A la puerta del Señor toco

Señor, a tu puerta yo toco
y a tu tesoro invoco piedad.
Soy un pecador que, por muchos años,
abandonó tu camino.
Concédeme confesar mis pecados,
huir de ellos y vivir en tu gracia.
¿No es acaso la puerta de quien tocamos,
Señor misericordioso, la tuya?

¿Quién nos sostendrá en nuestras caídas,
si tu misericordia no intercede junto a ti,
Oh rey ante cuya majestad
se postran también los reyes?

Padre, Hijo y Espíritu Santo,
sé para nosotros una ciudad fortificada,
un refugio contra los perversos que nos combaten
y contra sus potencias.
Protégenos a la sombra de tus misericordias,
cuando los buenos sean separados de los malos.

Que el canto de nuestra oración
sea una llave que abra la puerta del cielo;
y que en sus filas los arcángeles digan entre sí:
¡cómo debe ser de dulce el canto de los humanos
para que el Señor atienda tan pronto
a sus invocaciones!

Tomado de: Equipo Teyocoyani. Al encuentro con Dios, Oraciones para la vida cristiana. Recopilación y Prólogo de José Argüello

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