Cómo triunfar en la crianza de los hijos

Joyce y yo somos padres de cinco niños. Todos ellos ya están grandes ahora. No obstante, hace muchos años, adoptamos el lema: “Dios nos dio niños, no ángeles.”

La Biblia enseña que como padres tenemos la responsabilidad de adiestrar y disciplinar a nuestros hijos, de modo que puedan educarse amando al Señor y honrando las enseñanzas de las Escrituras.

La crianza de los hijos es tan importante ante los ojos de Dios que los destinos de naciones enteras a menudo han dependido enteramente de esa responsabilidad.

Una maldición cayó sobre la casa de EH porque, aunque él era un hombre piadoso, sus dos hijos eran”…hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová” (1 Samuel 2:12). EH sabía que sus hijos tomaban la carne de las ofrendas antes de que éstas fueran ofrecidas. Y también sabía que se acostaban con las mujeres de la congregación. Sabemos, basados en la Palabra, que EH reprendía a sus hijos debido al pecado de estos. No obstante, también aprendemos en la misma Palabra que meras palabras no son suficientes: Dios le dijo a Elí que él estaba honrando a sus hijos más que al Señor (versículo 29), y pronunció una maldición sobre su familia:

He aquí vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa. Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa. El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril.

Al hablar de EH, Dios le dijo a Samuel: “Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado” (1 Samue13:13).

Abraham, por otra parte, fue bendecido por Dios porque El sabía que Abraham criaría a sus niños en los caminos del Señor: “Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo . Que voy a hacer; habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Génesis 18:1719).

Abraham y EH eran ambos hombres de Dios. No obstante, Dios juzgó sus vidas tomando como pauta la manera en que criaron a sus hijos.

La Biblia enseña con mucha claridad que la razón básica de la infelicidad en el hogar es que la gente pasa por alto los principios que Dios ha establecido para la crianza del niño. La gente no quiere reconocer o seguir el plan del Señor para la familia.

En nuestro estudio de la Biblia, Joyce y yo descubrimos que se les debe enseñar a los niños en el hogar que obedezcan a sus padres. Colosenses 3:20 dice: “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor.” En Deuteronomio leemos que bajo la ley: “Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere… los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá” (Deuteronomio 21:18, 21).

Debido a la Palabra de Dios, Joyce y yo nunca nos hemos adherido a la filosofía popular que dice: “Permítanle a sus hijos que hagan lo que les dé la gana.” Por otra parte también hemos sabido que, como padres, Efesios 6:4 dice: “No provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” Y Colosenses 3:21 habla de lo mismo cuando dice: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.”

La obediencia no les viene a los niños por naturaleza. Tenemos que enseñarles que obedezcan a sus padres, pues los niños son rebeldes por naturaleza. De la misma manera que se enseña a los niños a leer y a escribir, también debe enseñárseles a obedecer.

Joyce y yo descubrimos que enseñar a nuestros niños la obediencia en casa contribuyó grandemente a que aprendieran a obedecer a Dios posteriormente. Ello tuvo una influencia positiva en su disposición para obedecer al Señor y aceptarlo como Salvador.

¡Qué alegría constituía para Joyce y para mí dedicar cada nuevo bebé al Señor y devolvérselo al Dios que lo había creado! Desde la época en que eran muy pequeños, Joyce y yo pondríamos tiernamente nuestras manos en la cabecita de ellos y le pediríamos a Dios que obrara sus propósitos en cada vida. Entonces, como ahora, la oración ha sido el ingrediente más importante al criar nuestros niños para que amen al Señor.

Tengo que darle el reconocimiento a quien se lo merece. Mi querida esposa Joyce fue quien tuvo que hacer frente a la mayor parte de los problemas relacionados con la crianza de los niños. Ello se debió a que mi llamamiento de evangelista me obligaba a estar lejos de mi familia gran parte del tiempo.

El Señor le dio a mi esposa mucha sabiduría en lo concerniente a la formación de los niños. Ella aprendió que no debía esperar más de un niño que lo que éste era capaz de hacer de acuerdo con su edad. Joyce siempre confeccionaba listas de reglas, y le explicaría con claridad a cada niño 10 que constituían sus obligaciones, y qué se suponía que debía hacer. Las listas de Joyce eran definidas y precisas. Por supuesto, también estábamos conscientes de la importancia de sentar un buen ejemplo ante ellos: de tener oración en nuestra casa todos los días, de llevar a nuestros niños a la iglesia y a la escuela dominical, y de enseñarles la necesidad de presentarle en oración ellos mismos todos sus problemas al Señor.

No creo que Joyce y yo fuéramos demasiado fuertes en cuanto a los métodos de castigo que empleábamos con los niños. Aprendimos a distinguir entre el desafío voluntarioso y la irresponsabilidad aniñada. N o castigábamos a los niños por cosas que no podían evitar, como derramar la leche accidentalmente. Siempre les informábamos a nuestros hijos cuando los castigábamos exactamente por qué estaban siendo castigados. Les hacíamos saber que lo que habían hecho estaba mal hecho, pero que aún los amábamos.

Sé que no siempre les era fácil a nuestros niños aceptarlo, pero mantuve la costumbre de perdonarlos dándoles un fuerte abrazo después de haberlos castigado, una vez que se hubieran arrepentido sinceramente. A veces les costaba trabajo abrazarme después que habían sido justamente castigados, pero esta práctica siempre obró maravillas. También aprendimos a nunca recriminarlos por sus faltas anteriores. Las echábamos al olvido, tal como Dios perdona nuestros pecados.

Cuando usted tenga que castigar a sus hijos sea todo lo justo y razonable que le sea posible humanamente. Eso significa no castigar a sus hijos motivados por la ira y la frustración. . Recuerde, también, que su responsabilidad paterna incluye el comportamiento del niño en la iglesia, en la escuela y dondequiera que este vaya, al igual que en la casa.

Un psicólogo de niños de mucho renombre, el doctor James Dobson, ha dicho que el objetivo de la disciplina es: “… dar forma a la voluntad sin quebrantar el espíritu” (el sentido de autoestima del niño). Algo que Joyce nunca permitía era que nadie menoscabara la personalidad del niño o dijera cosas que destruyeran la imagen propia de este; ni que tampoco nadie le pusiera apodos ofensivos.

Más de una vez Joyce y yo hicimos grandes esfuerzos por asegurarnos de que nuestros niños fueran reconocidos adecuadamente cuando nos mudábamos a una nueva comunidad. Si nos enterábamos de que ellos eran objeto de desprecio debido a ser nuevos en la ciudad, lo que hacíamos era visitar a los padres de los implicados, o íbamos a la escuela a presentar nuestra queja. Insistíamos en que nuestros hijos fueran tratados por todos con dignidad y respeto. Gracias a Dios, esa actitud logró maravillas.

Cuando Joyce y yo criábamos a nuestros hijos, las escuelas públicas eran considerablemente mejores que hoy. Las condiciones varían de ciudad en ciudad y de escuela en escuela, pero muchos de los problemas que usted confronta al criar a sus hijos puede que tengan su origen en lo que está ocurriendo lejos del hogar.

Allá por los “buenos tiempos pasados” las ofensas de disciplina serias en las escuelas públicas implicaban cosas tales como usar goma de mascar, hablar en clases, correr por los pasillos y arrojar bolitas de papel masticado. Hoy, las escuelas públicas tienen que hacer frente a violaciones, robos, abuso de narcóticos y de alcohol, asaltos, hurtos, madres solteras, y mucho más.

En un libro titulado Globalism: America’s Demise (“Globalismo: La defunción de Estados Unidos”), William Bowen hijo cita a varias “autoridades” de la educación que dicen que cualquier niño que crea en Dios y (o) en la patria está mentalmente enfermo. Quizá la más extensa de esas citas se encuentra en las páginas 19 y 20, en las que Bowen cita un discurso dado por el doctor Pierce, de la Universidad de Harvard, cuando se dirigió a 2.000 maestros en Denver, Colorado, Estados Unidos. El doctor Pierce dijo en esa ocasión:

Cada niño en Estados Unidos que ingresa a la escuela a la edad de cinco años está mentalmente enfermo, debido a que entra en la escuela siendo leal a los oficiales electos, a las instituciones, a la conservación de nuestra forma de gobierno … al patriotismo, al nacionalismo, a la soberanía … Todo lo cual prueba que los niños están enfermos, debido a que el individuo verdaderamente sano es el que ha rechazado todas esas cosas y es lo que yo denomino el verdadero niño internacional del futuro.

Además, Bowen cita las palabras de Paul Brandwein tomadas de su libro: The Social Sciences (“Las ciencias sociales”), publicado por Harcourt Brace, cuando éste dice: “Todo niño que crea en Dios está mentalmente enfermo”, y Ashley Montagu dijo en una conferencia a 1.000 maestros en Anaheim, California que “la estructura familiar estadounidense produce niños mentalmente enfermos… Es evidente que las “enfermedades mentales” son una etiqueta aplicable a todos que los humanistas utilizan actualmente para estigmatizar a los que estén en desacuerdo con sus puntos de vista… ¡y luego dicen que los cristianos somos intolerantes!

Los padres cristianos necesitan estar conscientes de que el sistema escolar público está frecuentemente atareado intentando deshacer en la escuela gran parte de lo que los padres, con mucho trabajo, han enseñado en el hogar. A continuación se relacionan sólo algunas de las áreas conflictivas:

La enseñanza obligatoria de sexología -estando presente ambos sexos -que deberá comenzar a la tierna edad de preescolar promueve prácticas tales como la masturbación, las fantasías eróticas, los estilos de vida diferentes, y experimentos con la homosexualidad y otras perversiones sexuales. Además, en algunos distritos escolares se les da permiso a las alumnas para que salgan de la escuela a hacerse un aborto sin el conocimiento de sus padres.

La enseñanza de la “clarificación de los valores” (la cual a veces se enseña como una asignatura independiente, aunque otras veces puede que se incluya en el material de las asignaturas más tradicionales) expone a los alumnos al contagio de la doctrina demoniaca de que no existen valores morales absolutos, ni hay una norma independiente (tal como la Palabra de Dios) por medio de la cual puedan juzgarse las acciones de los hombres.

En muchas aulas de las escuelas públicas se llevan a cabo sesiones de meditación trascendental, de imaginación guiada, del juego de Dungeons and Dragons (“Calabozos y dragones”) y muchas otras prácticas de ocultismo.

En las clases de ciencia se enseña la teoría de la evolución como un hecho fehaciente, y se considera un mito la historia de la creación según Génesis.

Se les enseña el humanismo a los alumnos, más bien que las creencias bíblicas. Se les enseña la centralidad del hombre, más bien que la de Dios. Que es el hombre, más bien que Dios, el que constituye la autoridad suprema. Que el hombre es un producto de la evolución, más bien que una criatura de Dios. Que la moralidad es algo fabricado por el hombre, más bien que determinado por Dios. Que la salvación se obtiene mediante la ciencia del hombre, más bien que por medio del sacrificio de Dios. Si los padres se manifiestan en desacuerdo con lo que enseña la escuela, se orienta a los estudiantes a que no les presten atención a las creencias “pasadas de moda” de sus padres.

Muchos padres cristianos necesitan dejar de culparse por la manera en que han salido sus hijos y deben culpar al verdadero responsable: el sistema de instrucción pública. Con cosas como las que están ocurriendo en las escuelas, no en balde los padres cristianos están confrontando días difíciles. Más que nunca antes muchos padres cristianos piden oración y consejo para lidiar con los monstruos que las escuelas públicas han estado convirtiendo a sus hijos.

Tengo buenas noticias para los padres cristianos: Todo no está perdido. Ahora, como siempre, repetiré que la oración es el ingrediente más importante en la crianza del niño. Ciertamente es importante enseñarles los caminos de Dios a los hijos, tener diariamente el altar familiar y la lectura de la Biblia. Pero igualmente es esencial en tiempos como éstos rodear a nuestros hijos de oración e intercesión.

La oración ha salvado a muchos que ni siquiera se criaron en un hogar cristiano: ¡piense usted cuánto más eficaz ha de ser la intercesión de un padre creyente con un niño criado en los caminos de Dios!

Sumerja a sus hijos en oración. Crea que Dios los guardará. Pídale a Dios que le muestre qué puede permitir y qué debe prohibir. Pídale que le muestre cuándo necesita usted interceder. Pídale a El sabiduría para cumplir con su responsabilidad paterna. Mantenga usted el orden bíblico en su hogar. Reclame las promesas de Dios relativas a la salvación de sus hijos. Por encima de todo lo demás, recuerde que cuando ya usted no pueda más, Dios sí puede.

Textos bíblicos que bendecirán a su familia
He aquí algunas promesas que puede usted reclamar en favor de sus hijos:
“Instruye al niño en su camino, y aun cuando I fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).
“Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma” (Proverbios 20:17).
“Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos” (Isaías 54:13).
“Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre” (Isaías 59:21).
“Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).

“Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Salmo 37:4,5).

Y he aquí varios textos bíblicos que cada padre debe aprenderse de memoria:

“Y amarás al Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuanto te levantes” (Deuteronomio 6:5-7).
“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24).
“Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo” (Proverbios 19:18).
“La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él” (Proverbios 22: 15).
“No provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).
“Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tito 2:4).
“Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos” (Isaías 3:10).
“Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir” (Isaías 48:17).
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su… Justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”

(Mateo 6:33).
“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).
“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

 

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