral de nuestra vida.
2. Los juegos de azar promueven un espíritu de holgazanería. Ellos le restan importancia a la ética de trabajo protestante. Pero la Biblia dice que “Las riquezas de vanidad disminuirán; pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta” (Proverbios 13:11).
3. Los juegos de azar hacen que la gente ponga su fe en la casualidad o en la suerte, en vez de en el cuidado y provisión de nuestro Padre celestial.
4. La gente que juega al azar trata de beneficiarse de las pérdidas de los demás, pero la Biblia dice: “Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses” (Mateo 5:42).
5. El juego crea hábito. Hay muchos que dejarían de jugar al azar si pudieran hacerlo, pero no pueden. Ello se debe a que un espíritu inmundo los tiene atados espiritualmente y necesitan ser desatados. Del mismo modo que algunos beben sin tornarse en alcohólicos, otros juegan sin hacerse jugadores empedernidos. Pero cuanto más la persona juegue, tanto más correrá el riesgo de que se vea atada por la clase de espíritu que hace que algunos se envicien.

Los juegos de azar no son para el cristiano. Hay muchas otras maneras en que el creyente puede prosperar materialmente. Algunas de ellas son:
1. El trabajo. “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3:10).
2. La inversión sabía. Lea la parábola de las diez minas en Lucas 19:11-27.
3. Una donación o herencia. “Pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos” (2 Corintios 12:14).
En cierta ocasión dijo Billy Graham:

La atracción que poseen los juegos de azar es comprensible: obtener “algo a cambio de nada”. Yo me doy cuenta de eso, y he ahí donde radica el pecado.
Los juegos de azar, de cualquier clase que éstos sean, equivalen al “hurto autorizado”. Se lanza al aire una moneda, se tiran los dados o se corren los caballos y luego alguien recoge a manos llenas lo que pertenece a otras personas. La Biblia dice: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19). No dice: “Te ganarás el almuerzo ¡lanzando una moneda al aire!”

Me doy cuenta de que en la mayor parte de los juegos de azar de menor cuantía no se intenta perjudicar a nadie. Pero el principio es el mismo que en los juegos de azar en que las apuestas son elevadas. La única diferencia entre unos y otros es la cantidad de dinero apostado.

El apóstol Pablo advirtió: “Absteneos de toda especie de mal” (1 Tesalonicenses 5:22). Creo que eso significa que ni siguiera debemos jugar “de mentirita” a los juegos de azar. En otras palabras: nada de juegos de póker… aún cuando las apuestas consistan en fichas y no se esté jugando al interés.

¿Cómo puede usted vencer el vicio de los juegos de azar? En casos extremos la persona enviciada tendrá que acudir a un pastor lleno del Espíritu Santo para que éste eche fuera el espíritu inmundo que la tiene atada. Pero la mayoría puede vencer ese vicio con sólo comprender la autoridad que tienen en la Palabra de Dios:

Éxodo 20:15, 17: “No hurtarás… No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.”

Colosenses 3:2, 5-6: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra… Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia.”

La norma para todas nuestras actividades se revela en 1 Corintios 10:31: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para lo gloria de Dios.” y en 1 Corintios 6: 12: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.”

En ocasiones la tentación de jugar al azar viene debido a que las personas están luchando por pagar montones de cuentas, y se preguntan cómo van a poder mantener a su familia. Si usted ha leído los capítulos anteriores, debe haberse dado cuenta de que la Palabra de Dios promete prosperidad a los que obedecen sus enseñanzas.

Filipenses 4:19 ha sido mi grito de guerra por más de treinta y cinco años en el ministerio: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
¿Necesita usted un milagro económico? Proclame en voz alta Filipenses 4: 19. Diga: “¡Dios ha prometido suplir todas mis necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús!”

No obstante, siempre tendremos que ser justos con todo el contexto del referido pasaje del capítulo 4 de Filipenses. Esas palabras fueron dirigidas a personas que eran dadores abundantes y alegres.

La Biblia enseña con claridad que somos mayordomos de nuestro dinero, ya que este es una dádiva de Dios y debe ser usado para su gloria. Si se despilfarra egoístamente o se emplea con avaricia, el dinero sólo trae aflicción y sufrimiento a los que lo poseen.

No es el dinero en sí lo que constituye la raíz de toda maldad, sino el amor al dinero. Cuando este se invierte y se comparte para la gloria de Dios, puede servir de gran bendición; no sólo a nosotros mismos, sino a los que reciban nuestras dádivas de amor.

La Biblia también enseña claramente que todo nuestro dinero le pertenece al Señor. Ella sugiere que el diezmo debe ser la mínima respuesta de nuestro agradecimiento a Dios por su provisión. Las Escrituras prometen bendiciones tanto espirituales como materiales para los que ofrendan al Señor.

Puede que sea un cliché, pero es muy cierto que “nadie puede ganarle a Dios a la hora de dar”. De hecho, si le damos a Dios abundantemente, El nos dará a nosotros también abundantemente. Si le damos escasamente, El nos lo devolverá igualmente con escasez. “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38). Y también: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Corintios 9:6).

Es casi imposible, cuando nos esforzamos por enseñar cómo sobreponerse a las dificultades económicas, dejar de hablar de la mayordomía del dinero sin que tratemos de descubrir algunas de las causas de los problemas económicos. Para algunos es la bebida, el juego o la vida pecaminosa. No obstante, muchos de nosotros necesitamos examinar nuestro estilo de vida cristiana para ver si se trata de nuestro hábito de gastar en exceso lo que está ocasionando el problema.

Una vez que le hayamos pedido a Dios que examine nuestro corazón en cuanto a este asunto, y descubrimos que lo que ocasiona nuestras dificultades no es nuestro propio hábito de gastar el dinero, entonces también necesitamos damos cuenta de que Satanás mismo puede estar impidiendo que lleguen a nosotros las bendiciones, tal como sucedió en la vida de Job. Sin embargo, como creyentes del Nuevo Testamento, tenemos la autoridad de reprender y atar al diablo en el nombre de Jesús, y de reclamar el poder de la sangre de Jesús sobre nuestra vida, y de ofrecer alabanzas y agradecimiento a Dios por las bendiciones que vienen ahora en camino. Es también importante buscar la voluntad de Dios y su dirección en cuanto a cómo debemos administrar y gastar el dinero del que disponemos.

Como esposo, padre de cinco hijos y ministro que ha vivido por fe durante más de treinta y cinco años, he salido airoso de casi todas las dificultades económicas que se abordan en este libro. Todo se lo debo a mi gran confianza en la provisión de nuestro Padre celestial.

Receta para la acción

Para vencer el vicio del juego, reconozca primero que se trata de un hábito pecaminoso. Use la Palabra de Dios para “crucificar la carne” en cuanto a ese particular. Si está enviciado con el juego hasta el punto en que ha perdido el control, acuda a algún ministro lleno del Espíritu Santo u otro creyente que haya alcanzado madurez para que ore por usted. “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).

Comprenda que hay muchas formas en que, como creyente, usted puede mejorar económicamente. Dé su diezmo, ofrende y busque la sabiduría divina con respecto a su situación económica.

Cómo evitar ser poseídos por las posesiones
Aun cuando es el deseo de Dios que gocemos de prosperidad (3 Juan 2), a Él no le agrada que dejemos que nuestra prosperidad nos sirva de estorbo para que lo sirvamos .Aquello que debla ser de bendición pudiera convertirse en un estorbo, en una barrera en nuestro camino hacia el cielo.
Existe, sin embargo, una manera en que podemos evitar que nuestras posesiones terminen poseyéndonos a nosotros:

Mandamientos con respecto al dinero

1. Recuerde que el dinero tiene sus limitaciones. Puede comprarlo todo menos la felicidad. Con él uno puede comprar boletos para viajar a todas partes menos al cielo. “Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hechos 8:20).
2. No deje que la prosperidad lo haga olvidarse de Dios. Deuteronomio 8:11-20 nos advierte que cuando se multipliquen nuestras posesiones no debemos olvidarnos de Dios.
3. Recuerde que el amor al dinero es la raíz de todos los males. “…raíz de todos los males es el amor al dinero” (2 Timoteo 6: 10).
4. Reconozca que todo pertenece a Dios. “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:8).
5. Admita que Dios es quien nos da la facultad de obtener las posesiones. “Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar” (1 Timoteo 6:17).
6. No ponga su corazón en las riquezas. “Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas” (Salmo 62:10).
7. No se jacte de su capacidad de obtener riquezas. Se nos advierte que no digamos: “Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (Deuteronomio 8:17).
8. No se gloríe en sus posesiones. “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas” (Jeremías 9:23).
9. Dedique sus posesiones al servicio de Dios. “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:20,21).

Con dinero se puede comprar

Una cama pero no el sueño.
Libros pero no la inteligencia.
Cosas finas pero no la belleza.
Una casa pero no un hogar.
Medicina pero no la salud.
Lujo pero no la cultura.
Diversiones pero no la felicidad.
Un crucifijo pero no un Salvador.
Un banco en la iglesia pero no el cielo.

 

-Pilgrim Holiness Advocate

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