Al Dios de los Brazos Eternos

Señor, hay nubes en el horizonte.
El mar está agitado.
Tengo miedo.

El recelo me paraliza la sangre.
Manos invisibles me tiran hacia atrás.
No me atrevo.

Una bandada de oscuras aves
está cruzando el firmamento.
¿Qué será?

Dios mío, di a mi alma:
Yo soy tu Victoria.

Repite a mis entrañas:
no temas yo estoy contigo.

Ignacio Larrañaga

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