Teología Concisa – J I Packer

Teología Concisa

Teología Concisa – J I Packer

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Contenido

PRIMERA PARTE:
DIOS REVELADO COMO CREADOR

SEGUNDA PARTE:
DIOS REVELADO COMO REDENTOR

TERCERA PARTE:
DIOS REVELADO COMO SEÑOR DE LA GRACIA

CUARTA PARTE:
DIOS REVELADO COMO SEÑOR DEL DESTINO

Prefacio
ESTA OBRA PRESENTA EN BREVE ESPACIO aquellas cosas que a mi entender son los puntos esenciales y permanentes del cristianismo, vistos al mismo tiempo como un sistema de creencias y como una forma de vida. Otros tendrán ideas diferentes sobre la forma en que se debería perfilar el cristianismo, pero ésta es la mía. Es reformada y evan gélica, y como tal, sostengo que es histórica y clásica dentro de la corriente central del cristianismo.

Esta información, que fue planificada en primer lugar para una Biblia de estudio y que ahora ha sido revisada, tiene un contenido bíblico intencional y, como otros de mis escritos, está salpicada de textos que se deben buscar. Propongo que es así como debe ser, porque para el cristianismo resulta básico recibir las enseñanzas bíblicas como instrucciones dadas por Dios, que proceden, tal como señalara Calvino, de su misma boca santa, por vía de agentes humanos. Si ciertamente las Escrituras son Dios mismo predicando y enseñando, como siempre ha sostenido el gran cuerpo de la iglesia, entonces el primer distintivo de la
buena teología es que busca hacerse eco de la Palabra divina con toda la fidelidad de la que es capaz.

La teología es en primer lugar la actividad de pensar y hablar acerca de Dios (teologizar), y en segundo, el producto de dicha actividad (la teología de Lutero, o de Wesley, o de Finney, o de Wimber, o de Packer, o de quien sea). Como actividad, la teología es toda una urdimbre de disciplinas relacionadas entre sí, aunque distintas: la aclaración de textos (exégesis), la síntesis de lo que dicen sobre los temas que tratan (teología bíblica), el estudio de la forma en que se ha
[p x] expresado la fe en el pasado (teología histórica), su formulación para el día de hoy (teología sistemática), el descubrimiento de sus implicaciones en cuanto a la conducta (ética), su elogio y defensa como verdad y sabiduría (apologética), la definición de la tarea cristiana en el mundo (misionología), la acumulación de recursos para la vida en Cristo (espiritualidad) y la adoración corporativa (liturgia), y la exploración del ministerio (teología práctica). Los próximos capítulos, aunque esquemáticos, se adentran en todos estos aspectos.
Recordando que el Señor Jesucristo no llamó jirafas, sino ovejas a aquéllos que Él quería alimentar, he tratado de mantener las cosas dentro de la mayor sencillez posible. Alguien le dijo en cierta ocasión al arzobispo William Temple que él había hecho muy sencilla una cuestión compleja; él se sintió encantado y dijo de inmediato: ?Señor, tú que me hiciste sencillo, hazme más sencillo aún?. Me identifico con Temple, y he tratado de mantener mi cabeza en sintonía con estos sentimientos.

Tal como les digo con frecuencia a mis estudiantes, la teología es para la doxología y la consagración; esto es, para alabar a Dios y practicar la santidad. Por consiguiente, se la debe presentar de tal forma que nos haga conscientes de la presencia divina. La teología se halla en su momento más sano cuando se halla conscientemente bajo el ojo del Dios de quien habla, y cuando está cantando para su gloria. Esto también lo he tratado de tener presente.

Estos cortos estudios de grandes temas me parecen, ahora que los he hecho, como los viajes relámpago por Inglaterra que las compañías emprendedoras de autobuses organizan para los visitantes de Estados Unidos (quince minutos en Stonehenge, dos horas en Oxford, teatro y noche en Stratford, hora y media en York, una tarde en el Distrito Lake… ¡vaya!). Cada uno de los capítulos no es más que una nota esquemática. Con todo, me atrevo a tener la esperanza de que mi material tan comprimido, ?empacado por Packer? como está, se pueda expandir en la mente de los lectores para levantar su [p xi] corazón hacia Dios, de la misma forma que una forma diferente de aire caliente levanta a los globos y sus pasajeros hacia el cielo. Ya veremos.

La frecuencia con que cito la Confesión de Westminster podrá molestar a algunos, puesto que soy anglicano, y no presbiteriano. Sin embargo, puesto que esta Confesión fue hecha con la intención de ampliar los Treinta y nueve Artículos, y la mayoría de los que le dieron forma eran clérigos anglicanos, y puesto que es algo así como una obra maestra, ?el fruto más maduro de la redacción de credos en la Reforma?, tal como la llamara B. B. Warfield, creo que tengo derecho a valorarla como parte de mi herencia anglicana reformada, y usarla como uno de mis principales recursos.

Reconozco con agradecimiento la mano escondida de mi tan admirado amigo R. C. Sproul, de quien procede la idea que fue el germen de varios de estos esquemas. Aunque difieran nuestros estilos, pensamos de manera muy semejante, y hemos cooperado felizmente en una serie de proyectos. He descubierto que a veces nos llaman ?la mafia reformada?, pero las palabras duras no rompen huesos, y seguimos adelante.

También les debo dar las gracias a Wendell Hawley, mi editor, y LaVonne Neff, mi correctora de estilo, por su colaboración y paciencia de muchas formas. Trabajar con ellos ha sido un privilegio y un placer.

J. I. PACKER

Sobre nosotros enabundancia

Aquí publicamos Estudios Bíblicos, Reflexiones Cristianas con el propósito de ayudar a toda la comunidad Cristiana para que juntos llevemos el mensaje de Dios a las naciones con más amplitud y efectividad el Evangelio del Reino.

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