ALIMENTO PARA EL AMOR CONYUGAL

ALIMENTO PARA EL AMOR CONYUGAL

EL SIGNO Y ALIMENTO PARA EL AMOR CONYUGAL SIN LÍMITES

“Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre”” (Juan 6, 53-58).

Reflexión

Congregando semanalmente a los cristianos como familia de Dios entorno a la mesa de la Palabra y del Pan de vida, es también el antídoto más natural contra la dispersión. Es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente. El deber de santificación de la familia cristiana tiene su primera raíz en el bautismo que está íntimamente unido el matrimonio cristiano.

En efecto, el sacrificio del amor de Cristo para con su Iglesia, fue sellada con su sangre en la cruz (Juan 19, 34). Y en este sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza los cónyuges cristianos encuentran la raíz de la que brota, que configura interiormente y vivifica desde dentro, su alianza conyugal. En el amor la familia cristiana, halla el fundamento y el alma de su “comunión” y de su “misión”; además, la participación en el Cuerpo “entregado” y en la Sangre “derramada” de Cristo se hace fuente inagotable del dinamismo apostólico de la familia cristiana.

Cristo mismo es como alimento y bebida, como fuente de poder salvífico para nosotros. Nos lo ha dejado para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia (Juan 10, 10): la vida que tiene él y que nos ha transmitido con el don del Espíritu, resucitando al tercer día después de la muerte. Es efectivamente para nosotros la vida que procede de él. Cristo está cerca. Y todavía más, él es el Emmanuel, Dios con nosotros. Puede suceder que, como en Emaús, se le reconozca solamente en la “fracción del pan” (Luc. 24, 35). A veces también él está durante mucho tiempo ante la puerta y llama, esperando que la puerta se abra para poder entrar y cenar con nosotros (Apoc. 3, 20). Su última cena y sus palabras pronunciadas entonces conservan toda la fuerza y la sabiduría del sacrificio de la cruz. No existe otra fuerza ni otra sabiduría por medio de las cuales podamos salvarnos y podamos contribuir a salvar a los demás. No hay otra fuerza ni otra sabiduría mediante las cuales vosotros, padres, podáis educar a vuestros hijos y también a vosotros mismos.

Sobre nosotros enabundancia

Aquí publicamos Estudios Bíblicos, Reflexiones Cristianas con el propósito de ayudar a toda la comunidad Cristiana para que juntos llevemos el mensaje de Dios a las naciones con más amplitud y efectividad el Evangelio del Reino.

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