APROVECHAR LA BIBLIA: 7. ¿QUÉ OCURRE SI FRACASO EN EL INTENTO DE APLICAR UNA AFIRMACIÓN BÍBLICA?

“Desechando toda malicia y engaño” (1 Ped. 2:1). Puedes haber intentado conseguir esto por algún tiempo, pero te das cuenta de que aún engañas y eres malicioso. Eso te ayudará a comprender lo siguiente:

El cambio es un proceso. A lo largo de los años te hiciste el hábito de engañar para protegerte de heridas y conseguir lo que deseabas. Le tomará algún tiempo a Dios desarraigar y sustituir dichos hábitos de tu vida.

Deja que Dios controle el proceso. Tu viejo “Yo” fue crucificado con Cristo cuando lo aceptaste como tu Señor. Pero tu naturaleza pecaminosa lucha por vivir y por permanecer en control. La naturaleza pecaminosa estimula los hábitos tales como la malicia y el engaño que Dios quiere desarraigar; sin embargo, cuando intentas por ti mismo y con todas tus fuerzas romper con esos hábitos. tu naturaleza pecaminosa puede, en ocasiones, cooperar dándote una malicia superficial con tal de mantener el control profundo de tu vida. Pero Dios no está tan interesado en cambiar este o aquel hábito en tu vida como de asumir el control total de tu vida, matando tu vieja naturaleza, estableciendo un nuevo fundamento y reconstruyéndote totalmente. Cuando intentas con todas tus fuerzas deshacerte de un mal hábito y fracasas. Dios permite que ese fracaso te conduzca a una mayor dependencia de él; pídele que te haga más amante y honesto, pero mucho más que eso, anhela que él te haga morir para hacerte de nuevo a su imagen.

Deja que Dios llegue a la raíz de tus hábitos.


Ningún árbol bueno da fruto malo; tampoco da buen fruto el árbol malo. A cada árbol se le reconoce por su propio fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas. El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca (Luc. 6:43-45).

Si tienes un mal fruto en tu vida, puedes estar seguro de que está creciendo de una mala raíz que hay en tu corazón.
Tu conducta engañosa puede estar arraigada en un juicio del corazón en el sentido que la gente rechazará tu verdadero yo, de una ira en el corazón contra aquellos que antes te han rechazado, o de un compromiso de corazón para conseguir lo que deseas sin importarte cuánto puedas afectar a otros. No vayas cavando en tu corazón tratando de encontrar la raíz de tu pecado (eres tú quien de nuevo quieres mantener el control, y lo más probable es que te hagas más daño que bien). En vez de ello, al estudiar la Biblia, orar y hablar con otros creyentes, deja que sea el mismo Dios quien te revele esas raíces. Cuando él te convenza, serás capaz de ver y rechazar tu pecado en toda su fealdad.

Perdonar a otros es decisivo. En la raíz de muchas de nuestras malas conductas encontramos el rechazo a perdonar a quienes nos han herido. Hemos respondido a la herida con amargura y la resolución a protegernos de nuevas heridas. Pero cuando nos negamos a perdonar, construimos un muro que impide que Dios nos perdone y cambie (Mat. 5:14, 15; 7:1-5). La única manera de obtener rasgos como amor, gozo y paz es decidirnos a perdonar a aquellos que nos han dañado. Esto presupone que el Dios amante es más importante para nosotros que permanecer en la amargura; que amar a otros es más importante que no herir y que confiamos en que Dios nos cuidará cuando nos hieran.

Conocer al Padre es decisivo. La raíz de muchas malas conductas yace en el deseo de ser alimentados. Todos anhelamos ser amados, valorados y respetados, y nadie ha tenido padres perfectos. Hemos buscado nuestro alimento en fuentes equivocadas: sexo, dinero, comida, posesiones, trabajo, drogas, posición, alcohol. La única forma de liberarnos de estas falsas fuentes de alimentación es:

?Reconocer lo que son: pan podrido y agua contaminada;
?buscar a Dios como la fuente del verdadero pan (Juan 6:35-39) y de agua viva (Juan 4:10). El Espíritu en nosotros clamar “Abba, Padre”. Abba significa “Papito Necesitamos acercarnos a nuestro “Papá” con la pasión de una profunda hambre y sed por el alimento que solo él puede darnos.

Si necesitas ayuda, consíguela. Es raro que podamos abandonar, sin ayuda, nuestros malos hábitos y entregárselos al Padre. Si estás luchando contra una tentación o impulso del que no puedes deshacerte (sexo ilícito, drogas, alcohol, ira, depresión, exceso de trabajo, etc.), acude a otro cristiano en quien confíes. Las oraciones y el consejo de un amigo pueden ser suficientes para ayudarte a abrazar al Padre cuando tu carne desea regresar al mal hábito. Si no cuentas con un amigo suficientemente maduro para ayudarte, o si el problema es mayor de lo que tu amigo puede manejar, no dudes en buscar el consejo cristiano profesional.

Fuente: Guía de bolsillo para la vida cristiana -K.C. Hinckley, compilador

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