Al Dios que Escucha

Oh Querido Dios,
hoy sentí el poderío de mi enojo.

Sigo estando aprisionado por sentimientos violentos y hostiles
hacia la gente que no ha hecho lo que me ha prometido, y,
en mi mente, sigo creando discursos airados y reproches vengativos.

Aunque sigo tratando de dirigirme hacia ti,
no encuentro ninguna forma de salir de estos sentimentos.

Constantemente me encuentro en el centro de mi ira
y no puedo hacer otra cosa que presentarte mi furia.


Tomé conciencia de cómo mi ira reveló el grado hasta el cual
todavía pertenezco a este mundo
y a sus promesas y recompensas.

Incluso me di cuenta de que no hay proporción entre mi disturbio interior
y los incidentes externos que lo disparan.
Pero no puede deshacerme de mi enojo.

Me humillo ante ti, Señor,
consciente de cuánto dependo de tu gracia,
para llegar a la mansedumbre y a la gentileza de corazón que deseo.

Ahora me siento más calmo,
especialmente después de escribir algunos de mis sentimientos
de enojo.

Pero, Señor, no me pongas a prueba muy a menudo.
Quiero sentir menos enojo y más tu dulzura y amor.
Dame paz para mi corazón. Amén.

Henri Nouwen

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