Cómo triunfar sobre el sentimiento de culpa

Tomado del libro ?Como triunfar en la vida? de Don Gossett

Aun cuando nos parezca extraño, tanto los santos como los pecadores sufrimos por causa del sentimiento de culpa. Existe, no obstante, una gran diferencia entre el sentimiento de culpa y la culpa real. Un sentimiento de culpa no es más que eso: un sentimiento, debido al cual uno se siente responsable de haber hecho algo malo.

Los sentimientos de culpa pueden arruinar completamente la personalidad del individuo… y pueden incluso hacer que éste vaya a parar al infierno. Esa no es la voluntad de Dios para usted: Dios “no [quiere] que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). El infierno no fue creado para el hombre. Cristo nos dice en Mateo 24:51 que el fuego eterno fue “preparado para el diablo y sus ángeles”. Así que podemos afirmar que el infierno existe, por cuanto la Biblia enseña claramente la realidad de ese lugar.

De acuerdo con la Biblia, el infierno es el estado eterno de los que mueren sin Cristo. Los que rehúsan recibir a Jesús como Salvador y Señor “… sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:9).

El verdadero sentimiento de culpa es causado por haber cometido la persona algún acto pecaminoso, y la Biblia nos enseña que la comisión de una acción perversa merece la pena de muerte. “La paga del pecado [lo que uno se gana pecando] es [la] muerte” (Romanos 6:23).

Billy Graham ha escrito: “No importa cuán intenso o literal resulte o no el fuego del infierno, la sed del agua de vida del alma sedienta será más dolorosa que los fuegos de perdición. El infierno esencial y básicamente es la exclusión de la persona de la presencia de Dios por haber rechazado deliberadamente a Jesucristo como Salvador y Señor. El conocimiento de la realidad del infierno no me produce placer alguno; no obstante, hallo que es mi más solemne deber recordarles que el mismo libro que proclama las maravillas del cielo también describe los horrores de la eterna exclusión de la presencia de Dios.”

Estoy completamente de acuerdo con Billy Graham en que Dios jamás ha enviado a nadie al infierno. Si los hombres han ido a parar al infierno, ha sido porque han escogido hacerlo usando su libre albedrío. Dios nunca tuvo el propósito de que ningún humano fuera a ese sitio. Y El ha hecho todo lo que ha podido para que la gente no vaya al infierno, hasta el punto de dar a su propio Hijo para que muriera en la cruz a fin de evitar que fueran al infierno.

Cuando Dios lo creó a usted, lo hizo un agente moral libre. Podrá vivir la clase de vida que desee. Podrá vivir una vida buena o una vida mala. Usted podrá quebrantar todas las leyes de Dios, o podrá obedecerlas. Usted podrá ir al cielo… o al infierno. La decisión la tomará usted mismo.

La Biblia nos enseña con claridad que el infierno será un sitio en el cual el individuo estará consciente, completamente solo, y excluido de la presencia de Dios. La idea del sueño del alma, la del cruce de un río helado o la esperanza de una segunda oportunidad no tienen ninguna base bíblica. En 2 Corintios 6:2 se nos dice: “He aquí ahora el día de salvación.”

El concepto de que en el infierno habrá alguna forma de camaradería entre los pecadores no tiene tampoco ningún apoyo bíblico. Hasta donde hemos podido entender la Palabra de Dios, la condena será a una condición de tormento en la cual el pecador tendrá que vivir con sus recuerdos. El conocimiento de que pudo haber podido evitar ir al infierno atormentará al pecador por toda la eternidad.

“¿y qué acerca del purgatorio?” La idea del purgatorio no tiene base alguna en la Escritura. Tampoco enseña la Biblia la doctrina de la total aniquilación. Más bien ella enseña que el infierno es un lugar de tormento sin fin para los inconversos.

Jesús, al hablar del hombre rico que fue al infierno, dijo que “en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama” (Lucas 16:23,24).

Ya que el sentimiento verdadero de culpa nos conducirá al infierno, ¿cómo podremos entonces vencerlo? Las buenas noticias del evangelio son que no tenemos que luchar contra el sentimiento de culpa… sino más bien que podemos eliminarlo por completo. .
Vimos antes que la Biblia dice que la paga del pecado -el salario que ganamos al pecar-es muerte. En realidad, de acuerdo con la Biblia, hay dos clases de muerte. Está la muerte de nuestro cuerpo, o sea: la “primera muerte”, y luego está la muerte de nuestro espíritu, la cual denomina la Biblia “la muerte segunda”. Ya que nuestro espíritu es eterno -el espíritu nunca cesa de existir-“la muerte segunda” significa ser condenados a pasar la eternidad en el infierno. En el juicio final aun nuestro cuerpo será resucitado: “? los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:29).

Hemos escuchado a la gente decir: “Traigo buenas noticias y traigo malas noticias.” Pues, las malas noticias son que usted merece la muerte. Las buenas noticias son que Jesucristo murió en su lugar. El sufrió la condena en lugar de usted, y si le permite que sea su Salvador, si acepta el sacrificio que El hizo en favor suyo, Dios borrará su nombre de la lista de los condenados a muerte y lo escribirá en el Libro de la Vida del Cordero.

?¡Pero usted no sabe lo que yo he hecho!”, pudiera alguien estar pensando. N o importa lo que haya usted hecho. La Palabra de Dios declara que la salvación es para todos. “Porque todo el que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13). La salvación está al alcance de cada persona. No hay necesidad alguna de que nadie se pierda y esté separado de Dios por toda la eternidad. No hay necesidad de que nadie muera y vaya al infierno. La Biblia dice: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31).

Cuando usted acepta el don de la salvación, que ha sido comprado para usted mediante la sangre de Jesucristo, será salvo del sentimiento de culpa de sus transgresiones pasadas. “Yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25). No se guardan registros de los pecados que ya han sido perdonados.

Puede ser que haya cometido usted pecados que quisiera olvidar pero no puede. Dios, sin embargo, sí los puede olvidar… y de hecho los olvida. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

Cuando usted recibe a Cristo en su corazón es salvado del poder del pecado. El pecado ya no tiene dominio sobre usted. Las ligaduras de Satanás son desatadas. Todas las cadenas del pecado han quedado rotas. La paz, el gozo y la libertad son la herencia de Dios para usted. Ahora es una nueva criatura en Cristo Jesús y ha sido salvo de los efectos del pecado y de la ira venidera.

Cuando usted acepta a Jesús es salvado de los tormentos del infierno, donde el gusano nunca muere y el fuego nunca se apaga. Se inscribe su nombre en el Libro de la Vida. Se convierte en un hijo del Rey. Están preparando un hogar para usted en las mansiones de la eternidad. Ha sido salvo a fin de que obtenga la corona de justicia, la cual brillará con más fulgor que el sol del mediodía, y para que entone las alabanzas que se tributarán a Dios por toda la eternidad.
No tiene que esperar. Hay salvación para usted ahora mismo. Dios le ofrece la sangre vertida por su Hijo como pago por sus pecados. El está esperando que usted acuda a Él para quitarle la pesada carga producida por el pecado y el sentimiento de culpa.
Receta para la acción
Si desea usted recibir la salvación, por qué no ora en este preciso instante, así: “Padre Celestial, yo creo que Jesús murió en la cruz, y que Tú lo resucitaste de entre los muertos. Te pido que perdones mis pecados y ahora mismo recibo a Cristo como mi Señor y Salvador. Amén.”

Lo que necesita usted hacer después de decir “Amén”
Si usted leyó en voz alta la oración anterior ha recibido la vida eterna. Dice Romanos 10:9 y 10: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” Y Romanos 10:13 dice: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

Ahora tiene -como creyente recién nacido -una nueva vida, la vida de Dios, dentro de usted. Puesto que ha experimentado el segundo nacimiento, siempre será diferente al resto de la gente que vive en este mundo. Dios es ahora su Padre, y todos los hijos de Él en todo el mundo son ahora sus hermanos y hermanas.

Claro que nadie pondría a un bebé recién nacido en la acera para que se las arregle como pueda. De la misma manera, no debe usted dejar a su espíritu recién renacido a que se defienda por sí solo. He aquí algunas de las cosas que puede usted hacer para proporcionarle a la nueva vida dentro de su espíritu todo el cuidado y la nutrición necesarios para su subsistencia.

El bautismo es una señal exterior de una obra interior efectuada por la gracia de Dios. Ahora que ha sido usted renacido deberá bautizarse en agua en cumplimiento del mandamiento de Jesús. Algunos fueron bautizados cuando eran bebés, mucho antes de haber sido salvos. Un pastor a quien conozco define así esa situación: “El bautismo es la inmersión en agua de una persona que ya ha sido salva. Si usted no había sido salvo antes de que lo bautizaran, luego entonces en realidad no lo bautizaron sino que ¡sólo lo mojaron!” Si en verdad considera usted su salvación como un asunto serio, entonces se bautizará en agua tan pronto como le sea posible. Dijo Jesús:?El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado? (Marcos 16:16).

La lectura bíblica es el alimento del que se nutre su espíritu. Pedro escribió: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2).

La oración significa sencillamente conversar con Dios. Cuando usted platique con El confíe en que le responderá, y cuando presente sus peticiones delante de Él tenga la confianza de que El suplirá sus necesidades. Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará” (Juan 16:23). Puede usted encontrar la voluntad de Dios revelada en la Biblia. “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14, 15).

La comunión con otros creyentes es también algo muy importante para el crecimiento espiritual. “Y considerémonos unos a otros para estimulamos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregamos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24,25). Me atrevería a declarar que nadie en este mundo podrá vivir una vida cristiana plena si no mantiene buenas compañías. Las malas compañías arruinaron a Sansón y a Salomón. Hicieron que Pedro blasfemara y negara a su Señor. Sea usted como el salmista, que dijo: “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos” (Salmo 122: 1).
Resista las tentaciones. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13). Recuerde que no es pecado ser tentado a hacer lo malo; sólo es pecado ceder a tal tentación. Confíe en que Jesús le dará victoria y limpieza diarias por medio de su preciosa sangre. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Alabar al Señor constituye una de las principales claves para mantener una constante victoria espiritual. La alabanza obrará maravillas en la vida de usted. Su vida será un testimonio a otros de la bondad del Señor y glorificará a ese Dios grande y maravilloso al que usted ama y sirve. “El que sacrifica alabanza me honrará…” (Salmo 50:23).

El bautismo en el Espíritu Santo es absolutamente esencial si desea usted vivir en la esfera de lo milagroso. Únase a una iglesia que crea en el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en lenguas. Oraren lenguas servirá para la edificación de su fe (Judas 20); lo ayudará a orar conforme a la voluntad de Dios (Romanos 8:26, 27); y le proporcionará un idioma especial propio con el cual su espíritu podrá comunicarse con Dios (1 Corintios 14:2). Además, usted necesita ser investido de poder para poseer la energía de Dios en todas las actividades de su vida cristiana.

Ganar almas para Cristo es la actividad cristiana que más cerca está del corazón de Jesús, y como seguidor de El usted deberá tener mayor interés en ganar almas que en ninguna otra cosa que haga. Ore diariamente por los perdidos; testifíqueles en cada oportunidad que se le presente acerca de la gracia salvadora de Dios en su propia vida; respalde con sus ofrendas los ministerios que se ocupan en la salvación de las almas perdidas.

Los diezmos y las ofrendas lo ayudarán a mantener su economía en buen estado. (Véase Malaquías 3:8-12 y Lucas 6:38.) El diezmo es una décima (o sea, 10%). El diezmo de todos nuestros ingresos le pertenece a Dios. Se lo debemos. Las ofrendas son dádivas de amor que le damos a Dios por encima de los diezmos.

Por último, si lo agobia alguna duda con relación a su experiencia de salvación, confíe en la Palabra de Dios para obtener seguridad. Recuerde que Dios no puede mentir; es el diablo quien es un mentiroso y un ladrón. Satanás quisiera poder engañarlo a usted y despojarlo de todas las bendiciones que Dios le ha dado, pero no podrá salirse con las suyas si usted no lo deja. Preséntese delante de Dios diariamente -su espíritu, alma y cuerpo-como una vasija honrosa para el servicio del Señor. Dígale a Dios: “Señor, iré a dondequiera que desees que vaya; haré lo que Tú quieras que haga”, y el diablo tendrá que huir. “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; Y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones” (Santiago 4:7, 8).

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